Vivimos en tiempos inciertos

30/01/2020

Vivimos una era de turbulencias, tensiones, desilusiones y desconciertos. Parece como si el ser humano necesitase entrar, cada cierto tiempo, en este tipo de fases.

Esperemos que podamos seguir adelante. Lo que es cierto (y los ejemplos están en la mente de todos) es que vivimos en un contexto en el que están profundizándose las tensiones políticas y sociales y en el que las relaciones internacionales son un marasmo difícilmente controlable.

Paralelamente el desarrollo de la tecnología, la robotización y la inteligencia artificial están cuestionando los fundamentos de nuestra sociedad en términos de nivel de vida, desigualdad, seguridad y privacidad. La consultora Evercom www.evercom.es basándose en los análisis realizados en el pasado foro de Davos 2019 (creo que tiene interés que lo analicemos ahora que se acaba de celebrar el foro de este año) formuló una serie de hipótesis y recomendaciones para enfrentarnos con éxito a este nuevo contexto.

Unas hipótesis que están fundadas en dos elementos claves que los ‘líderes’ deberían de tomar en consideración. El primero: el ritmo acelerado del cambio hace que sea prácticamente imposible planificar con antelación, mientras que el segundo es: la interdependencia de los sistemas financieros y comerciales y de suministro indica que incluso los problemas locales pueden llegar a tener implicaciones globales.


Estamos en una contradicción claramente humana ya que mientras que nunca hemos sido capaces de estar tan interconectados, ni hemos sido tan globales, la falta de entendimiento global es una realidad inapelable. 


Volviendo a las hipotesis aquí están formuladas y reelaboradas según mi propio criterio.

El poder de la palabra en un momento de pérdida del liderazgo.

Liderar una organización es, en buena medida, saber comunicar, distinguir los matices en un discurso. Por ello es imprescindible que el ‘lider’ domine el uso del lenguaje y sea un buen comunicador. La falta de preparación, por el contrario, puede empujar a una pérdida de credibilidad y de liderazgo que, a fin de cuentas, tendrá un efecto pernicioso en la imagen de la empresa.

Transformación digital y capacidad de adaptación.

Hoy ya nadie pone en duda que la disrupción tecnológica va a suponer cambios decisivos en las organizaciones. Los ‘líderes’ deben abanderar las nuevas formas de gestión con el objetivo de que actúen como motores del cambio y no supongan una rémora. Es necesario que los directivos se formen e inviertan tiempo (y dinero) en los nuevos retos tecnológicos., deben ser capaces de desarrollar su flexibilidad para adaptarse mejor a los cambios de un mundo volátil y en permanente evolución. Los nuevos modelos de negocio se basan cada vez más en la creación de redes informales, la colaboración en masa y “ecosistemas” que traspasan las fronteras de la organización.

Crear y retener el talento.

La reputación corporativa de una organización es clave para atraer y retener al talento. Para ello han de ser capaces de alimentar y construir una cultura favorable al aprendizaje y que permita el desarrollo personal y profesional de los colaboradores. Que éstos puedan reciclarse continuamente se convierta en el elemento clave de las políticas de gestión de personas. Es necesario que establezcamos criterios de liderazgo que vayan más allá de los límites de su propia organización y construir valor para la comunidad.

Contar con un buen equipo.

Son muchas las cualidades esenciales para describir a un buen líder: empático, transparente, comunicativo, implicado… Sin embargo, estas virtudes se quedan cojas si no se cuenta con un buen equipo de colaboradores. El llamado “liderazgo colaborativo” se ejerce desde el poder personal y la credibilidad del directivo, y descansa en cualidades como la pasión, la constancia, la autoconfianza y la capacidad de decisión.

Asumir los principios de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC).

Los ‘líderes’ que descuidan que toda actividad empresarial u organizativa ha de desarrollarse en un entorno de responsabilidad ambiental y social están dirigiéndose al fracaso personal y organizativo.

Recordemos las palabras del fundador del Foro de Davos Klaus Schwab “Si esta nueva era va a mejorar la condición humana dependerá de si la gobernanza corporativa, local, nacional e internacional se puede adaptar a tiempo a estos sucesos (…) Si esto falla, la continua desintegración de nuestro tejido social podría, en última instancia, provocar el colapso de la democracia

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