Un decálogo para emprendedores

Hay mucho escrito sobre emprendedores y la actividad de emprendimiento. No quiero cansaros pero me parece interesante aportar algunas ideas a este debate.

No lo intentes. Hazlo.

Convierte en negocio lo que ya haces. ¡Sabes! Si estás trabajando por cuenta ajena, estudiando, haciendo las labores del hogar o dedicado a tus aficiones, posiblemente te darás cuenta que algunas de esas actividades personales o profesionales son susceptibles de convertirse en negocios o en servicios. Cuando pienses en emprender piensa en la posibilidad de desarrollar iniciativas locales y cotidianas.

Dedica a tu proyecto el 100% de tu tiempo.

Emprender es un proceso que te exigirá el 150% de tu tiempo. Pero la mayor parte de las iniciativas se originan y desarrollan de forma gradual. Una persona que estudia oposiciones para convertirse en profesor de educación secundaria puede a la vez analizar las posibilidades de crear su propio centro de formación. Con una sola hora a la semana es más que probable que en menos de un año haya diseñado un plan de negocio estructurado. Tal vez en un futuro próximo, el proyecto requiera inversión importante y mucho tiempo, pero no ahora.En un mundo como el actual y con una débil cultura para la iniciativa, a veces emprender puede ser muy duro. Emprender no puede ser un plan B ha de ser tu “alternativa”.

Reduce los riesgos.

Un fontanero que trabaja “para un jefe” puede ir planificando trabajar para sus propios clientes; o una persona que trabaja en el ámbito de la limpieza por horas, podría pensar en montar alguna iniciativa en colaboración con otras profesionales de ese campo. Al iniciar el proyecto es bueno reducir los riesgos aunque toma nota de que emprender no es algo complementario al trabajo por cuenta ajena.

Lo que se aprende cuando se emprende, es que se puede emprender.

Apostar por uno mismo es la única apuesta segura”. Intentar montar un negocio y que tenga un éxito razonable es mucho más probable que aprobar unas oposiciones. Otra cosa es que lo segundo tenga el apoyo familiar y lo primero no esté motivado por la educación ni por los valores predominantes. En todo caso, tal vez te ayude esta reflexión a hacerte consciente de tus posibilidades.

Las ideas no mueren, pero sí la inspiración: actúa hoy mismo.  

Ponte en marcha. Un emprendedor me comentaba recientemente que desde que inició su negocio hace un año habían cambiado el proyecto numerosas veces. Tú empieza, y luego ya veremos. Ni que decir tiene que eso de actuar hoy tiene también mucho que ver con la voluntad y con la motivación (y también con los miedos). Muchas veces ya sabemos lo que tenemos y lo que podemos hacer, lo que pasa es que no lo hacemos. Ni lo intentamos.

Construye tu proyecto sobre algo básico que luego ya podrás mejorar.  

Tal vez tu objetivo sea montar una peluquería o un centro de estética de lujo, pero para alcanzar ese ideal nada mejor que ponerse a ello, por ejemplo, haciendo servicios a domicilio entre tu círculo de relaciones. Probablemente no es “tu ideal” pero así podrás adquirir la experiencia y una primera base de clientes para concretar tu proyecto. A menudo ser perfeccionista no es más que una excusa para no hacer, para no empezar.

Ningún proyecto puede iniciarse sin un “colchón financiero”.

Carlos Blanco @carlosblanco afirma “si no puedes convencer a tus padres,¿a quien esperas convencer?” Es curioso cómo la familia está mucho más dispuesta a financiarnos compras, actividades y servicios (que a dar apoyo a un proyecto empresarial). El -actúa hoy mismo- y -construye algo básico- se complementan muy bien con -pide un poco para empezar-”.

El mercado nunca está “preparado”

Esta reflexión de Julio Alonso @julioalonso nos muestra que la experimentación es la mejor fuente de conocimiento. Internet es un campo de pruebas muy barato para poner a prueba proyectos tecnológicos de bajo coste, y para medir la opinión de miles de personas acerca de nuestras ideas de negocio. Termino la reflexión “hasta que alguien demuestra que sí y los demás ponen cara de tontos”.

Si no ganas lo que vales, ¡emprende!

Podemos quejarnos de salarios mileuristas, en el mejor de los casos, y no hacer nada, pero también podemos considerar el emprendimiento como una alternativa complementaria para mejorar nuestra situación profesional a medio y largo plazos. Ya sabes, aquello de que te sientas como te sientas, haz lo que debas. Si trabajas como programador por cuenta ajena por 20.000 euros al año, tal vez descubras que tus ingresos se podrían multiplicar si vendieras tus servicios profesionales a diversos clientes. Atrévete a descubrir lo que vales.

Maldecir nuestra suerte es compatible con intentar mejorarla. 

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