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¿Hasta cuando?

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¿Hasta cuando?

Tras las recientes medidas de reforma laboral impulsadas por el ejecutivo, la huelga general y los presupuestos se ha producido un incremento del pesimismo en nuestro país sobre la salida de la crisis y sobre si tales medidas conseguirán favorecer el cambio de ciclo en las perspectivas económicas.

Sigue existiendo, mientras tanto, un amplio consenso en que más allá de la necesidad de un crecimiento relevante en términos de PIB para que se produzca un cambio de tendencia en la destrucción de empleo. Paralelamente, al margen del crecimiento de la actividad económica, no podemos olvidarnos que  vamos a tener que enfrentarnos a un segundo problema como es el de encontrar una alternativa razonable para este 10% (de nuestro PIB) que representaba, de más, el sector “del ladrillo” frente a su peso en el resto del mundo más desarrollado.

Este diferencia, que por otra parte explica el crecimiento del empleo en nuestro país vivido en el periodo 2000-2006, se fundó básicamente en la atracción de personas inmigrantes que se instalaron entre nosotros, y que son ahora, los que viven con más dureza la situación de desempleo. Unas personas que están instaladas entre nosotros, y a las que de forma masiva nos va a resultar muy complicado, lo está resultando ya, incentivar el retorno a sus países de origen.

Si a todo ello le unimos la propia dinámica de restricciones presupuestarias en la mayoría de nuestras administraciones, empezando por las del ámbito local, que hace que determinadas coberturas o determinados servicios sean muy difíciles de mantener y claro está de impulsar, el panorama resulta claramente desalentador.

Como ya he mencionado en mensajes anteriores en este mismo blog no soy, ni quiero ser pesimista. De hecho creo que el pesimismo no forma parte de mi ADN y formar parte del conjunto de personas que consideramos que eran necesarias reformas legales en el mercado de trabajo, pero que al mismo tiempo estamos convencidos que tales reformas (a corto plazo) no van a cumplir sus objetivos si no desarrollamos e implantamos iniciativas de cambio cultural y educativo (a largo). Sin una revisión de algunos de nuestros parámetros sociales y culturales la salida de la crisis va a resultar mucho más difícil por no decir imposible.

¿Durante cuando tiempo podemos vivir sin conflictos sociales?, ¿Por cuánto tiempo vamos a permitir que en algunas zonas de nuestro país 1 de cada 4 personas en edad de trabajar estén en permanente situación de desempleo? ¿Durante cuanto tiempo vamos a poder mantener el sistema de coberturas sociales que hemos puesto en marcha?, etc, Todas ellas son cuestiones que, necesitamos resolver de forma más o menos inmediata, si no queremos, como afirmaba en una reciente entrada en mi blog, dejar a las generaciones futuras un mundo, un entorno peor al que nosotros hemos vivido.

Son cuestiones a las que es necesario responderse. Porque aunque el mantenimiento de una cobertura social mínima sea importante no estoy convencido ni comparto la idea de que podamos resolver nuestros problemas únicamente con una red de coberturas sociales, si no somos capaces de generar riqueza y por tanto empleo.

De igual forma me resisto a aceptar que el problema del empleo se resuelva con incrementos en el volumen de contrataciones en el conjunto de nuestra administración pública. Probablemente todo lo contrario. Es necesario racionalizar y o reducir la cantidad de recursos que destinamos a la administración común, evitar duplicidades, etc  y esto pasa, necesariamente, por reducciones en los volúmenes de empleo.

Más allá de las cuestiones macroeconómicas a medio y largo plazo es necesario actuar desde la perspectiva micro y a corto poniendo nuestro grano de arena para que no se produzca o como mínimo no se consolide una crisis real en el ámbito de las organizaciones sociales no gubernamentales. De hecho todos conocemos organizaciones que ya han desaparecido y sabemos de muchas que están pasando por grandes dificultades. Es en este marco en el que creo que es necesario exigir y demandar el establecimiento de una nueva dinámica de colaboración entre el mundo social y el mundo empresarial y organizativo-

Esta colaboración debe de fundarse en el principio de Responsabilidad vinculada a Resultados que no es más que el modelo o la visión que subyace en el proyecto de empresa de Alius Modus.


Talento, Esfuerzo y Responsabilidad.

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Talento, Esfuerzo y Responsabilidad.

Como otros muchos ciudadanos de este país venimos asistiendo, desde hace algunos años, a los excelentes resultados conseguidos por nuestros jóvenes deportistas, en especialidades como el tenis, ciclismo, futbol, baloncesto-, etc. Por cierto constatamos además el hecho de que hemos conseguido posiciones relevantes y de liderazgo tanto en entornos individuales como en los de equipo.

Parece que poco a poco estamos tomando, en materia deportiva, una posición en el mundo, que ya quisiéramos en materia económica. Somos muchos los que nos gustaría tener en otros ámbitos (desarrollo, innovación etc) el mismo peso que hoy tenemos en el marco del deporte mundial.

Creo que los excelentes resultados del barça y la selección en futbol o de  la selección de básquet, por poner ejemplos de deportes de equipo, son consecuencia de la conjunción de varios factores. De una parte del talento de nuestros jóvenes (sin talento nada es posible, evidentemente), de otra de haber sabido diseñar una estructura de incentivos (económicos y de otro tipo) adecuados para potenciarlo. Por último también ha influido el hecho de haber sabido encontrar un entorno adecuado para que este talento se manifestase a través de la primacía del equipo sobre las individualidades.

Pienso que en ello tienen mucho que ver la capacidad personal de los entrenadores que han sabido generar este tipo de dinámicas, pero también un estilo de deportistas en los que pongo como referencia a Casillas, Cesc, los hermanos Gasol, Iniesta, Cesc, Messi, o Rafa Nadal en los que el talento y el protagonismo personal se pone cuando es necesario a disposición del equipo o del conjunto.

Aunque como siempre hay situaciones en las cuales parece que resulta más fácil gestionar el mismo talento que en otras creo que, en general, deberíamos aprender en el mundo de las organizaciones mucho de lo que nuestros jóvenes deportistas son capaces de hacen cuando juntamos: talento, responsabilidad, esfuerzo y motivación para conseguir el éxito. ¿Tan difícil es conseguir esta conjunción en el resto de ámbitos de nuestra vida?


¿Tenemos tiempo? Versión 2012

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¿Tenemos tiempo? Versión 2012

Decía en la versión anterior de este artículo que estábamos en una situación económica muy compleja. Lamentablemente 2 años después seguimos igual o posiblemente peor. Hemos pasado de un tasa de desempleo del 18% al 23%, hemos incrementado en un 50% el volumen de hogares sin cobertura económica (recientemente se ha citado la cifra de 1,5 millones). El nivel de pobreza sigue creciendo. Se habla incluso de que el 2013 tampoco será el año de cambio de la tendencia ya que probablemente hasta 2014 no empezaremos la senda real de la recuperación.

Para ayudar a resolver este problema se ha instalado en nuestra mente el concepto de cambio de modelo productivo: necesitamos una economía innovadora, una economía del conocimiento, etc. Sin embargo un cambio de modelo exige tiempo, esfuerzo y cuidados, y también un cambio de mentalidad. Somos, junto con el resto de países de la cuenca mediterránea, los mejores en el ranking de la “no innovación”.

Me refería en 2010 a la enfermedad de nuestro mercado de trabajo y a la necesidad de articular una serie de cuidados paliativos en forma de contrato único, medidas de flexibilidad en la relación de trabajo, cambios normativos en los criterios de la negociación colectiva, y necesidad de crear un sistema competitivo en la gestión de las políticas activas como elementos clave para que nuestro “enfermo” se sitúe en mejores condiciones para recibir el trasplante que supone este cambio de modelo. En ello si que hemos avanzado ya que alguna de estas medidas están contenidas en la nueva normativa laboral establecida recientemente por el ejecutivo del PP:

Mientras tanto seguimos sin realmente fundamentar los cambios estructurales y sobre todo culturales en los que debería de fundarse nuestro nuevo modelo productivo. Cambios que de acuerdo con lo recientemente afirmado por el Juan Roig, Presidente de Mercadona, exigen implantar una nueva cultura del esfuerzo a lo que yo añadiría riesgo. Probablemente sea necesario impulsar la figura del emprendedor pero si no cambiamos nuestro esquema de valores, nuestro modelo educativo y algunas cosas más (entre ellas el acceso al crédito) queda mucho para situarnos en el camino adecuado.

Medidas como las de potenciar la innovación mediante un desarrollo intenso y sostenido de la calidad de nuestro capital humano, exige, incrementar la formación y el nivel de idiomas de nuestros jóvenes. Necesitamos cambiar el modelo formativo de nuestro país y hacerlo urgentemente, necesitamos implantar de nuevo una cultura de esfuerzo en nuestros jóvenes, necesitamos, entre muchas otras cosas y aunque esta pueda parecer una medida poco relevante, dejar de traducir todas las películas y las series de televisión.

Si los indicadores de alto fracaso escolar y la disgregación de un sistema universitario centrado únicamente en sus propias necesidades, son los elementos más relevantes de nuestra realidad educacional, no parece el mejor caldo de cultivo para potenciar la innovación. Aunque no soy, evidentemente un especialista en temas educativos, ni pretendo serlo, si me sorprende que nadie parezca estar preocupado por un sistema que permite que 60% de los estudiantes universitarios no finalicen sus estudios, que no haya estímulos reales ni apoyo a las personas con más capacidad y que no se produzca un proceso de selección en base a las necesidades futuras del  mercado de trabajo. Me pregunto si tiene sentido tener un volumen muy importante de titulados universitarios si éstos posteriormente no consiguen desarrollar actividades profesionales relacionadas con su formación. Y no se muy bien si sólo con cambios en los modelos educativos será posible resolver este problema.

La segunda idea para potenciar un cambio en el modelo productivo sería el fomento del riesgo o dicho de otra manera el espíritu emprendedor. He estado durante muchos años en contacto con profesionales en situación de cambio y que se planteaban como alternativa profesional la creación de un proyecto empresarial. Pues bien muchos lo hacían solamente como alternativa, una vez habían constatado las dificultades para reincorporarse al mercado de trabajo por cuenta ajena. No tenemos en nuestro “adn” una cultura de emprendedores.

Más allá de las iniciativas, selectas y que sin dudas razonables, es indudable que muchos de nuestros jóvenes –y más en estos momentos de dificultades- visualizan como única alternativa profesional un puesto de trabajo en la administración pública. Recientemente el PAIS señalaba que más del 50% de nuestros jóvenes sueñan con trabajar en la administración pública. O sea lo más alejado del espíritu emprendedor. Es posible que una parte de esta demanda está condicionada por las dificultades de acceder a un empleo que tienen nuestros jóvenes (nos debería de caer la cara de vergüenza cuando somos capaces de mantener unos ratios de desempleo en nuestros jóvenes cercanos al 45%). Mientras tanto creo que todos tenemos claro que nuestra realidad social no favorece sino que inclusive penaliza el esfuerzo, la asunción del riesgo y los intentos de emprender.

La última idea, conectada si cabe con la anterior es el esfuerzo inversor. Y cuando me refiero a este tipo de esfuerzo no me refiero únicamente a la necesaria adaptación de nuestro sistema financiero a este tipo de demandas sino a la potenciación del riesgo y del cambio en el modelo de los negocios, que en mucho caso exigen de la implantación y puesta en marcha de nuevas formas organizativas más flexibles que fomenten la creatividad en el seno de las organizaciones.

Desconozco de cuanto tiempo disponemos, pero es indudable que sin cambios en nuestro modelo educativo y la potenciación del espíritu del cambio y de la capacidad emprendedora no nos queda otro futuro que ser más pobres de lo que hemos sido legando a las próximas generaciones una realidad que probablemente no queríamos para nosotros mismos.


Crisis, Cambio, Nuevas Demandas y Responsabilidad Social

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Crisis, Cambio, Nuevas Demandas y Responsabilidad Social

Uno de los efectos de la situación de crisis en la que vivimos es la necesidad de un  replanteamiento de los esquemas de funcionamiento en todos los ámbitos de nuestra vida. Probablemente no saldremos de la “crisis” hasta que estos cambios sean lo suficientemente profundos.

Mientras tanto estamos constatando que para muchas personas la inseguridad provoca un aumento del conservadurismo (entendido como la tendencia a conservar lo que tenemos) y una postura defensiva que desemboca en actitudes cerradas, de falta de iniciativa y de nula capacidad de adaptación a los nuevos contextos. Esto hace que, en muchos casos, los efectos sean aún más negativos. Ya se sabe que el “sálvese quien pueda” provoca más víctimas.

Para otros, la misma situación les motiva a la búsqueda de respuestas en campos diversos. Y es significativo que esta “apertura de miras” nos dirija no hacía lo más lejano en un mundo globalizado, sino al contrario, a preocuparnos y valorar la  proximidad, la comunicación interpersonal, la participación presencial, es decir la dimensión más social y comunitaria. Un ejemplo es el aumento de la participación ciudadana en acciones solidarias entre las que me permito destacar dos ejemplos recientes entre otros muchos de carácter más anónimo: la “Marató de TV3”, o el éxito sin precedentes de la colecta desarrollada recientemente para el Banco de Alimentos.

Otro indicador es la mayor presencia de la solidaridad y la responsabilidad social en la publicidad de muchas empresas. Por ejemplo algunas organizaciones del sector de las telecomunicaciones han adaptado formas de consulta del 15-M en sus anuncios.  Así pues, es muy positivo que “hacer el bien”, la beneficencia, gane espacio público y lo haga a partir de experiencias reales, de la práctica cotidiana y que ello se vea impulsado y gestionado no sólo como una estrategia más de marketing.

Sin embargo me planteo algunas cuestiones que quiero compartir en este mensaje.

ü  Este mayor activismo responde a un replanteamiento profundo, o se queda sólo en la inmediatez y la superficialidad. ¿Estas acciones responden a un plan a medio y largo plazo?.  Servirán para cambiar el funcionamiento interno de las organizaciones o serán solo “para la galería”?

ü  Tenemos urgencias materiales pero también comunitarias. Las consecuencias sociales y económicas que genera la crisis y el desempleo cada vez más importante en determinados sectores incide en el incremento de la violencia de género y familiar, en la discriminación por origen cultural, en el fracaso escolar. ¿Qué se puede hacer en el ámbito de la RSC en estos nuevos ámbitos de conflicto o necesidad social?. 

ü  Si la reducción de fondos gubernamentales en todos los ámbitos afectan también a los recursos dedicados a la gestión de los problemas sociales.  ¿Es necesario también definir planteamientos políticos de RSC por parte de las administraciones públicas?

Creo que las nociones de iniciativa social “pública” o “privada” necesitan un replanteamiento y una redefinición. Las empresas tienen una responsabilidad social y cada vez asumen un papel más relevante en los servicios públicos. Y al mismo tiempo muchas entidades abren su horizonte de colaboración y ven a las empresas no sólo cómo financiadores sino como socios.  Ante este escenario se está consolidando el proceso de acercamiento entre entidades y empresas, mientras por el otro lado las administraciones públicas se ven necesariamente obligadas a entenderse con el sector empresarial.

Sin embargo seguimos constatando que existe un déficit de reflexión y de planificación conjunta entre los 3 sectores (asociativo, empresarial y administración). Una reflexión que es necesario impulsar y consolidar en el corto y medio plazo. En este punto queda un largo camino por recorrer.

Recordemos que todos nos necesitamos. Sin cambios reales en nuestros modelos de comportamiento y sin una colaboración real con los otros (personas, organizaciones, empresas y administración) no superaremos la crisis ni seremos capaces de generar las respuestas a las nuevas necesidades que ésta nos impone. 


Entorno Sindical: Situación 2.0/Respuestas 1.0

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Entorno Sindical: Situación 2.0/Respuestas 1.0

Tengo esta nota más o menos diseñada desde hace algún tiempo. Si he decidido publicarla en este momento es como consecuencia de la campaña mediática que se ha desarrollado en las últimas semanas en relación a las fuentes de financiación sindical. También por la cercanía del anuncio (estoy plenamente convencido de ello) de convocatoria de la próxima huelga general.

Aunque la campaña de los medios se ha centrado  en Bankia y entre otros en el líder de UGT-Madrid José Ricardo, es evidente que está dirigida a formular un ataque a la línea de flotación de unas organizaciones que, aunque han tenido un papel central en la consolidación de la democracia y del estado de bienestar que estamos viviendo hoy, en mi opinión, no pueden seguir “como si nada” hubiese cambiado. Las organizaciones sindicales van a tener que adaptarse a las consecuencias de la crisis como el resto de los “mortales”.

Por cierto como una muestra de este cambio quiero hacer notar la noticia, también aparecida recientemente en los medios, sobre la formulación de un ERE de extinción de contratos por parte de CCOO Catalunya que afectaría al 15% de su plantilla. Una muestra más del impacto de la crisis.

Volviendo a los temas de fondo me parece significativo destacar las notas siguientes obtenidas de un artículo publicado por Salvador Sostres en el periódico El Mundo hace algunos días.  “Sindicatos y sindicalistas están fuera de la realidad, pertenecen a un mundo que ya no existe, sus planteamientos son anacrónicos e inútiles, y con frecuencia de una demagogia tan bronca como perniciosa. Cada día representan a menos gente y sus escaramuzas callejeras son una burla a la angustia por la que tantas personas están pasado y que no se resuelven con movilizaciones, sino cambiando de paradigma moral, trabajando duro y aprovechando cada oportunidad”.

Aunque no comparto normalmente las opiniones, y el tono de los mensajes de Salvador, tengo que reconocer en este momento mi acuerdo con algunos de sus postulados. De hecho somos muchos (incluidos inclusive personas del entorno sindical) los que compartimos estos planteamientos. También comparto la deducción que se obtiene de sus argumentos en el sentido de que el proceso de “adaptación” y “cambio de paradigma” que debe de realizar el mundo sindical en nuestro país pasa necesariamente por cambios radicales en sus fuentes de financiación.

La crisis, los cambios en las actitudes y posiciones de los profesionales y trabajadores y una nueva legislación laboral obligarán sin duda a las organizaciones sindicales a replantearse muchos de sus comportamientos. Respecto a su rol social es evidente que no comparto la posición de los que piensan que deberían desaparecer, lo que no quita que deberían cambiar.

O se producen estos cambios o el riesgo no es otro que terminar convertidas en unas superestructuras alejadas de la realidad y que, aunque con objetivos probablemente legítimos, sus modos de actuación las conviertan en una rémora más que en actores sociales relevantes y bien interconectados con la realidad social. El riesgo no es otro que se repita la situación que viven actualmente las organizaciones sindicales en Francia, donde, digámoslo claramente, el rol sindical está cada día más claramente limitado en el ámbito laboral a los entornos vinculados a la administración pública.

Tengo previsto escribir sobre la reforma laboral próximamente (a pesar de que no se si aportaré mucho sobre todo lo que ya se ha escrito). Soy plenamente consciente de que lo ocurrido con la nueva regulación laboral choca con la tradición ya que no se ha construido a través del consenso. Habrá que esperar sus resultados porqué es indudable que el mercado de trabajo es un microcosmos demasiado complejo para pensar que con normas más o menos bienintencionadas publicadas en el BOE, se pueden cambiar el estado de las cosas. De todas formar bienvenida la reforma aunque no se haya podido formular por consenso. Llevamos 4 años hablando de reforma y lo que se había hecho hasta este momento probablemente no merecía tal nombre.

Finalmente el ejecutivo se ha decidido por establecer un conjunto de normas que, claramente, es mucho mas dura de la que se hubiese alcanzado si hubiese habido un consenso. Aquí tenemos otro punto en donde muchos líderes sindicales manifiestan su desencuentro con el resultado final alcanzado y que muchos se planteen ¿para qué necesitamos unas estructuras sindicales tan grandes y costosas? si luego resultan incapaces de pactar con el ejecutivo las normas laborales.

Probablemente el consenso, el acuerdo, haya sido finalmente imposible. Esto pone una vez más en evidencia que la crisis ha dejado de ser económica y ahora es institucional, de formato, en definitiva estructural y/o política. Frente a la situación no caben las respuestas (1.0), las tradicionales, las que se fundamentan en lo que ha funcionado en el pasado. Probablemente hubiésemos necesitado un cambio en los paradigmas de funcionamiento sindical para que, a través del consenso y del acuerdo conseguir nuevas respuestas. (2.0).

Pero para alcanzar el consenso es necesario que las partes tengan voluntad de alcanzarlo y no se muy bien si las organizaciones sindicales pueden estar, en estos momentos, por la labor. Lamentablemente creo que nuestras estructuras sindicales están hoy probablemente instaladas en dar respuestas a las situaciones 1.0 y no sé muy bien si están lo suficientemente preparadas para situarse y encontrar nuevas respuestas. Valga como ejemplo la falta de alternativas y estrategias claras y definidas, como es bien sabido y los líderes más abiertos reconocen, sobre temas tan candentes y relevantes como: el impacto de las nuevas tecnologías en el puesto de trabajo etc, los ámbitos de la Responsabilidad Social Corporativa, el rol sindical en las relaciones entre el mundo social y el empresarial, los nuevos comportamientos laborales generados por las redes sociales, los cambios en la dinámica del tiempo de trabajo etc.

Un ejemplo de ello es la propia convocatoria de una huelga general que estoy seguro se va a producir a finales de Marzo. Quizás sería necesario y/o conveniente que las organizaciones sindicales intentasen encontrar otros medios para manifestar su oposición a una normativa que consideran lesiva para los trabajadores. Lo dicho Situación 2.0/Respuestas 1.0.


Crisis económica o crisis de valores.

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Crisis económica o crisis de valores.

Analizando la nueva nueva reforma laboral impulsada por el gobierno y a la que me referiré en un próximo comentario con más intensidad, me he encontrado con unas declaraciones de José Maria Aznar, de hace algunos meses,  en las que apostaba por la eliminación del subsidio de desempleo. Resulta evidente que una cosa son las declaraciones realizadas desde la “independencia” de alguien que no tiene la responsabilidad de gobernar y otras son las decisiones que toma un gobierno legítimo aunque del mismo perfil político e ideológico. Evidentemente la nueva regulación laboral que tenemos en nuestro país no elimina las prestaciones de desempleo aunque algunos cambios deberían de haberse realizado, aunque fuera en el sentido de vincular todavía más la percepción del subsidio al compromiso de formación, de búsqueda y de trabajos comunitarios. Auguro que algo habrá que hacer en ello y más pronto que tarde.

Lo que verbaliza Aznar es la visión de la sociedad occidental extendida en ciertos sectores conservadores, según la cual nos habríamos malacostumbrado a vivir de un Estado demasiado protector. Así, sus medidas de cobertura social estarían generando ciudadanos indolentes que prefieren “vivir del cuento” antes que buscar trabajo. Y, según esas corrientes de opinión, serían estas personas las que estarían en la génesis de la crisis, en tanto que no harían más que mostrar algunos de los males de una sociedad que se ha acostumbrado a vivir en contextos donde se ha llegado a primar e incentivar: la falta de esfuerzo, la tendencia al hedonismo, el no reconocimiento de la autoridad. Según esta corriente la crisis que estamos viviendo no sería otra cosa que la consecuencia última de una sociedad acostumbrada a las a las satisfacciones inmediatas y  a la ausencia de responsabilidad.

El Profesor de la Universidad de La Coruña Ignacio Sánchez Cámara, subrayaba hace algunos meses que vivimos en un contexto en el que “hay un problema profundo, que afecta a la cultura europea y occidental desde hace décadas, y es el de su modelo moral, en el que ahora predominan el relativismo y el hedonismo”. En este análisis coincide con muchos otros entre los que destaca el nuevo Secretario de Estado de Cultura José María Lasalle quién señalaba como un síntoma evidente de ese decaimiento moral el hecho de que la cultura democrática actual “se haga girar exclusivamente sobre la teoría de los derechos”.

De hecho creo que coincido básicamente con las afirmaciones que figuran en el párrafo anterior ya que podríamos denominar a la etapa de gobierno de Zapatero como “la etapa de los derechos” y a la etapa económica que hemos vivido en los últimos años 20 años como “la del todo vale”. Sin embargo en una sociedad equilibrada los ciudadanos, los individuos debemos de vivir también en la perspectiva de nuestras  obligaciones. Una sociedad equilibrada necesita también un compromiso en los deberes.

El ejercicio de la responsabilidad exige que cada uno asumamos obligaciones con nosotros mismos, con nuestro entorno más cercano y con la sociedad en su conjunto. Pero lo que resulta válido para los individuos resulta también válido para las organizaciones, las instituciones, la clase política, los cuales también ha hecho dejación de sus responsabilidades. El resultado final de tanta irresponsabilidad, y sigo parafraseando a José María Lasalle,  ha sido un entorno en el que “el deber se ha erosionado, el ejercicio de la autoridad se ha vuelto más frágil y en el que se ha debilitado la ejemplaridad” de las conductas de todos pero también de aquellos que bebían de actuar como referente moral.

Lo que me parece de todas formas evidente es que ha sido la reiteración en conductas poco ejemplarizantes por parte de todos las causas que ha devenido en génesis de la situación de crisis en que estamos viviendo. Esta claro por tanto que vivimos una crisis económica que conlleva también la necesidad de modificar los “valores” y/o “paradigmas” sobre las que hemos diseñado nuestro entorno social.

Un contexto en el que es perentoria y urgente la necesidad de modificar los paradigmas que habíamos considerado como “reglas de oro” de nuestra existencia. Nuevos paradigmas y cambios de valores que necesitamos insertar en nuestra existencia si no deseamos seguir en crisis el resto de nuestras vidas y dejar a las generaciones futuras un mundo mucho mejor.


El qué, porqué y para qué de la RSC

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El qué, porqué y para qué de la RSC

Escribí hace algunas semanas una entrada afirmando que lamentablemente, en situaciones como las actuales, existe el riesgo de que en muchos entornos empresariales y organizativos (y porque no también en los ámbitos de la administración) las acciones empresariales en el marco de lo que comúnmente se denomina Responsabilidad Social Corporativa o Empresarial pasen a “mejor vida”. A salvo de algunas excepciones relevantes corremos el riesgo de que las actividades desarrolladas se centren únicamente en cómo cumplir, con los mínimos costes, las normativas legales.

Como muchos sabéis uno de los proyectos empresariales en los que estoy inmerso e impulsando (ALIUS MODUS) tiene que ver con este ámbito. Aunque el momento es difícil estamos muy satisfechos por lo que hemos conseguido en los 3 años de vida de la compañía (sí los mismos que llevamos arrastrando la crisis). Alguien nos dijo recientemente que estamos un poco locos cuando lo que hacemos en desarrollar un modelo empresarial en el marco de la RSC en épocas como las actuales.

A pesar de la crisis, a pesar de las dificultades, estoy constatando que la RSC se ha reconvertido y que son muy numerosos los seminarios, cursos, informes y análisis que se realizan sobre la materia, aunque muchas veces sus contenidos y mensajes no resulten ser mucho más que propuestas bienintencionadas con poca sustancia. Pocas propuestas he podido encontrar sobre cómo acercar el mundo social y el organizativo y muchas menos sobre cómo hacer que la empresa asuma parte del rol que hasta este momento ha desarrollado la administración pública en su conjunto (empezando por la municipal) y que difícilmente podrá mantenerse en el futuro.

He aquí, aunque pueda parecer contradictorio, las conclusiones, desde mi punto de vista de gran interés, obtenidas entre los participantes del seminario que sobre “Aplicación, Beneficios y Retornos de la RSC” hemos desarrollado para la APD e implementado recientemente en Barcelona. Evidentemente quiero agradecer la colaboración de todas las personas que han participado en su elaboración, desde los representantes de las organizaciones que participaron en el seminario, hasta el equipo de Alius Modus que ha elaborado el documento que tomo como base para la presente nota.

En todo caso destacar que casos como DKV y MRW, cuyas experiencias fueron detalladas en el seminario son hitos significativos de cómo hacer políticas de RSC de éxito. El mi opinión el caso de MRW es paradigmático. Soy uno más de los que piensa que uno de los pilares básicos del éxito de esta compañía ha sido su estrategia de RSC, o lo que es lo mismo que esta compañía no sería probablemente la misma si su creador no hubiese tenido la visión de incardinar las acciones de responsabilidad en la dinámica de su negocio.

La primera consideración tiene que ver con aspectos conceptuales. El qué. En este ámbito las conclusiones fueron las siguientes:

 La importancia de potenciar la calidad de los procesos y acciones de la RSE. “no todo vale”.

 La necesidad de destacar la estrategia comunicativa interna y externa sobre la RSE de la compañía, para su visualización, conseguir la motivación de los participantes y la validación de los resultados.

 El hecho de que resulta más simple desarrollar políticas de RSC en compañías cuyos productos son finalistas (llegan directamente al consumidor). La razón estaría en una mayor visibilidad social de la RSE en las finalistas. Es necesario modificar esta dinámica introduciendo elementos internos (motivación, retención) como objetivos a alcanzar a través de las políticas de RSC.

El segundo punto de análisis intenta contestar a la pregunta ¿Porqué?. Al margen del cumplimiento de algunas obligaciones legales se manifestaron las razones siguientes:

 Porqué potencia la solidaridad Interna, favoreciendo el trabajo en equipo, destacando el talento y favoreciendo la retención y la motivación.

 Porqué puede implicar una nueva interacción con los proveedores para incorporar la RSE cómo un requisito de mercado al mismo tiempo que minimiza los riesgos de una mala gestión.

  Porqué mejora la imagen / reputación corporativa, expresando un compromiso corporativo con la sociedad, el territorio y el medioambiente.

 Porqué en muchos casos puede aportar valor añadido impulsado cambios productivos y/o organizativos que favorezcan el desarrollo y la continuidad del proyecto empresarial.

 Porqué el posicionamiento social favorece la diferenciación y el liderazgo de la compañía en el propio sector y en la sociedad en general.

 Porqué la RSE es uno de los pilares de la Gestión de la Diversidad de la compañía (géneros, edad, condición física, origen, territorio,..). Favorece por tanto la gestión interna como el posicionamiento externo de la compañía.

El tercer punto entrando en el ¿Para qué?, pretendía analizar lo que puede aportar una política de RSC en una organización.

 Para fidelizar tanto a los clientes internos (compensación emocional), como externos. (clientes, proveedores, etc).

 Para captar y retener el talento. Es evidente que hoy, a pesar de la crisis, las personas preferimos trabajar en entornos “responsables”.

 Para generar y potenciar el sentimiento de pertenencia a la compañía en la plantilla y unos lazos emocionales con los clientes que garantiza su fidelidad.

 Para transmitir valores positivos (solidaridad, transparencia, respeto, etc) a los grupos de interés. El desarrollo de la RSE favorece un efecto multiplicador en la reputación y la imagen interna/externa de la compañía.

 Para crear un clima laboral de cohesión y motivación, que pueda ser un factor de estabilidad y minimizar el riesgo de conflictos o en su caso favorecer su resolución.

 Para favorecer el incremento de la productividad, innovación/creatividad, y por consecuencia los resultados.

 Para permitir una adaptación más dinámica de la compañía a los cambios socio-económicos del entorno, tanto en el marco global como en el local..

Otro de los aspectos analizados tiene que ver con el ¿Cómo?. O lo que es lo mismo que debe hacer el responsable de RRHH o el directivo interesado en que una organización determinada desarrollo estrategias y acciones en este ámbito empezando por implicar activamente a la dirección.

 Proponiendo y diseñando un plan que tome en consideración, desde el primer momento, los objetivos a alcanzar. El plan de acción ha de contemplar tanto la estrategia operativa, los procesos/proyectos y el seguimiento, a través de medios propios y externos (complementariedad).

 Favoreciendo la implicación y participación de la plantilla desde las fases de diseño y propuesta.

 Haciendo benchmark de otras experiencias de éxito desarrolladas en otras organizaciones, ejemplificando éxitos de políticas de RSE, analizando la rentabilidad de las mismas y su adaptación al contexto organizativo concreto.

 Pensando siempre que las políticas de RSC han de estar relacionadas con el enfoque de la actividad de la organización. Han de ser factibles, cercanas, tangibles y mensurables.

 Visualizar la vía para transformar en resultados económicos, además de sociales, las políticas de RSC. Establecer los indicadores genéricos e intangibles de ROI a corto, medio y largo plazo.

 Desarrollando una estrategia de comunicación interna/externa que permita visualizar las metas obtenidas, así como los beneficios a obtener para la compañía y la sociedad.

 Favoreciendo que las acciones de RSC sean un medio que potencie la transversalidad entre los departamentos, potenciando la interrelación, y compartiendo información, objetivos, prácticas y valoración conjunta.

 Impulsando acciones que permitan transmitir a los proveedores esta exigencia sobre aplicación y seguimiento de la RSE (efecto multiplicador).

El último de los aspectos analizados tuvo que ver con la cuestión de cómo vincular las acciones de RSC con los resultados empresariales y/o organizacionales. No por evidentes dejan de ser destacables.

 Incluir las políticas de RSE en la estrategia de la compañía/organización para evitar que sean iniciativas secundarias y dependientes de los resultados económicos de la organización.

 Conseguir que las políticas definidas se conviertan en acciones concretas en el día a día implicadas en la actividad y que permitan visualizar su impacto en todos los ámbitos organizativos.

 Establecer incentivos internos (en términos de compensación emocional y salarial) y externos (en términos de selección de proveedores por ejemplo) sobre objetivos y metas de la política de RSE.

 Establecer indicadores directos e indirectos de medida de los resultados.

El resumen final no puede ser otro plantear con claridad de que en el ámbito de la RSE no podemos pensar en términos de moda, estrategia comercial, marketing, o responsabilidad legal. Hemos de pensar en compromiso y en que es posible convertirlo en algo que aporte valor interno y entorno. Para ello, para que las acciones de Responsabilidad sean “sostenibles” organizativamente necesitan ser coherentes con la propia estrategia empresarial y además vincularse a resultados “de negocio”. Porqué resulta evidente que tan sólo conseguiremos implicar de forma proactiva a nuestras organizaciones en tales acciones si somos capaces de mostrarles el impacto que tales acciones pueden tener en los objetivos empresariales y en los resultados de su actividad.


Crisis, Responsabilidad y Resultados

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Crisis, Responsabilidad y Resultados

Somos muchos los que pensamos que en este momento las acciones empresariales en el marco de lo que comúnmente se denomina Responsabilidad Social Empresarial pasan por momentos de replanteamiento y confusión. A salvo de algunas excepciones relevantes, en la mayoría de los casos, las actividades desarrolladas se están centrando estrictamente en cómo cumplir, con los mínimos costes, las normativas legales. En 2011 no hemos conseguido, todavía, consolidar en el ámbito de la RSE un modelo de actuación claro y definido ni implicar a la gran mayoría de empresas y organizaciones.

Digámoslo claramente, muchas actividades de RSE que se habían desarrollado bajo un enfoque estricto de marketing, han sido impactadas directamente por la crisis y las reducciones presupuestarias. Todo ello provoca que hoy en muchas organizaciones, términos como igualdad, derechos humanos, diversidad, conciliación, sostenibilidad, biodiversidad, etc sean tratadas meramente como términos de un decálogo de buenas intenciones sin contenidos concretos.

Lo “responsable” es hoy utilizado para organizar un curso, una publicación, un estudio, resultando difícil en este complejo entramado distinguir y transformar lo relevante de lo que no lo es, lo que se hace por mero voluntarismo, de lo que ya forma parte del ADN empresarial. La RSE sólo va a resultar creíble cuando los procedimientos no suplanten los valores, las apariencias a las conductas, la comunicación a la percepción, la acción a los principios, las memorias a los hechos, las expectativas a las realidades. La responsabilidad ha de convertirse en uno más de los elementos clave de la gestión empresarial.

Lamentablemente nos queda, todavía mucho camino por recorrer. Al mismo tiempo –coincidiendo con el interés demostrado por los medios de comunicación en el concepto- han aparecido en este entorno un gran número de consultores, cátedras, observatorios, clubs, masters, agencias, índices, laboratorios etc, sin que, por el contrario, los realmente implicados: gobierno, interlocutores sociales y organizaciones sociales se hayan “sentado” a definir cómo articular todo este conjunto de actuaciones en el día a día real de las organizaciones. Aún me resulta increíble la poca sensibilidad que se dispensa, en determinados entornos sindicales, por actividades de RSE bien enfocadas, orientadas y que aportan valor social e indudablemente a la organización que las lleva a cabo.

Y todo esto se produce en un contexto que impone medidas restrictivas en el conjunto de las administraciones públicas, tanto en inversiones, gastos de personal y como no en el gasto social. No se sí deberemos replantearnos el “estado del bienestar” que hemos construido entre todos en los últimos 40 años del siglo XX. En todo caso hemos conseguido crear índices de cobertura sin parangón en la historia y está claro, por lo menos a corto o medio plazo, que tales coberturas no van a poder ser financiadas como hasta este momento.

Resulta imprescindible una implicación del ámbito empresarial en este ámbito. Sin ello muchas de ellas no van a ser sostenibles. No sé si vamos a poder transmitir a las generaciones futuras ámbitos de bienestar que nosotros hemos podido disfrutar. Mientras que el grado de seguridad que hemos sido capaces de ofrecer a las capas sociales menos favorecidas ha sido sin duda muy notable, esta cobertura ha sido el elemento fundamental que ha permitido establecer y consolidar un estado en el que los elementos de cohesión social han sido sin duda muy relevantes. Mantener esto va a resultar difícil. Los hechos ocurridos este verano en Inglaterra son claramente una muestra de las dificultades y de los problemas que están latentes en nuestro entorno.

La financiación de determinados programas sociales sólo va a ser posible con el compromiso y la responsabilidad de la sociedad civil, y como no de la sociedad empresarial. Para ello y el paralelo a la exigencia de una mayor exigencia en la calidad y la productividad de las acciones y un balance adecuado entre derechos y obligaciones, será necesario una mayor implicación de todos. Hasta este momento como ciudadanos y como organizaciones no nos hemos ocupado de “lo social”, que corría a cargo de los ámbitos de la administración. Esto no va a poder ser así en el futuro.

Por todo ello, resulta cada vez más necesario articular elementos de relación entre el mundo empresarial/organizativo y el social. Poca cosa se ha hecho, lamentablemente, para acercar, vincular y unir a dos mundos que se necesitan pero que, lamentablemente hoy siguen campando por sus “anchas”. Me refiero evidentemente a la falta de relación de contacto, de convivencia entre lo que denominaríamos mundo social y mundo organizacional.

No podemos olvidarnos de que las necesidades pueden llegar a ser incluso más elevadas, que en los momentos precedentes, lo que exigirá el compromiso social de los ciudadanos, y de las organizaciones. Sin duda un incentivo para este compromiso consistirá en establecer incentivos fiscales adecuados. La existencia de un compromiso empresarial unido a la exigencia de planteamientos de productividad y eficacia en la gestión de los recursos públicos limitados con los que vamos a contar, son los elementos clave sin nos que será imposible encontrar un balance adecuado que permita hacer responsabilidad sostenible.

En resumen: hemos de gestionar los temas de RSE pensando en que no es tan sólo una moda, una normativa legal que hay que cumplir, un elemento más utilizable para el marketing y tomando en consideración que no puede, por otra parte, dejarse al amparo de la buena voluntad. Para ello es necesario vincular a los dos términos que dan título a este artículo: Responsabilidad y Resultados. Porque resulta evidente que tan sólo conseguiremos implicar de forma proactiva a nuestras organizaciones y empresas en los ámbitos de responsabilidad si somos capaces de mostrarles el impacto que tales acciones pueden llegar a generar en los resultados.


Un nuevo modelo de solidaridad.

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Un nuevo modelo de solidaridad.

Es razonable pensar que la situación que estamos viviendo impone una serie de medidas de contención del déficit que incide en la reducción de presupuestos en el conjunto de las administraciones públicas, tanto en inversiones, gastos de personal y sin duda en el gasto social. De hecho estamos viendo algo que hasta hace poco tiempo era impensable, a saber: administraciones autonómicas proponiendo recortes relevantes en el gasto en una fase claramente electoral.

Es posible que el estado del bienestar que construimos entre todos en los últimos 40 años del siglo XX sea una realidad que debamos de replantearnos, Desde luego los niveles de cobertura social que hemos sido capaces de crear para determinadas capas sociales no tiene parangón en la historia y no sabemos si, lamentablemente, vamos a poder mantenerlas en el futuro. No sé si vamos a poder transmitir a las generaciones futuras ámbitos de bienestar que nosotros hemos podido disfrutar. Mientras que el grado de seguridad que hemos sido capaces de ofrecer a las capas sociales menos favorecidas ha sido sin duda muy notable, esta cobertura ha sido el elemento fundamental que ha permitido establecer y consolidar un estado en el que los elementos de cohesión social han sido sin duda muy relevantes. Mantener esto va a resultar difícil. Los hechos ocurridos recientemente este verano en Inglaterra son claramente una muestra de las dificultades y de los problemas que están latentes en nuestro entorno..

Los programas sociales se han financiado gracias al desarrollo económico, contra los impuestos de las clases medias, los fondos de cohesión europea y deuda pública, en niveles que no van a poder mantenerse en el futuro. Hay quien afirma, y no le falta razón que tales coberturas aparte de representar una motivación para determinados colectivos, han supuesto disfunciones relevantes en el comportamiento de los agentes económicos, la competitividad del conjunto de nuestras economías y que nos han llevado a alcanzar unos déficits públicos fácilmente sostenibles en épocas de crecimiento pero que resultan poco mantenibles en situaciones de crisis.

Los recortes en el gasto público en servicios sociales son, están siendo ya muy relevantes y pueden ser base para graves conflictos sociales si no somos capaces de encontrar alternativas. En paralelo a que determinados niveles de gasto son de imposible mantenimiento en el futuro cercano, debemos plantearnos si los niveles de cobertura e igualdad alcanzados, que sin duda suponen un éxito social evidente, pueden al mismo tiempo ser insostenibles, injustos y probablemente poco competitivos. Son muchos los que podemos estar empezando a pensar que muchos ciudadanos cuentan inclusive con niveles de protección social sobredimensionada.

En la actual situación el nuevo estado del bienestar debe de asumir la exigencia de racionalidad del gasto social, no su desmantelamiento o abolición. Un balance adecuado de derechos y obligaciones en el estado del bienestar futuro debe de destacarse como garante de sostenibilidad, y corregir determinados comportamientos individuales y colectivos excesivos que permite mantener situaciones poco estimulantes y que a veces son incluso cuestionables. Lo que la sociedad debe de comprender es que ante la reducción de los presupuestos sociales, también es necesario un esfuerzo para corregir las actitudes individuales inaceptables y la conciencia social al respecto de que estas actitudes no han de ser punibles.

No podemos olvidarnos de que las necesidades serán probablemente mayores o más elevadas por lo que de un lado es necesario el compromiso social de los ciudadanos, por otra el compromiso del mundo empresarial y necesariamente será necesario arbitrar incentivos fiscales necesarios para que este compromiso empresarial resulte sostenible. La existencia de un compromiso empresarial unido a la exigencia de planteamientos de productividad y eficacia en la gestión de los recursos públicos limitados con los que vamos a contar, son los elementos clave sin nos que será imposible encontrar un balance adecuado que permita hacer responsabilidad sostenible.

Y en este ámbito considero que los criterios de prepago de determinados servicios van a ser una realidad a implantar con carácter ineludible, de la misma manera que va a ser cada vez más evidente la necesidad de desarrollar e impulsar los procesos de externalización en el ámbito de la función pública, con objeto de mejorar los niveles de productividad en la prestación de servicios.

En definitiva necesitamos hacer entre todos un ejercicio de responsabilidad, exigencia, flexibilidad y productividad.


Otra de Cine. Ficción o Realidad.

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Otra de Cine. Ficción o Realidad.

Estuve viendo de nuevo la pasada semana la película “The Company Men”, básicamente con objeto de validar mis impresiones iniciales. Como Jose luis Cubeiro comentó en su blog la película pretende ser una visión del impacto de la crisis en los ejecutivos. Basada en un hecho ficticio que podía ser una perfecta copia de centenares de procesos similares vividos por muchos profesionales en los últimos años (y no solamente en la situación de crisis), la película plantea de forma acertada y coherente como la reducción de los costes laborales (a través de la vía de los despidos) es muchas veces una excelente herramienta para incrementar el valor de una empresa.

De entrada deciros que me ha parecido una película excelente tanto desde el punto de vista del guión como de la realización reforzada por el excelente trabajo desarrollado por un grupo de actores de calidad (desde Ben Affleck, hasta Tommy Lee Jones).

La película trata de manera sensacional las diferentes reacciones psicológicas de las personas que se ven afectadas por estos procesos y las diferentes maneras de responder a esta situación. Bloqueo, Huida, Aceptación y Lucha. Los ejecutivos afectados viven claramente este tipo de procesos en lo que se supone son los primeros meses desde la pérdida del empleo. Lo único que me parece discutible de la película es la “banalización” que se hace de los procesos de recolocación. Aunque en alguno de sus aspectos visuales y estructurales la “empresa de recolocación” que se muestra en el film puede ser cercana a la realidad, creo que se da una visión sesgada y parcial sobre el apoyo que se puede dar a las personas afectadas, o candidatos en el uso terminológico del sector. Un proceso de recolocación es mucho más que una “charla” más o menos motivante y la posibilidad de disponer de una zona de trabajo o de despacho en las instalaciones de la consultora.

En un momento además en el que en este país acabamos de regular definitivamente la actuación y la actividad de estas compañías, circunscribir esta actividad a los dos elementos señalados en el párrafo anterior me parece francamente una “mala caricatura”. No quiero ahora hacer una apología a la que he dedicado una parte relevante de mi carrera profesional, sólo destacar que los miles de personas que ya han pasado por este país, en los últimos 20 años por este tipo de procesos, podrían ser excelente referentes, inclusive mucho mejores que yo, de la aportación que han recibido por parte de los consultores de reorientación profesional para rehacer sus vidas después de una situación de despido ajena a su voluntad y a su responsabilidad directa.

Por cierto recuerdo ahora la película “up in the air” y me reitero en el comentario ya publicado en mi blog el pasado mes de diciembre. Me encanta o George Clooney, (francamente admiro su estilo y su encanto). La película me parece entretenida con algunos momentos brillantes pero cuya semejanza con la realidad es nula. Ni los consultores de recolocación asumen la responsabilidad de la gestión de los despidos, ni éxiste que yo sepa una actividad como la que desarrolla George, llamémosla “despedidores profesionales”.

Lo dicho en el cine hay que saber separar los elementos de ficción de la realidad.


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