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¿Hasta cuando?

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¿Hasta cuando?

Tras las recientes medidas de reforma laboral impulsadas por el ejecutivo, la huelga general y los presupuestos se ha producido un incremento del pesimismo en nuestro país sobre la salida de la crisis y sobre si tales medidas conseguirán favorecer el cambio de ciclo en las perspectivas económicas.

Sigue existiendo, mientras tanto, un amplio consenso en que más allá de la necesidad de un crecimiento relevante en términos de PIB para que se produzca un cambio de tendencia en la destrucción de empleo. Paralelamente, al margen del crecimiento de la actividad económica, no podemos olvidarnos que  vamos a tener que enfrentarnos a un segundo problema como es el de encontrar una alternativa razonable para este 10% (de nuestro PIB) que representaba, de más, el sector “del ladrillo” frente a su peso en el resto del mundo más desarrollado.

Este diferencia, que por otra parte explica el crecimiento del empleo en nuestro país vivido en el periodo 2000-2006, se fundó básicamente en la atracción de personas inmigrantes que se instalaron entre nosotros, y que son ahora, los que viven con más dureza la situación de desempleo. Unas personas que están instaladas entre nosotros, y a las que de forma masiva nos va a resultar muy complicado, lo está resultando ya, incentivar el retorno a sus países de origen.

Si a todo ello le unimos la propia dinámica de restricciones presupuestarias en la mayoría de nuestras administraciones, empezando por las del ámbito local, que hace que determinadas coberturas o determinados servicios sean muy difíciles de mantener y claro está de impulsar, el panorama resulta claramente desalentador.

Como ya he mencionado en mensajes anteriores en este mismo blog no soy, ni quiero ser pesimista. De hecho creo que el pesimismo no forma parte de mi ADN y formar parte del conjunto de personas que consideramos que eran necesarias reformas legales en el mercado de trabajo, pero que al mismo tiempo estamos convencidos que tales reformas (a corto plazo) no van a cumplir sus objetivos si no desarrollamos e implantamos iniciativas de cambio cultural y educativo (a largo). Sin una revisión de algunos de nuestros parámetros sociales y culturales la salida de la crisis va a resultar mucho más difícil por no decir imposible.

¿Durante cuando tiempo podemos vivir sin conflictos sociales?, ¿Por cuánto tiempo vamos a permitir que en algunas zonas de nuestro país 1 de cada 4 personas en edad de trabajar estén en permanente situación de desempleo? ¿Durante cuanto tiempo vamos a poder mantener el sistema de coberturas sociales que hemos puesto en marcha?, etc, Todas ellas son cuestiones que, necesitamos resolver de forma más o menos inmediata, si no queremos, como afirmaba en una reciente entrada en mi blog, dejar a las generaciones futuras un mundo, un entorno peor al que nosotros hemos vivido.

Son cuestiones a las que es necesario responderse. Porque aunque el mantenimiento de una cobertura social mínima sea importante no estoy convencido ni comparto la idea de que podamos resolver nuestros problemas únicamente con una red de coberturas sociales, si no somos capaces de generar riqueza y por tanto empleo.

De igual forma me resisto a aceptar que el problema del empleo se resuelva con incrementos en el volumen de contrataciones en el conjunto de nuestra administración pública. Probablemente todo lo contrario. Es necesario racionalizar y o reducir la cantidad de recursos que destinamos a la administración común, evitar duplicidades, etc  y esto pasa, necesariamente, por reducciones en los volúmenes de empleo.

Más allá de las cuestiones macroeconómicas a medio y largo plazo es necesario actuar desde la perspectiva micro y a corto poniendo nuestro grano de arena para que no se produzca o como mínimo no se consolide una crisis real en el ámbito de las organizaciones sociales no gubernamentales. De hecho todos conocemos organizaciones que ya han desaparecido y sabemos de muchas que están pasando por grandes dificultades. Es en este marco en el que creo que es necesario exigir y demandar el establecimiento de una nueva dinámica de colaboración entre el mundo social y el mundo empresarial y organizativo-

Esta colaboración debe de fundarse en el principio de Responsabilidad vinculada a Resultados que no es más que el modelo o la visión que subyace en el proyecto de empresa de Alius Modus.


Talento, Esfuerzo y Responsabilidad.

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Talento, Esfuerzo y Responsabilidad.

Como otros muchos ciudadanos de este país venimos asistiendo, desde hace algunos años, a los excelentes resultados conseguidos por nuestros jóvenes deportistas, en especialidades como el tenis, ciclismo, futbol, baloncesto-, etc. Por cierto constatamos además el hecho de que hemos conseguido posiciones relevantes y de liderazgo tanto en entornos individuales como en los de equipo.

Parece que poco a poco estamos tomando, en materia deportiva, una posición en el mundo, que ya quisiéramos en materia económica. Somos muchos los que nos gustaría tener en otros ámbitos (desarrollo, innovación etc) el mismo peso que hoy tenemos en el marco del deporte mundial.

Creo que los excelentes resultados del barça y la selección en futbol o de  la selección de básquet, por poner ejemplos de deportes de equipo, son consecuencia de la conjunción de varios factores. De una parte del talento de nuestros jóvenes (sin talento nada es posible, evidentemente), de otra de haber sabido diseñar una estructura de incentivos (económicos y de otro tipo) adecuados para potenciarlo. Por último también ha influido el hecho de haber sabido encontrar un entorno adecuado para que este talento se manifestase a través de la primacía del equipo sobre las individualidades.

Pienso que en ello tienen mucho que ver la capacidad personal de los entrenadores que han sabido generar este tipo de dinámicas, pero también un estilo de deportistas en los que pongo como referencia a Casillas, Cesc, los hermanos Gasol, Iniesta, Cesc, Messi, o Rafa Nadal en los que el talento y el protagonismo personal se pone cuando es necesario a disposición del equipo o del conjunto.

Aunque como siempre hay situaciones en las cuales parece que resulta más fácil gestionar el mismo talento que en otras creo que, en general, deberíamos aprender en el mundo de las organizaciones mucho de lo que nuestros jóvenes deportistas son capaces de hacen cuando juntamos: talento, responsabilidad, esfuerzo y motivación para conseguir el éxito. ¿Tan difícil es conseguir esta conjunción en el resto de ámbitos de nuestra vida?


¿Tenemos tiempo? Versión 2012

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¿Tenemos tiempo? Versión 2012

Decía en la versión anterior de este artículo que estábamos en una situación económica muy compleja. Lamentablemente 2 años después seguimos igual o posiblemente peor. Hemos pasado de un tasa de desempleo del 18% al 23%, hemos incrementado en un 50% el volumen de hogares sin cobertura económica (recientemente se ha citado la cifra de 1,5 millones). El nivel de pobreza sigue creciendo. Se habla incluso de que el 2013 tampoco será el año de cambio de la tendencia ya que probablemente hasta 2014 no empezaremos la senda real de la recuperación.

Para ayudar a resolver este problema se ha instalado en nuestra mente el concepto de cambio de modelo productivo: necesitamos una economía innovadora, una economía del conocimiento, etc. Sin embargo un cambio de modelo exige tiempo, esfuerzo y cuidados, y también un cambio de mentalidad. Somos, junto con el resto de países de la cuenca mediterránea, los mejores en el ranking de la “no innovación”.

Me refería en 2010 a la enfermedad de nuestro mercado de trabajo y a la necesidad de articular una serie de cuidados paliativos en forma de contrato único, medidas de flexibilidad en la relación de trabajo, cambios normativos en los criterios de la negociación colectiva, y necesidad de crear un sistema competitivo en la gestión de las políticas activas como elementos clave para que nuestro “enfermo” se sitúe en mejores condiciones para recibir el trasplante que supone este cambio de modelo. En ello si que hemos avanzado ya que alguna de estas medidas están contenidas en la nueva normativa laboral establecida recientemente por el ejecutivo del PP:

Mientras tanto seguimos sin realmente fundamentar los cambios estructurales y sobre todo culturales en los que debería de fundarse nuestro nuevo modelo productivo. Cambios que de acuerdo con lo recientemente afirmado por el Juan Roig, Presidente de Mercadona, exigen implantar una nueva cultura del esfuerzo a lo que yo añadiría riesgo. Probablemente sea necesario impulsar la figura del emprendedor pero si no cambiamos nuestro esquema de valores, nuestro modelo educativo y algunas cosas más (entre ellas el acceso al crédito) queda mucho para situarnos en el camino adecuado.

Medidas como las de potenciar la innovación mediante un desarrollo intenso y sostenido de la calidad de nuestro capital humano, exige, incrementar la formación y el nivel de idiomas de nuestros jóvenes. Necesitamos cambiar el modelo formativo de nuestro país y hacerlo urgentemente, necesitamos implantar de nuevo una cultura de esfuerzo en nuestros jóvenes, necesitamos, entre muchas otras cosas y aunque esta pueda parecer una medida poco relevante, dejar de traducir todas las películas y las series de televisión.

Si los indicadores de alto fracaso escolar y la disgregación de un sistema universitario centrado únicamente en sus propias necesidades, son los elementos más relevantes de nuestra realidad educacional, no parece el mejor caldo de cultivo para potenciar la innovación. Aunque no soy, evidentemente un especialista en temas educativos, ni pretendo serlo, si me sorprende que nadie parezca estar preocupado por un sistema que permite que 60% de los estudiantes universitarios no finalicen sus estudios, que no haya estímulos reales ni apoyo a las personas con más capacidad y que no se produzca un proceso de selección en base a las necesidades futuras del  mercado de trabajo. Me pregunto si tiene sentido tener un volumen muy importante de titulados universitarios si éstos posteriormente no consiguen desarrollar actividades profesionales relacionadas con su formación. Y no se muy bien si sólo con cambios en los modelos educativos será posible resolver este problema.

La segunda idea para potenciar un cambio en el modelo productivo sería el fomento del riesgo o dicho de otra manera el espíritu emprendedor. He estado durante muchos años en contacto con profesionales en situación de cambio y que se planteaban como alternativa profesional la creación de un proyecto empresarial. Pues bien muchos lo hacían solamente como alternativa, una vez habían constatado las dificultades para reincorporarse al mercado de trabajo por cuenta ajena. No tenemos en nuestro “adn” una cultura de emprendedores.

Más allá de las iniciativas, selectas y que sin dudas razonables, es indudable que muchos de nuestros jóvenes –y más en estos momentos de dificultades- visualizan como única alternativa profesional un puesto de trabajo en la administración pública. Recientemente el PAIS señalaba que más del 50% de nuestros jóvenes sueñan con trabajar en la administración pública. O sea lo más alejado del espíritu emprendedor. Es posible que una parte de esta demanda está condicionada por las dificultades de acceder a un empleo que tienen nuestros jóvenes (nos debería de caer la cara de vergüenza cuando somos capaces de mantener unos ratios de desempleo en nuestros jóvenes cercanos al 45%). Mientras tanto creo que todos tenemos claro que nuestra realidad social no favorece sino que inclusive penaliza el esfuerzo, la asunción del riesgo y los intentos de emprender.

La última idea, conectada si cabe con la anterior es el esfuerzo inversor. Y cuando me refiero a este tipo de esfuerzo no me refiero únicamente a la necesaria adaptación de nuestro sistema financiero a este tipo de demandas sino a la potenciación del riesgo y del cambio en el modelo de los negocios, que en mucho caso exigen de la implantación y puesta en marcha de nuevas formas organizativas más flexibles que fomenten la creatividad en el seno de las organizaciones.

Desconozco de cuanto tiempo disponemos, pero es indudable que sin cambios en nuestro modelo educativo y la potenciación del espíritu del cambio y de la capacidad emprendedora no nos queda otro futuro que ser más pobres de lo que hemos sido legando a las próximas generaciones una realidad que probablemente no queríamos para nosotros mismos.


Crisis económica o crisis de valores.

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Crisis económica o crisis de valores.

Analizando la nueva nueva reforma laboral impulsada por el gobierno y a la que me referiré en un próximo comentario con más intensidad, me he encontrado con unas declaraciones de José Maria Aznar, de hace algunos meses,  en las que apostaba por la eliminación del subsidio de desempleo. Resulta evidente que una cosa son las declaraciones realizadas desde la “independencia” de alguien que no tiene la responsabilidad de gobernar y otras son las decisiones que toma un gobierno legítimo aunque del mismo perfil político e ideológico. Evidentemente la nueva regulación laboral que tenemos en nuestro país no elimina las prestaciones de desempleo aunque algunos cambios deberían de haberse realizado, aunque fuera en el sentido de vincular todavía más la percepción del subsidio al compromiso de formación, de búsqueda y de trabajos comunitarios. Auguro que algo habrá que hacer en ello y más pronto que tarde.

Lo que verbaliza Aznar es la visión de la sociedad occidental extendida en ciertos sectores conservadores, según la cual nos habríamos malacostumbrado a vivir de un Estado demasiado protector. Así, sus medidas de cobertura social estarían generando ciudadanos indolentes que prefieren “vivir del cuento” antes que buscar trabajo. Y, según esas corrientes de opinión, serían estas personas las que estarían en la génesis de la crisis, en tanto que no harían más que mostrar algunos de los males de una sociedad que se ha acostumbrado a vivir en contextos donde se ha llegado a primar e incentivar: la falta de esfuerzo, la tendencia al hedonismo, el no reconocimiento de la autoridad. Según esta corriente la crisis que estamos viviendo no sería otra cosa que la consecuencia última de una sociedad acostumbrada a las a las satisfacciones inmediatas y  a la ausencia de responsabilidad.

El Profesor de la Universidad de La Coruña Ignacio Sánchez Cámara, subrayaba hace algunos meses que vivimos en un contexto en el que “hay un problema profundo, que afecta a la cultura europea y occidental desde hace décadas, y es el de su modelo moral, en el que ahora predominan el relativismo y el hedonismo”. En este análisis coincide con muchos otros entre los que destaca el nuevo Secretario de Estado de Cultura José María Lasalle quién señalaba como un síntoma evidente de ese decaimiento moral el hecho de que la cultura democrática actual “se haga girar exclusivamente sobre la teoría de los derechos”.

De hecho creo que coincido básicamente con las afirmaciones que figuran en el párrafo anterior ya que podríamos denominar a la etapa de gobierno de Zapatero como “la etapa de los derechos” y a la etapa económica que hemos vivido en los últimos años 20 años como “la del todo vale”. Sin embargo en una sociedad equilibrada los ciudadanos, los individuos debemos de vivir también en la perspectiva de nuestras  obligaciones. Una sociedad equilibrada necesita también un compromiso en los deberes.

El ejercicio de la responsabilidad exige que cada uno asumamos obligaciones con nosotros mismos, con nuestro entorno más cercano y con la sociedad en su conjunto. Pero lo que resulta válido para los individuos resulta también válido para las organizaciones, las instituciones, la clase política, los cuales también ha hecho dejación de sus responsabilidades. El resultado final de tanta irresponsabilidad, y sigo parafraseando a José María Lasalle,  ha sido un entorno en el que “el deber se ha erosionado, el ejercicio de la autoridad se ha vuelto más frágil y en el que se ha debilitado la ejemplaridad” de las conductas de todos pero también de aquellos que bebían de actuar como referente moral.

Lo que me parece de todas formas evidente es que ha sido la reiteración en conductas poco ejemplarizantes por parte de todos las causas que ha devenido en génesis de la situación de crisis en que estamos viviendo. Esta claro por tanto que vivimos una crisis económica que conlleva también la necesidad de modificar los “valores” y/o “paradigmas” sobre las que hemos diseñado nuestro entorno social.

Un contexto en el que es perentoria y urgente la necesidad de modificar los paradigmas que habíamos considerado como “reglas de oro” de nuestra existencia. Nuevos paradigmas y cambios de valores que necesitamos insertar en nuestra existencia si no deseamos seguir en crisis el resto de nuestras vidas y dejar a las generaciones futuras un mundo mucho mejor.


El fin del trabajo.

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El fin del trabajo.

El pasado viernes nos despertamos con las declaraciones realizadas por el Primer Ministro italiano Mario Monti en las que afirmaba que “los jóvenes se tienen que acostumbrar a la idea de no tener un puesto de trabajo fijo para toda la vida”, a las que posteriormente añadía: “Además, ¡Qué monotonía! Es mucho más bonito cambiar y aceptar nuevos desafíos”.

Aunque la segunda parte de su mensaje puede haber sido considerado improcedente y un tanto frívolo, lo que probablemente pretendía Monti, (que se sintió obligado posteriormente a hacer declaraciones aclaratorias), era expresar lo que muchos pensamos en el sentido de que todos (jóvenes y no tan jóvenes), debemos dejar de soñar con alcanzar un “trabajo de por vida”, y que este sueño esta chocando con la realidad actual y la que podemos visualizar a medio plazo.  Todo ello además en un contexto en el que tanto en su país Italia como en el nuestro estamos a la espera de las decisiones gubernamentales sobre la reforma laboral. Es muy probable que este tema fuera uno de los “trending topic” del día en la red.

En este contexto me ha parecido interesante releer algunos capítulos del libro de Jeremy Rifquin titulado “el fin del trabajo”.  Escrito en la década de los 90 (la edición española que he ojeado es del año 1996) el libro es muy interesante en la medida en que, hace ya 16 años, el autor anunciaba alguno de los impactos en el empleo que hoy estamos viviendo intensamente. Rifquin afirmaba que en los próximos años (no sé si se refería a los 16 que ya han trascurrido o unos cuantos menos o más) las nuevas y más sofisticadas tecnologías informáticas basadas en la información llevarían a nuestra civilización a situaciones cada vez más próximas a la desaparición del trabajo en la forma que todos hemos conocido desde la revolución industrial. Para Rifquin íbamos a entrar en un nuevo periodo al que denomina “la era de la información”. Esta era, que ya estamos viviendo realmente hoy, “se caracterizaría por el hecho de que la definición de oportunidades y de responsabilidades de millones de personas pertenecientes a una sociedad carente de empleo masivo podría convertirse en el elemento de presión social más importante del próximo siglo”.

Creo que es posible enlazar los comentarios (probablemente poco afortunados de Monti) con las ideas de Rifquin. Estamos iniciando una nueva etapa, que se caracterizará por la desaparición de lo que entendemos por “trabajo” en nuestra actual cultura socio-laboral. Entramos en un nuevo periodo en el que la forma de organización de las tareas y la relación entre empleados, organización del trabajo y empleadores, va a cambiar radicalmente y que supondrá, (lo está suponiendo ya) la desaparición de la mayoría de las tareas que (y sobre todo la forma en que éstas se realizan) que hemos conocido en los últimos 3 siglos.

Estamos viviendo en nuestra propia piel grandes cambios en las relaciones entre empresa-empleado. Cambios de carácter formal pero también psicológico. Simplificando, si hasta la última década del siglo XX, la relación de trabajo se basaba en el supuesto de que la organización cuidaba y era responsable de sus empleados, a los que intentaba garantizar continuidad en el empleo, hoy esta responsabilidad es inasumible. Las nuevas dinámicas organizacionales impuestas por la revolución tecnológica, la globalización, los nuevos paradigmas y la situación de cambio que supone la crisis que estamos viviendo plantean cambios sustanciales a conceptos como: tiempo de trabajo, permanencia y continuidad, compromiso, desarrollo, carrera profesional, etc.

Hoy la responsabilidad de sobre la trayectoria profesional se ha traspasado ya de las organizaciones en las que los profesionales “trabajan” (de forma exclusiva y permanente) a los propios individuos. Cada vez un número mayor de personas vamos a vivir entornos profesionales distintos a los del “trabajo” como tal en el concepto tradicional conocido por las anteriores generaciones. Entramos por tanto en una situación de intercambio donde el individuo es corresponsable de la competitividad de la compañía para la que presta servicios de formas muy diversas y complejas y gestor de su propia empleabilidad.

Todo ello supone evidente un cambio de paradigma. Rifkin nos propone en su libro la necesidad de necesidad de encontrar nuevas alternativas al concepto tradicional de trabajo a través de nuevas formas de generación de ingresos. “Ahora que progresivamente el valor del producto hecho por el hombre tiende a ser más insignificante e irrelevante, se deberán explorar nuevas formas de definir el valor de la persona y de las relaciones humanas”. Si no somos capaces de definir estos nuevos “valores” tenemos el riesgo de dirigirnos a un mundo polarizado en 3 ámbitos. De una parte una élite formada y capacitada que controlará y gestionará la economía, una conjunto de profesionales que tendrán la suerte de pertenecer, aunque siempre de forma temporal, al grupo de privilegiados que se dedicarán a poner en marcha los procesos e instrucciones emanadas de la élite y por último una masa de individuos, puros ejecutores, con pocas expectativas de futuro, y aún menos esperanzas de conseguir una trabajo aceptable en un mundo cada vez más automatizado.

No se si, como ya he indicado, han pasado suficientes años para que las previsiones de Rifkin se cumplan, pero me atrevo a afirmar, que más allá de la crisis puntual en la que actualmente estamos, las tendencias  que apuntaba se están consolidando y entre ellas los mecanismos de dualidad del mercado de trabajo entre: trabajos temporales y permanentes, empleos de calidad y subsidiarios, tipologías de trabajadores etc. No estoy convencido de que no tengamos más alternativas que las que hoy nos propone Monti, aunque si que estoy seguro que, si no buscamos nuevos paradigmas este es el mundo que nos tocará vivir el resto de nuestras vidas y el que vamos a transmitir a las nuevas generaciones.

 

 


Los Reyes Magos existen. Los Reyes Magos son de verdad.

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Los Reyes Magos existen. Los Reyes Magos son de verdad.

Hoy día 6 de Enero voy a publicar esta entrada con el texto que acaba de enviar Soymimarca en su newsletter de hoy. Desconozco quién es el autor, (de hecho mis colegas de Soymimarca tampoco lo citan), a pesar de lo que me parece un mensaje excelente para cerrar estos días de Navidad e inicio del nuevo año y para poner unas dosis de esperanza y de optimismo que nos ayuden a enfrentarnos con mejores ingredientes a lo que nos viene encima en este año que todo el mundo situa como de grandes dificultades.

Por cierto me ha parecido excelente el video insertado por Alfonso Alcantara en su blog en una entrada titulada “los reyes magos no tienen psicología”.  Aquí lo teneis:

Sigo con el texto publicado por soymimarca “Hoy es un día mágico en muchos países de raíces católicas, así que nos parece oportuno adjuntar este relato conmovedor que explica la historia de un padre afrontando la pregunta de su hija: ¿Existen los reyes magos?. La solución que brinda el padre roza la genialidad, y sin ninguna duda habla muy bien de la marca personal de este hombre. Os dejo con la historia. Y recordad, no la contéis hasta que os hagan “la pregunta”. Este post lo publicamos hace un año, pero dado su éxito de audiencia nos parece oportuno re-publicarlo”

Los Reyes Magos son verdad

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:

- ¿Papa? – Sí, hija, cuéntame

- Oye, quiero… que me digas la verdad

- Claro hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido

- Es que… -titubeó Cristina – Dime, hija, dime.

- Papá, ¿existen los Reyes Magos?

El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.

- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?

La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:

- ¿Y tú qué crees, hija?

- Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.

- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…

- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!

- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen

-respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.

- Entonces no lo entiendo, papá.

- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

-Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes.

- Melchor, dijo: ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.

- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:

- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito. Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?

- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.

- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.

- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.

- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios. Sí, claro, eso es fundamental – asistieron los tres Reyes. Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?.

- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.

- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres? Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:

- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:

- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado. Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:

-No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero. Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.


Reforma de la UE. Románticos o Depredadores.

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Reforma de la UE. Románticos o Depredadores.

Como de romántico o depredador podemos analizar y/o calificar el comportamiento de los ciudadanos y el conjunto de las instituciones sociales y económicas ante la actual situación de crisis.

Tengo en mis manos el dominical del periódico EL PAIS del pasado domingo 27 de Noviembre. En el releo dos artículos que me parecen excelentes. El primero es el de Paul Krugman titulado “románticos, crueles y aburridos” y el segundo de Antón Costas en el que reflexiona sobre los que denomina depredadores de la actual situación económica porque actúan como éstos ante una manada a la que desean atacar. Los depredadores, como todos sabemos, dirigen sus esfuerzos a atacar directamente a los miembros más débiles confiando que la manada no se revolverá para defender a uno de sus miembros.

Ambos artículos son excelentes y ayudan a clarificar la situación en la que vivimos. Por otra parte aunque escritos hace algunos días toman su sentido después de las decisiones de cambio o “refundación” (ya veremos) que han tomado los líderes de la UE en estos últimos días. Podríamos decir que la actitud inglesa (probablemente legítima y defendible) de no aceptar el nuevo tratado tiene mucho que ver con la actitud de un depredador. Faltaría saber que opinaríamos todos los españoles si nos encontráramos en la situación del Reino Unido. Dejémonos de romanticismo, las decisiones económicas no se toman, normalmente, por romanticismo.

En el primero de los articulos se plantea una hipótesis en la que estoy totalmente de acuerdo. La marcha de Europa hasta una moneda común fue una decisión romántica y bien intencionada que precisaba o presuponía unas virtudes en el comportamiento colectivo y la existencia de un determinado liderazgo. Ninguna de las dos cosas se ha cumplido como estamos lamentablemente constatando. Respecto a los comportamientos está claro que estos podían haber sido manifiestamente mejorables y que tampoco hemos “gozado” del liderazgo requerido. Para que consigamos funcionar necesitamos homologar las políticas económicas, fiscales y laborales, definir un liderazgo, y crear herramientas y normas que permitan imponer sanciones y castigos a los que no cumplan la normativa ni sean virtuosos.

Algo parece haberse avanzado en este ámbito con los últimos acuerdos. Veremos en la letra pequeña del acuerdo. No sería la primera vez que se toman acuerdos “por romanticismo” o voluntaristas que finalmente se convierten en papel mojado.

Cada vez estoy más convencido de que la única solución pasa por un modelo más integrado, más intervencionista y por trasvasar capacidad política a los órganos europeos (que en todo caso precisarían algún tipo de reforma y de reestructuración que eviten duplicidades y reduzca las ineficiencias) unido a medidas incentivadoras que resuelvan los graves problemas que sufrimos y en particular el gran problema del desempleo.

Sin embargo no podemos olvidarnos de que los depredadores siguen ahí “analizando la manada” (en la excelente visión planteada por Antón Costas)  esperando al momento de atacar a los más débiles sí estos no son apoyados o soportados por los líderes y/o más fuertes. Y no nos olvidemos que todos somos también depredadores cuando intervenimos económicamente defiendo nuestros intereses particulares.


Gestión pública, Reformas y Prioridades.

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Gestión pública, Reformas y Prioridades.

El próximo gobierno, aunque todavía desconocemos su composición, va a enfrentarse en una de sus primeras decisiones ante la necesidad de implantar una estrategia de recortes y racionalidad en el gasto público. Estoy convencido además de que no se ha tocado techo en las estadísticas de desempleo, y que el crecimiento que se producirá en los próximos meses tendrá que ver con la reestructuración a realizar en los ámbitos vinculados a la administración pública. En todo caso es posible que, como ha ocurrido en Catalunya la gestión de tales recortes, al margen de que suponga alguna conflictividad social, sea aceptada y entendida por los ciudadanos como se ha mostrado en la última convocatoria electoral.  

Supongo que a nadie puede sorprender el dato de que nuestro país es el único de la UE en el que subsisten niveles de descentralización territorial probablemente sin justificación lógica en materias como por ejemplo la sanidad y el empleo, en paralelo a elementos de gestión centralizada sin ningún sentido. Un ejemplo: todavía tenemos un modelo en el que la gestión de los aeropuertos y la del control aéreo esta centralizada en un único ente mientras que en la mayoría de los países europeos y en particular los más avanzados han optado por fórmulas de gestión individualizada de cada uno de los aeropuertos.

Hemos construido un modelo con muchas contradicciones. A pesar del desarrollo autonómico y de la descentralización realizada en los últimos años siguen vigentes en nuestro entorno un sistema administrativo basado en la estructura de una red de “cuerpos centrales de funcionarios”  poco justificables en muchos ámbitos.

Aunque nadie presta mucha atención a este hecho estoy totalmente de acuerdo con lo que Germá Bel manifestaba recientemente en un artículo en La Vanguardia en el sentido de que una de las reformas más difíciles de abordar será la que afecte a determinados entes corporativos funcionariales que son los que “han sido los transmisores intergeneracionales del ADN programático del modelo nacional” en un intento de construir en nuestro país un modelo de gestión “formalmente descentralizada” pero que en la que en la práctica se sustenta en la defensa de los intereses de unos cuerpos funcionariales que interpretan lo público y lo de interés general muchas veces en base a sus preocupaciones particulares. Y en esta tipología de “cuerpo” probablemente deberíamos también incluir a la clase política.

Tengo dudas más que razonables de que seamos capaces de cambiar este modelo, por lo menos a corto plazo. Cuando estamos en el proceso de constitución del nuevo parlamento y en la fase del traspaso de poderes, cundo en estos días recordamos el caos generado en el tráfico aéreo (hace ahora un año como consecuencia de la huelga de los controladores aéreos), cuando todo el mundo vaticina que no hemos tocado el suelo en el tema del desempleo, no parece que, insisto por lo menos a corto plazo, seamos capaces de plantearnos y proponernos cambiar un modelo que se fundamenta en el respeto a los “derechos adquiridos” de un conjunto de colectivos “intocables”.

En línea a lo publicado en mi nota anterior, de la misma forma que la próxima reforma laboral va a poner “en cuestión” el principio de los derechos adquiridos en el ámbito de las relaciones laborales, es preciso que nos planteemos la necesidad de reformar un modelo de administración que responde más a los principios del siglo XIX que a los del XXI. Aunque desde el punto de vista gráfico no existen grandes diferencias entre XIX y XXI (básicamente la distinta colocación de dos signos) no creo que sea necesario destacar que han transcurrido más de 100 años y por tanto como mínimo 4 generaciones.

Es hora de que empecemos a tomar decisiones sobre la gestión de lo público y que tomemos en consideración la importancia de la eficiencia en la gestión de los recursos. No podemos seguir afirmando que fuimos un modelo en el uso racional de los recursos del FSE si realmente demostramos que usamos tales recursos de forma ineficiente e inadecuada. No podemos al mismo tiempo dar lecciones de modernidad (ave) y el mismo tiempo mostrar signos claros de gestión ineficiente estableciendo líneas ferroviarias sin sentido (por el número de usuarios) y planificando instalaciones aeroportuarias que nadie va a utilizar y que no tienen ninguna legitimación racional. Resulta imprescindible en este como en otros muchos temas “coger el toro por los cuernos” si no queremos estar abocados a formar parte de una “tercera división” en el reparto de la nueva liga mundial.

Alguien con una posición profesional muy reconocida en el conjunto del Estado, en un acto empresarial reciente en Catalunya, (en presencia del  Conseller de Finanzas de la Generalitat) afirmaba, hace pocos días, que era necesario replantearse un modelo en el que un 80% de los ciudadanos (que estamos viendo además como todo está modificándose) debemos de seguir sufragando con nuestros impuestos un modelo administrativo, un modelo de gestión pública, obsoleto, ineficiente y que nadie puede tocar. Hoy mismo el profesor Joaquin Muns en la Vanguardia, en un artículo titulado “El Sr, Rajoy debe de ser valiente” expresa claramente la necesidad de una reforma de la administración y de los nuevos roles que todos debemos de asumir ( refiriéndose abiertamente a la política y a la sindical).

Otro ejemplo. No he sido capaz de ver ningún análisis profundo de nuestra clase política sobre la necesidad de reforma del senado, (cuando no directamente su abolición). Casi nadie ha mencionado, por lo menos en los medios de comunicación generalistas, el impacto de los índices de abstención, voto blanco o nulo, en la elecciones a dicha cámara que sin ningún género de dudas no han sido más que una muestra del descontento e “indignación” ciudadana sobre la gestión de lo público, en este caso representada en una institución que no tiene hoy ninguna credibilidad y es cuando menos prescindible.

Espero del próximo gobierno la firmeza y el esfuerzo para poner en marcha las reformas estructurales que nuestro país precisa y que no pueden únicamente centrarse en recortes del gasto y en modificaciones de nuestro modelo de relaciones laborales. Hay otras muchas cosas que es necesario hacer y que no pueden retrasarse.  Aunque el hecho de que el PP tenga mayoría absoluta en el parlamento puede no beneficiar al consenso, espero que tenga la clarividencia de proponer reformas sólidas y consistentes y de que además sea capaz de llevarlas a cabo de forma negociada. Necesitamos una reedición de los Pactos de la Moncloa, estoy realmente convencido de ello.

Un acuerdo de esta naturaleza, con cambios reales y sacrificios repartidos por todos, adecuadamente gestionado internamente, y con una buena comercialización externa,  nos daría una fuerza moral suficiente para defender mejor nuestros intereses en la UE y en el conjunto del contexto internacional. La contestación y el conflicto social, difícilmente evitable, quedaría minimizado por un gran acuerdo político que volviera a dar valor a “nuestra marca” y una credibilidad de país serio y con liderazgo que necesitamos urgentemente. Estamos compitiendo en los mercados internacionales por recursos limitados y en esta competencia no sólo debemos mostrar lo que somos capaces de hacer sino también hacerlo de forma unida y consensuada.

No se trata tan solo de formar parte, aunque con el estatus de invitado en el G20, se trata de hacer las cosas bien, de corregir lo que no funciona, de tomar decisiones y de mostrar al mundo que somos un país serio que es capaz de corregir sus problemas, adoptar soluciones, con el mínimo ruido posible, y de una forma adulta y democrática. Por lo menos creo que estamos dando un buen ejemplo en estos momentos de transición en la gestión pública frente a otros que no pueden mostrar nuestras credenciales pero, en general, podríamos hacerlo mucho mejor. Debemos ser mucho más exigentes con nosotros mismos. Nos esperan sacrificios pero estos se superarán más fácilmente si son compartidos. Es conveniente recordar, ahora, el ejemplo de madurez y sentido común, que los ciudadanos catalanes hemos dado en las elecciones del 20 de Noviembre, y estoy convencido de que en esto (los catalanes) no somos tan diferentes del resto de ciudadanos del conjunto del Estado.

Espero que el nuevo gobierno tome decisiones, las tome rápidamente y que estas sean acertadas. Y éstas no deben de ir sólo en términos de recorte de gasto. Hay que recortar, corregir ineficiencias en la gestión pública, sí, pero en paralelo hay que ayudar al desarrollo de la economía productiva. No soy especialista en finanzas ni en economía y no sé si es bueno o malo crear una estructura financiera específica que englobe a todos los activos tóxicos de la banca, pero lo que es cierto es que el modelo económico valenciano no era sostenible, (lo hemos visto por lo ocurrido con su sector financiero) pero también que es necesario impulsar e incentivar a la pyme y a los emprendedores y para ello debe de fluir el crédito. Si ello exige una mayor limpieza y un mayor control del sistema financiero, hágase.

Creo que el conjunto de los ciudadanos esperamos mucho más de nuestros líderes, y creo también que, si éstos no nos responden, tenemos el riesgo de que a corto plazo entremos en una situación que ponga en cuestión el modelo de convivencia del que nos dotamos hace ya 35 años. Un modelo que es posible y necesario reformar pero que creo conviene, en sus fundamentos esenciales, mantener.

 


Santa Rita. Lo que se da no se quita.

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Santa Rita. Lo que se da no se quita.

Estuve el martes pasado en el coctel de entrega de los premios de Expansión y Empleo a la innovación en los RRHH, un acto que se ha consolidado como la referencia en la gestión de personas en nuestro país. En relación a los aspectos formales del mismo quisiera destacar las palabras que pronunció en la clausura del acto Juan Antonio Sagardoy, haciendo mención a los elementos claves de la reforma laboral que el nuevo Ejecutivo que salga de las elecciones de hoy tendrá que llevar a cabo. Sí o sí.

Cree el profesor Sagardoy que el cambio fundamental que necesitamos poner en marcha en la normativa laboral es el replanteamiento y la revisión del principio hasta ahora inmutable de los “derechos adquiridos”. Este principio que el resume con la frase “Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita” ha sido, como sabemos, uno de los fundamentos del derecho del trabajo. Propone que lo pongamos claramente en cuestión y revisión con objeto de que las empresas, de forma negociada evidentemente, tuvieran la capacidad de adaptar (con respeto en todo caso a unos principios mínimos) las condiciones laborales a la situación del mercado, desarrollar criterios de flexibilidad, y permitir que el cambio y la adaptación se instalen definitivamente en nuestro modelo de relaciones laborales.

Os prometo no volver a escribir por algún tiempo sobre reforma laboral, y esperar en todo a analizar lo que va a hacer el nuevo Ejecutivo, salido del proceso electoral. Aquí deseo referirme a lo manifestado por Fernando Eguidazu expresada en Expansión el pasado 16. “De todas las reformas estructurales que se vienen reclamando a nuestro país para posibilitar el crecimiento, la reforma laboral es la más demandada. Hasta el punto de que difícilmente el nuevo Gobierno será creíble sin no hace una reforma laboral seria.”. Y yo añadiría además rápidamente.

En este mes de Noviembre, cuando estamos en cifras de prima de riesgo que en otras circunstancias nos hubiesen llevado a una situación similar a la de Grecia (intervención europea), me gustaría terminar el bloque de reflexiones que he desarrollado en el último año en mi blog www.pauhortal.net con una serie de propuestas sobre lo que probablemente todos convendremos que debería ser una reforma laboral necesaria pero probablemente imposible.

Estamos todos de acuerdo (aunque partamos de perspectivas ideológicas  distintas) que la legislación laboral no crea por sí sola empleo. Sin embargo a partir de este punto de consenso surgen las divergencias. Hay quien opina que no debe tocarse nada o solamente hacer pequeños retoques y que los momentos de crisis no han de ser “momentos de mudanza”, mientras en el otro extremos somos muchos los convencidos de que la tipología de la normativa laboral española es probablemente causa relevante (aunque no sea la única) del incremento del desempleo como consecuencia de la crisis.

Aunque no sea la causa fundamental una normativa laboral puede favorecer o entorpecer el mantenimiento y el crecimiento del empleo. Está claro por lo demás que a pesar de los esfuerzos desarrollados las “reformas” realizadas hasta la fecha no han sido, probablemente, las adecuadas ya que no han atacado los fundamentos perversos de la situación actual, con lo que los resultados han sido claramente desalentadores. El futuro del empleo en nuestro país, su nivel, el mantenimiento o no de nuestra posición “de liderazgo” en los ranking de desempleo dependerá del rumbo que tomen las relaciones laborales en estos momentos de cambio. Es probable que de la reforma que seamos capaces de diseñar y aplicar, dependerá en buena medida la creación de riqueza y su distribución en los próximos años, y sobre todo, en el momento en que la crisis actual sea superada.

Como afirma de forma repetida Federico Durán, “el cambio del modelo económico hubiera exigido hace ya tiempo, modificaciones sustanciales en el marco jurídico regulador de las relaciones laborales”. Necesitamos un nuevo modelo de relaciones laborales que se adapte a las nuevas circunstancias económicas y sociales. Sin embargo  “seguimos pensando con la mentalidad del pasado”.

José Maria Fidalgo ha lamentado reciente el tiempo perdido “que durante un año no se haya hablado en serio, ni se hayan planteado cuestiones importantes como las alertas que nos plantean las perspectivas demográficas y económicas para los próximos años. El mundo dentro de 20 años va a ser muy diferente. En 2020, por ejemplo, los países emergentes compondrán el 54% de la economía mundial”. Nuestro mayor error ha sido no reconocer nuestra situación y consecuentemente no explicar esta situación a los ciudadanos. “Es imposible que si nadie se cree el futuro, participe activamente en promover reformas, porque la condición humana es acomodaticia y conservadora”

Hay quien ha denominado “reforma laboral imposible” a aquella que probablemente nos permitiría entrar con buen pié en la nueva era compleja y difícil que estamos viviendo. La nueva regulación debería permitir a todos los actores tener un comportamiento mucho más equiparable al que tienen en el resto de economías de nuestro entorno. En todo caso algo debemos de hacer para evitar nuestra presencia en los mejores puestos del ranking estadístico sobre desempleo global, (y particularmente juvenil) y los volúmenes de destrucción de empleo.

Lo que necesitamos es un cambio en el modelo de relaciones laborales con cambios sustanciales en algunos de los “tabús o conceptos inamovibles” que consideramos básicos en el modelo social de mercado, empezando por el principio de los “derechos adquiridos”. Cambios que suponen una  reforma laboral necesaria pero impopular, y que exige un cambio radical en algunos comportamientos que hoy, lamentablemente, están muy instalados en nuestro modelo social. He aquí alguna de ellas.

  •  Un nuevo modelo cultural que nos lleva a no considerar el trabajo y el empleo como un “derecho adquirido”. Nadie nos debe un trabajo. El trabajo/empleo es un derecho constitucional pero al mismo tiempo no es algo consustancial al que todos tenemos derecho sin esfuerzo (y al que si no podemos alcanzarlo lo sustituimos por el derecho a una prestación económica).
  • La empleabilidad es una responsabilidad esencial de cada persona. Es imprescindible que desarrollemos de forma permanente nuestras capacidades, nuestra involucración, y el compromiso con nosotros mismos. Es cada persona la que tiene que hacer el esfuerzo por desarrollar sus capacidades, por adaptarlas a las necesidades presentes y futuras del mercado de trabajo.
  • Los “derechos sociales”, no van a ser en el futuro conquistas irrenunciables. Al margen de que el Estado pueda garantizar un mínimo de subsistencia de carácter temporal la obligación de cada individuo es la de asumir la responsabilidad sobre sí mismo.
  • Las indemnizaciones vinculadas a la antigüedad en la empresa son una idea a replantearse. No es importante tanto la cifra que proceda, aunque esta deba reducirse e equipararse con el resto de normativas europeas, con un replanteamiento de los términos de computo. El despido de cualquier trabajador debería fundamentarse en un concepto tasado, definido y equitativo para el conjunto de los trabajadores. Otra cosa es que esta situación genere derechos diferentes en función de un sistema de capitalización individual sobre la base de la capitalización que pueda efectuarse individualmente en base a lo que se denomina “modelo austríaco”.
  • Un modelo de contratación simple y comprensible de carácter indefinido pero con posibilidad de “divorcio”. La relación laboral debe de mantenerse en la medida de que las partes estén satisfechas. Si por alguna razón una de las partes deja de estarlo, el contrato debe poder romperse, de forma clara, diáfana y previsible.  
  • La protección social debe de estar condicionada al esfuerzo que realice el perceptor para acceder de nuevo a un empleo. Las prestaciones deben de ser un incentivo para buscar trabajo cuanto antes y deben de suponer incentivos para ello.
  • La redefinición del rol de las organizaciones sindicales y empresariales, su financiación y cambios en el modelo de negociación colectiva. El modelo actual es francamente perverso. Presupone que estas organizaciones estén mucho más preocupadas por mantener el “status quo” que por atacar en profundidad los problemas con los que nos enfrentamos.

Hasta aquí algunas de las modificaciones que son, desde mi punto de vista necesarias de implementación inmediata. Y si ello supone repetir el modelo de “Pactos de la Moncloa”, hágase. Son reformas claramente complejas, que suponen cambiar los hábitos que se han instalado en nuestra cultura social pero que son necesariamente imprescindibles y que deben abordarse lo más pronto posible. Cambios que deben de hacerse, evidentemente, de forma negociada con los interlocutores sociales, pero que no deben supeditarse a tal acuerdo. El parlamento debería en este caso asumir su responsabilidad.

Si a estas reformas de calado y a las que he denominado “imposibles” les unimos cambios de carácter más simple como: la eliminación total del recurso al acceso a las prejubilaciones con cargo a los fondos públicos, la introducción de incentivos a la contratación juvenil, mayor flexibilidad en la negociación colectiva y la consolidación del modelo competitivo en la gestión del empleo –que evidentemente también son necesarias- seremos capaces de dotarnos de una normativa mucho más adaptada a la nueva realidad en la que estamos entrando y superar los graves problemas de los que adolece nuestro mercado de trabajo.

Me pregunto si el próximo Ejecutivo tendrá la voluntad y la capacidad para llevarla a cabo.


Elecciones, Reformas Estructurales y Movimiento del 15-M

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Elecciones, Reformas Estructurales y Movimiento del 15-M

Estoy convencido de que la causa última del movimiento de los “indignados” no ha sido otra que la situación que hace que un 40% de los jóvenes españoles menores de 30 años se encuentren en situación de desempleo. Por tanto creo que hay una relación directa entre los niveles de desempleo y el llamado movimiento del 15-M. 

En junio de este año escribí que el movimiento puede analizarse como la respuesta de una parte de nuestros jóvenes (los nacidos después del cambio político del 76) a la situación de pocas perspectivas en las que están viviendo y a la pérdida de oportunidades y de desarrollo. Igualmente me manifestaba incapaz de predecir que iba a ocurrir con el movimiento y si iba a suponer algún nuevo referente electoral.

Lo que unos meses después, a una semana de las elecciones del 20 de Noviembre, sabemos es que de una parte el movimiento se ha “difuminado” y que probablemente Izquierda Unida y algunas otras fuerzas políticas extraparlamentarias intentan recoger en sus programas algunas de las ideas surgidas en él. Por lo demás estamos todos tan preocupados por la crisis, la prima de riesgo, las reacciones de los mercados, etc que parece como si estuviéramos sin ninguna capacidad de reacción.

Mientras tanto, y a la espera de un triunfo más que previsible por parte del Partido Popular, no se han resuelto ninguno de los problemas planteados por el movimiento. Y entre ellos el hecho de que sigamos con índices de desempleo totalmente fuera de control y con una generación “la que se ha llamado generación NINI” en una situación de marginación, con pocas perspectivas sociales y económica, amparados en un ámbito familiar que les da cobijo, pero sin que muchos de ellos desarrollen ningún tipo de actividad. Ni trabajo ni estudio

Conviene recordar ahora, y sería fundamental que el próximo gobierno lo tomara en consideración, que lo que hace el movimiento del 15-M es poner “sobre la mesa” muchos de los temas pendientes de resolución en nuestra joven democracia, forzar el análisis y el debate y exigirnos a todos un determinado posicionamiento. La crisis ha colaborado en poner al descubierto una serie de perversidades de nuestro modelo de convivencia y hacer más evidentes una serie de cambios de carácter estructural que creo que son totalmente necesarios abordar en los próximos meses.

Algunos de estos cambios estructurales van a exigir nuevas modificaciones del marco constitucional. Aunque la norma del año 78, sea todavía relativamente joven, y probablemente goza de buena salud, necesita algunas medidas de adaptación a una realidad que hoy en muchos aspectos es tremendamente diferente a la de hace 35 años. Y no se me diga ahora que no es posible reformar la constitución después de lo ocurrido hace unos meses con el techo de gasto de las administraciones públicas.

Hemos cambiado mucho desde el año 1978. Y aunque somos incapaces de percibir estos cambios en su real magnitud porque resulta que hemos vivido con ellos y nos hemos ido adaptando paulatinamente, lo cierto es que aunque probablemente nuestra generación sea la primera que ha tenido la suerte de no tener que vivir un conflicto bélico, en contrapartida, hemos tenido que “sufrir”  los cambios más rápidos en los modelos vitales en una generación, con las consiguientes adaptaciones, tensiones y conflictos personales y sociales que ello supone.

He aquí los cambios que considero deberían de llevarse a cabo en nuestro marco de convivencia para no perdernos y seguir avanzando. Algunos de ellos  probablemente exigen modificaciones de nuestro texto constitucional, otros, no obstante, podrían y deberían implementarse sin necesidad de reformar la ley básica. Y no me refiero evidentemente a las modificaciones constitucionales que llevan algunos años ya, en el debate político y social, y que en algún momento habrá que abordar como son: permitir a una mujer tener el mismo derecho que un varón a acceder a la jefatura del estado, la reforma o desaparición del senado, y la incorporación del modelo autonómico en el texto constitucional. Las reformas,en línea a lo planteado por el movimiento del 15 de Mayo, serían las siguientes:

La primera sería la “Democratización de las estructuras de representación y participación pública”. Listas abiertas, desaparición de los grupos “mixtos” aunque con un castigo real al transfuguismo político, reducción de la cuota del 5% para acceder al reparto de escaños, mayor equilibrio en la relación entre votos y escaños etc, son medidas que sin duda ayudarían a democratizar la vida pública y a minimizar el control que hoy ejercen los dos grandes partidos políticos presentes en nuestro país. Probablemente harían “la gobernabilidad” algo más difícil pero democratizarían la representación política.

Recuerdo en este momento la referencia que hacía recientemente sobre las barreras de entrada en nuestros mercados (basándome en argumentos de Eduard Punset) y sobre el control que se ejerce en el mercado de la política. No parece razonable mantener el status actual ni mucho menos  no plantearse cambios que son absolutamente imprescindibles. Han ocurrido muchas cosas desde el año 1978 y nuestra vida ha cambiado radicalmente. Por otra parte, algunos de los riesgos que estaban claramente presentes en ese momento, hoy claramente no existen.

La segunda que debería abordarse es la de “Un nuevo marco para el entorno judicial”. Lo ocurrido en el tribunal constitucional al respecto del proceso de elección de sus miembros es una muestra de algo que precisa una urgente reforma.  Tenemos un sistema teóricamente independiente pero que en la práctica está claramente controlado por los dos grandes partidos políticos. Igualmente existen otro conjunto de aspectos en el funcionamiento de nuestro sistema judicial que no parecen ser los más apropiados para dar respuesta a las necesidades de hoy. Tengo la impresión (y creo que está es mayoritariamente compartida por muchos) de que así como en los últimos años, como consecuencia de nuestra participación en los conflictos internacionales, ha entrado mucho “aire fresco” en el ejército (que hoy no es percibido como un problema sino todo lo contrario) falta mucho cambio en la estructura de nuestro modelo judicial.

La tercera sería la de “Cambios en el modelo de gestión pública”. Lo que está ocurriendo en el ámbito autonómico con el proceso de cambio político resultante de las elecciones de Junio y las acusaciones de “los nuevos” sobre determinados despilfarros económicos es una muestra de la falta de rigor y de que están fallando los mecanismos de control sobre el gasto en el conjunto del sector público.

La revisión de la duplicidad de competencias, de órganos, de plantillas es absolutamente imprescindible y una demanda social claramente reafirmada y consolidada.  Aunque estoy convencido de que no tenemos, con alguna excepción que no deja de confirmar la norma general, un ámbito de corrupción relevante en nuestro sector público muchas cosas podemos y debemos hacer también es este ámbito. Probablemente se debería replantear algunos de los privilegios en términos de pensiones y de otros “beneficios sociales” de los que gozan los miembros de la clase política.

La cuarta referida al ámbito económico podría titularse “Apoyo a la economía productiva”. Voy a extenderme muy poco sobre este punto dado que ya he escrito sobre él en otras entradas de mi blog. En todo caso lo realmente relevante es que todos seamos conscientes de que hemos entrado en un nuevo ciclo en el que al margen de no poder “ni por asombro” repetir comportamientos que han sido las claves del ciclo anterior, no vamos a ser ni la sombra de lo que nos prometíamos ser. Flexibilidad, cambio, impulso a las actividades de valor añadido, potenciar aquello en lo que somos realmente fuertes y olvidarnos de experiencias anteriores son cuestiones absolutamente imprescindibles.

Seamos conscientes de que la crisis además ha llegado en el momento en que empezamos a perder el apoyo que han supuesto para nosotros dos décadas de entradas importantes de fondos europeos. Necesitamos adaptarnos y cambiar nuestro modelo económico si no queremos, no tan sólo no estar en una posición de liderazgo, sino situarnos en un nivel económico equivalente a lo que podríamos describir 2ªB, utilizando un símil futbolístico.

El último gran cambio debería tener que tomar en consideración nuestro sistema educativo. Último o primero pero en todo caso fundamento de todo lo demás. Necesitamos imprescindiblemente “Redefinir las bases de nuestro sistema educativo”. Aunque debo reconocer mi falta de capacidad en este ámbito (sólo me posiciono en base al sentido común), creo que es necesario y absolutamente imprescindible plantearse la validez de un modelo que es cuestionado por casi todo el mundo, que nos coloca en términos de calidad muy por debajo del lugar que teóricamente debería de correspondernos en un ranking de las diferentes naciones e introducir modelos de discriminación positiva en el sistema parecidos a los que hemos implantado en el ámbito del deporte con los excelentes resultados por todos conocidos.

Se trata una vez más de tomar en consideración aquello de que es mucho mejor potenciar nuestros puntos fuertes y olvidarnos de los débiles. Esto puede, en el ámbito educativo, ser tildado de poco democrático o inclusive “fascista” pero bajo todos los controles que sean necesarios es el camino por donde, necesariamente, vamos a tener que ir.

 Necesitamos cambios estructurales. Si estos se producen bienvenido sea el movimiento del 15-M. Para terminar sólo desear que el gobierno que surja después del proceso electoral del próximo domingo tenga éxito. Será el de todos.


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