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Una reflexión sobre el sindicalismo
Al margen de cuestiones coyunturales relacionadas con las posibles reacciones sindicales a las medidas de recorte social anunciadas por el ejecutivo esta misma semana, creo que resulta conveniente introducir en este momento algunas reflexiones sobre la situación del sindicalismo en España y la necesidad de adaptación que necesita desarrollar a la nueva situación social y económica impactada por la crisis que estamos viviendo y en la que parece vamos a seguir durante un largo periodo.
Durante los últimos años se ha producido un doble fenómeno: Por una parte una serie de cambios estructurales han minado las bases del sindicalismo, por otra éstos se han convertido cada vez más necesarios para defender un modelo económico, el modelo social europeo. Han traspasado, por tanto, el ámbito de la empresa, de la defensa de los intereses de los trabajadores en el centro de trabajo, para convertirse en un ente más cuyo encaje social no se ciñe a este hecho, sino que influye en la realidad social en muchos ámbitos: educación, justicia social, política industrial, etc.
Los cambios en los perfiles demográficos y de la población activa, los nuevos sectores de crecimiento del empleo, la individualización de las relaciones laborales, etc hacen perder peso en el seno de las empresas y las organizaciones al fenómeno sindical. Mientras tanto la afiliación sindical esta bajando todavía más, se concentra en los sectores de la función pública y parapública, y mientras tanto persisten importantes capas laborales sin nula representación sindical: los jóvenes, trabajadores temporales, desempleados, autónomos dependientes etc. Somos muchos los que no hacemos más que constatar la incapacidad para gestionar estos fenómenos por parte de las actuales organizaciones sindicales.
En este entorno resulta obligado preguntarse hasta que punto las organizaciones sindicales en general y las que existen en España tienen la motivación, la capacidad y el deseo para superar o mitigar la fragmentación cada vez más evidente en el mercado de trabajo, introducirse en los sectores “marginales” e incrementar su presencia en las mismas.
Resulta evidentemente contradictorio que se hable de “entidades más representativas”, que se les otorgue la capacidad para negociar sobre amplios asuntos –inclusive fuera del ámbito de lo que denominaríamos lo laboral- y que al mismo tiempo sean como instituciones cada vez más pequeñas, endogámicas e integradas en un sistema del que obtienen sus recursos y su protagonismo social.
En este contexto las organizaciones sindicales, como estamos constatando en esta situación de crisis, y a pesar de las razones que hubiesen tenido para plantear reivindicaciones y protestas han optado por reforzar si cabe su posición institucional, dejando de lado movimientos y protestas que, aunque probablemente no apropiadas, hubieran sido claramente utilizadas 10 años atrás.
El coste fundamental de esta estrategia es evidente: Las organizaciones sindicales tienen hoy, excepto en las grandes empresas, los sectores públicos y parapúblicos, y en algunos sectores determinados una presencia muy pequeña. Es como el gato que se come la cola. Desde el momento que las organizaciones sindicales refuerzan su papel institucional pierden su peso en los centros de trabajo, no asumen la representación de determinadas capas de trabajadores, y pierden afiliación. Este peso institucional, es en opinión de muchos expertos, la causa fundamental de que el sindicalismo (excepto en las fases electorales o cuando se plantea un proceso de reestructuración) no dediquen hoy el tiempo ni los recursos necesarios para el desarrollo y la reubicación de su presencia en los centros de trabajo.
Seria posible plantearse si esta baja tasa de afiliación es consecuencia de la baja presencia del sindicalismo en los centros de trabajo o de las actitudes supuestamente negativas de los sectores sin incidencia sindical….. en todo caso la baja representatividad es evidente. Y de ahi otro debate que parecía obsoleto pero que resurge de nuevo en el sentido de cúal es el ámbito a potenciar: el comite de empresa o la sección sindical.
El problema hoy del sindicalismo en España, en mi opinión que considero compartida por muchos expertos y probablemente también por muchos líderes sindicales, es el de arbitrar soluciones que les permitan encontrar, dar respuesta y ponerse al frente de: las crecientes y diversas clases de trabajadores, la problemática de la dualidad del mercado de trabajo entre trabajadores fijos y temporales, los nuevos sistemas de trabajo (en casa, trabajo a tiempo parcia, etc), los sistemas de prevención y de reducción de los accidentes de trabajo, la plaga del absentismo laboral, etc corren el riesgo de quedarse en “organizaciones cúpula” con un peso institucional importante pero a la vez sin la capacidad de representar y liderar a los trabajadores de este país, con lo que terminarán adquiriendo un rol de superestructura y ser superados por una realidad social a las que no son capaces de dar respuesta.




