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Santa Rita. Lo que se da no se quita.

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Santa Rita. Lo que se da no se quita.

Estuve el martes pasado en el coctel de entrega de los premios de Expansión y Empleo a la innovación en los RRHH, un acto que se ha consolidado como la referencia en la gestión de personas en nuestro país. En relación a los aspectos formales del mismo quisiera destacar las palabras que pronunció en la clausura del acto Juan Antonio Sagardoy, haciendo mención a los elementos claves de la reforma laboral que el nuevo Ejecutivo que salga de las elecciones de hoy tendrá que llevar a cabo. Sí o sí.

Cree el profesor Sagardoy que el cambio fundamental que necesitamos poner en marcha en la normativa laboral es el replanteamiento y la revisión del principio hasta ahora inmutable de los “derechos adquiridos”. Este principio que el resume con la frase “Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita” ha sido, como sabemos, uno de los fundamentos del derecho del trabajo. Propone que lo pongamos claramente en cuestión y revisión con objeto de que las empresas, de forma negociada evidentemente, tuvieran la capacidad de adaptar (con respeto en todo caso a unos principios mínimos) las condiciones laborales a la situación del mercado, desarrollar criterios de flexibilidad, y permitir que el cambio y la adaptación se instalen definitivamente en nuestro modelo de relaciones laborales.

Os prometo no volver a escribir por algún tiempo sobre reforma laboral, y esperar en todo a analizar lo que va a hacer el nuevo Ejecutivo, salido del proceso electoral. Aquí deseo referirme a lo manifestado por Fernando Eguidazu expresada en Expansión el pasado 16. “De todas las reformas estructurales que se vienen reclamando a nuestro país para posibilitar el crecimiento, la reforma laboral es la más demandada. Hasta el punto de que difícilmente el nuevo Gobierno será creíble sin no hace una reforma laboral seria.”. Y yo añadiría además rápidamente.

En este mes de Noviembre, cuando estamos en cifras de prima de riesgo que en otras circunstancias nos hubiesen llevado a una situación similar a la de Grecia (intervención europea), me gustaría terminar el bloque de reflexiones que he desarrollado en el último año en mi blog www.pauhortal.net con una serie de propuestas sobre lo que probablemente todos convendremos que debería ser una reforma laboral necesaria pero probablemente imposible.

Estamos todos de acuerdo (aunque partamos de perspectivas ideológicas  distintas) que la legislación laboral no crea por sí sola empleo. Sin embargo a partir de este punto de consenso surgen las divergencias. Hay quien opina que no debe tocarse nada o solamente hacer pequeños retoques y que los momentos de crisis no han de ser “momentos de mudanza”, mientras en el otro extremos somos muchos los convencidos de que la tipología de la normativa laboral española es probablemente causa relevante (aunque no sea la única) del incremento del desempleo como consecuencia de la crisis.

Aunque no sea la causa fundamental una normativa laboral puede favorecer o entorpecer el mantenimiento y el crecimiento del empleo. Está claro por lo demás que a pesar de los esfuerzos desarrollados las “reformas” realizadas hasta la fecha no han sido, probablemente, las adecuadas ya que no han atacado los fundamentos perversos de la situación actual, con lo que los resultados han sido claramente desalentadores. El futuro del empleo en nuestro país, su nivel, el mantenimiento o no de nuestra posición “de liderazgo” en los ranking de desempleo dependerá del rumbo que tomen las relaciones laborales en estos momentos de cambio. Es probable que de la reforma que seamos capaces de diseñar y aplicar, dependerá en buena medida la creación de riqueza y su distribución en los próximos años, y sobre todo, en el momento en que la crisis actual sea superada.

Como afirma de forma repetida Federico Durán, “el cambio del modelo económico hubiera exigido hace ya tiempo, modificaciones sustanciales en el marco jurídico regulador de las relaciones laborales”. Necesitamos un nuevo modelo de relaciones laborales que se adapte a las nuevas circunstancias económicas y sociales. Sin embargo  “seguimos pensando con la mentalidad del pasado”.

José Maria Fidalgo ha lamentado reciente el tiempo perdido “que durante un año no se haya hablado en serio, ni se hayan planteado cuestiones importantes como las alertas que nos plantean las perspectivas demográficas y económicas para los próximos años. El mundo dentro de 20 años va a ser muy diferente. En 2020, por ejemplo, los países emergentes compondrán el 54% de la economía mundial”. Nuestro mayor error ha sido no reconocer nuestra situación y consecuentemente no explicar esta situación a los ciudadanos. “Es imposible que si nadie se cree el futuro, participe activamente en promover reformas, porque la condición humana es acomodaticia y conservadora”

Hay quien ha denominado “reforma laboral imposible” a aquella que probablemente nos permitiría entrar con buen pié en la nueva era compleja y difícil que estamos viviendo. La nueva regulación debería permitir a todos los actores tener un comportamiento mucho más equiparable al que tienen en el resto de economías de nuestro entorno. En todo caso algo debemos de hacer para evitar nuestra presencia en los mejores puestos del ranking estadístico sobre desempleo global, (y particularmente juvenil) y los volúmenes de destrucción de empleo.

Lo que necesitamos es un cambio en el modelo de relaciones laborales con cambios sustanciales en algunos de los “tabús o conceptos inamovibles” que consideramos básicos en el modelo social de mercado, empezando por el principio de los “derechos adquiridos”. Cambios que suponen una  reforma laboral necesaria pero impopular, y que exige un cambio radical en algunos comportamientos que hoy, lamentablemente, están muy instalados en nuestro modelo social. He aquí alguna de ellas.

  •  Un nuevo modelo cultural que nos lleva a no considerar el trabajo y el empleo como un “derecho adquirido”. Nadie nos debe un trabajo. El trabajo/empleo es un derecho constitucional pero al mismo tiempo no es algo consustancial al que todos tenemos derecho sin esfuerzo (y al que si no podemos alcanzarlo lo sustituimos por el derecho a una prestación económica).
  • La empleabilidad es una responsabilidad esencial de cada persona. Es imprescindible que desarrollemos de forma permanente nuestras capacidades, nuestra involucración, y el compromiso con nosotros mismos. Es cada persona la que tiene que hacer el esfuerzo por desarrollar sus capacidades, por adaptarlas a las necesidades presentes y futuras del mercado de trabajo.
  • Los “derechos sociales”, no van a ser en el futuro conquistas irrenunciables. Al margen de que el Estado pueda garantizar un mínimo de subsistencia de carácter temporal la obligación de cada individuo es la de asumir la responsabilidad sobre sí mismo.
  • Las indemnizaciones vinculadas a la antigüedad en la empresa son una idea a replantearse. No es importante tanto la cifra que proceda, aunque esta deba reducirse e equipararse con el resto de normativas europeas, con un replanteamiento de los términos de computo. El despido de cualquier trabajador debería fundamentarse en un concepto tasado, definido y equitativo para el conjunto de los trabajadores. Otra cosa es que esta situación genere derechos diferentes en función de un sistema de capitalización individual sobre la base de la capitalización que pueda efectuarse individualmente en base a lo que se denomina “modelo austríaco”.
  • Un modelo de contratación simple y comprensible de carácter indefinido pero con posibilidad de “divorcio”. La relación laboral debe de mantenerse en la medida de que las partes estén satisfechas. Si por alguna razón una de las partes deja de estarlo, el contrato debe poder romperse, de forma clara, diáfana y previsible.  
  • La protección social debe de estar condicionada al esfuerzo que realice el perceptor para acceder de nuevo a un empleo. Las prestaciones deben de ser un incentivo para buscar trabajo cuanto antes y deben de suponer incentivos para ello.
  • La redefinición del rol de las organizaciones sindicales y empresariales, su financiación y cambios en el modelo de negociación colectiva. El modelo actual es francamente perverso. Presupone que estas organizaciones estén mucho más preocupadas por mantener el “status quo” que por atacar en profundidad los problemas con los que nos enfrentamos.

Hasta aquí algunas de las modificaciones que son, desde mi punto de vista necesarias de implementación inmediata. Y si ello supone repetir el modelo de “Pactos de la Moncloa”, hágase. Son reformas claramente complejas, que suponen cambiar los hábitos que se han instalado en nuestra cultura social pero que son necesariamente imprescindibles y que deben abordarse lo más pronto posible. Cambios que deben de hacerse, evidentemente, de forma negociada con los interlocutores sociales, pero que no deben supeditarse a tal acuerdo. El parlamento debería en este caso asumir su responsabilidad.

Si a estas reformas de calado y a las que he denominado “imposibles” les unimos cambios de carácter más simple como: la eliminación total del recurso al acceso a las prejubilaciones con cargo a los fondos públicos, la introducción de incentivos a la contratación juvenil, mayor flexibilidad en la negociación colectiva y la consolidación del modelo competitivo en la gestión del empleo –que evidentemente también son necesarias- seremos capaces de dotarnos de una normativa mucho más adaptada a la nueva realidad en la que estamos entrando y superar los graves problemas de los que adolece nuestro mercado de trabajo.

Me pregunto si el próximo Ejecutivo tendrá la voluntad y la capacidad para llevarla a cabo.


Elecciones, Reformas Estructurales y Movimiento del 15-M

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Elecciones, Reformas Estructurales y Movimiento del 15-M

Estoy convencido de que la causa última del movimiento de los “indignados” no ha sido otra que la situación que hace que un 40% de los jóvenes españoles menores de 30 años se encuentren en situación de desempleo. Por tanto creo que hay una relación directa entre los niveles de desempleo y el llamado movimiento del 15-M. 

En junio de este año escribí que el movimiento puede analizarse como la respuesta de una parte de nuestros jóvenes (los nacidos después del cambio político del 76) a la situación de pocas perspectivas en las que están viviendo y a la pérdida de oportunidades y de desarrollo. Igualmente me manifestaba incapaz de predecir que iba a ocurrir con el movimiento y si iba a suponer algún nuevo referente electoral.

Lo que unos meses después, a una semana de las elecciones del 20 de Noviembre, sabemos es que de una parte el movimiento se ha “difuminado” y que probablemente Izquierda Unida y algunas otras fuerzas políticas extraparlamentarias intentan recoger en sus programas algunas de las ideas surgidas en él. Por lo demás estamos todos tan preocupados por la crisis, la prima de riesgo, las reacciones de los mercados, etc que parece como si estuviéramos sin ninguna capacidad de reacción.

Mientras tanto, y a la espera de un triunfo más que previsible por parte del Partido Popular, no se han resuelto ninguno de los problemas planteados por el movimiento. Y entre ellos el hecho de que sigamos con índices de desempleo totalmente fuera de control y con una generación “la que se ha llamado generación NINI” en una situación de marginación, con pocas perspectivas sociales y económica, amparados en un ámbito familiar que les da cobijo, pero sin que muchos de ellos desarrollen ningún tipo de actividad. Ni trabajo ni estudio

Conviene recordar ahora, y sería fundamental que el próximo gobierno lo tomara en consideración, que lo que hace el movimiento del 15-M es poner “sobre la mesa” muchos de los temas pendientes de resolución en nuestra joven democracia, forzar el análisis y el debate y exigirnos a todos un determinado posicionamiento. La crisis ha colaborado en poner al descubierto una serie de perversidades de nuestro modelo de convivencia y hacer más evidentes una serie de cambios de carácter estructural que creo que son totalmente necesarios abordar en los próximos meses.

Algunos de estos cambios estructurales van a exigir nuevas modificaciones del marco constitucional. Aunque la norma del año 78, sea todavía relativamente joven, y probablemente goza de buena salud, necesita algunas medidas de adaptación a una realidad que hoy en muchos aspectos es tremendamente diferente a la de hace 35 años. Y no se me diga ahora que no es posible reformar la constitución después de lo ocurrido hace unos meses con el techo de gasto de las administraciones públicas.

Hemos cambiado mucho desde el año 1978. Y aunque somos incapaces de percibir estos cambios en su real magnitud porque resulta que hemos vivido con ellos y nos hemos ido adaptando paulatinamente, lo cierto es que aunque probablemente nuestra generación sea la primera que ha tenido la suerte de no tener que vivir un conflicto bélico, en contrapartida, hemos tenido que “sufrir”  los cambios más rápidos en los modelos vitales en una generación, con las consiguientes adaptaciones, tensiones y conflictos personales y sociales que ello supone.

He aquí los cambios que considero deberían de llevarse a cabo en nuestro marco de convivencia para no perdernos y seguir avanzando. Algunos de ellos  probablemente exigen modificaciones de nuestro texto constitucional, otros, no obstante, podrían y deberían implementarse sin necesidad de reformar la ley básica. Y no me refiero evidentemente a las modificaciones constitucionales que llevan algunos años ya, en el debate político y social, y que en algún momento habrá que abordar como son: permitir a una mujer tener el mismo derecho que un varón a acceder a la jefatura del estado, la reforma o desaparición del senado, y la incorporación del modelo autonómico en el texto constitucional. Las reformas,en línea a lo planteado por el movimiento del 15 de Mayo, serían las siguientes:

La primera sería la “Democratización de las estructuras de representación y participación pública”. Listas abiertas, desaparición de los grupos “mixtos” aunque con un castigo real al transfuguismo político, reducción de la cuota del 5% para acceder al reparto de escaños, mayor equilibrio en la relación entre votos y escaños etc, son medidas que sin duda ayudarían a democratizar la vida pública y a minimizar el control que hoy ejercen los dos grandes partidos políticos presentes en nuestro país. Probablemente harían “la gobernabilidad” algo más difícil pero democratizarían la representación política.

Recuerdo en este momento la referencia que hacía recientemente sobre las barreras de entrada en nuestros mercados (basándome en argumentos de Eduard Punset) y sobre el control que se ejerce en el mercado de la política. No parece razonable mantener el status actual ni mucho menos  no plantearse cambios que son absolutamente imprescindibles. Han ocurrido muchas cosas desde el año 1978 y nuestra vida ha cambiado radicalmente. Por otra parte, algunos de los riesgos que estaban claramente presentes en ese momento, hoy claramente no existen.

La segunda que debería abordarse es la de “Un nuevo marco para el entorno judicial”. Lo ocurrido en el tribunal constitucional al respecto del proceso de elección de sus miembros es una muestra de algo que precisa una urgente reforma.  Tenemos un sistema teóricamente independiente pero que en la práctica está claramente controlado por los dos grandes partidos políticos. Igualmente existen otro conjunto de aspectos en el funcionamiento de nuestro sistema judicial que no parecen ser los más apropiados para dar respuesta a las necesidades de hoy. Tengo la impresión (y creo que está es mayoritariamente compartida por muchos) de que así como en los últimos años, como consecuencia de nuestra participación en los conflictos internacionales, ha entrado mucho “aire fresco” en el ejército (que hoy no es percibido como un problema sino todo lo contrario) falta mucho cambio en la estructura de nuestro modelo judicial.

La tercera sería la de “Cambios en el modelo de gestión pública”. Lo que está ocurriendo en el ámbito autonómico con el proceso de cambio político resultante de las elecciones de Junio y las acusaciones de “los nuevos” sobre determinados despilfarros económicos es una muestra de la falta de rigor y de que están fallando los mecanismos de control sobre el gasto en el conjunto del sector público.

La revisión de la duplicidad de competencias, de órganos, de plantillas es absolutamente imprescindible y una demanda social claramente reafirmada y consolidada.  Aunque estoy convencido de que no tenemos, con alguna excepción que no deja de confirmar la norma general, un ámbito de corrupción relevante en nuestro sector público muchas cosas podemos y debemos hacer también es este ámbito. Probablemente se debería replantear algunos de los privilegios en términos de pensiones y de otros “beneficios sociales” de los que gozan los miembros de la clase política.

La cuarta referida al ámbito económico podría titularse “Apoyo a la economía productiva”. Voy a extenderme muy poco sobre este punto dado que ya he escrito sobre él en otras entradas de mi blog. En todo caso lo realmente relevante es que todos seamos conscientes de que hemos entrado en un nuevo ciclo en el que al margen de no poder “ni por asombro” repetir comportamientos que han sido las claves del ciclo anterior, no vamos a ser ni la sombra de lo que nos prometíamos ser. Flexibilidad, cambio, impulso a las actividades de valor añadido, potenciar aquello en lo que somos realmente fuertes y olvidarnos de experiencias anteriores son cuestiones absolutamente imprescindibles.

Seamos conscientes de que la crisis además ha llegado en el momento en que empezamos a perder el apoyo que han supuesto para nosotros dos décadas de entradas importantes de fondos europeos. Necesitamos adaptarnos y cambiar nuestro modelo económico si no queremos, no tan sólo no estar en una posición de liderazgo, sino situarnos en un nivel económico equivalente a lo que podríamos describir 2ªB, utilizando un símil futbolístico.

El último gran cambio debería tener que tomar en consideración nuestro sistema educativo. Último o primero pero en todo caso fundamento de todo lo demás. Necesitamos imprescindiblemente “Redefinir las bases de nuestro sistema educativo”. Aunque debo reconocer mi falta de capacidad en este ámbito (sólo me posiciono en base al sentido común), creo que es necesario y absolutamente imprescindible plantearse la validez de un modelo que es cuestionado por casi todo el mundo, que nos coloca en términos de calidad muy por debajo del lugar que teóricamente debería de correspondernos en un ranking de las diferentes naciones e introducir modelos de discriminación positiva en el sistema parecidos a los que hemos implantado en el ámbito del deporte con los excelentes resultados por todos conocidos.

Se trata una vez más de tomar en consideración aquello de que es mucho mejor potenciar nuestros puntos fuertes y olvidarnos de los débiles. Esto puede, en el ámbito educativo, ser tildado de poco democrático o inclusive “fascista” pero bajo todos los controles que sean necesarios es el camino por donde, necesariamente, vamos a tener que ir.

 Necesitamos cambios estructurales. Si estos se producen bienvenido sea el movimiento del 15-M. Para terminar sólo desear que el gobierno que surja después del proceso electoral del próximo domingo tenga éxito. Será el de todos.


Empleabilidad, Cambios Culturales y Reforma Laboral

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Empleabilidad, Cambios Culturales y Reforma Laboral

Las cifras de desempleo señaladas por la EPA después del verano y sobre todo las nulas esperanzas de mejora en las perspectivas a corto plazo resultan francamente alarmantes. No soy el primero ni el único de los que seguimos extrañados con el hecho de que con la situación que estamos viviendo (a pesar de la influencia real de la cada vez más importante cuota de economía sumergida) no se hayan producido ya estallidos sociales realmente graves.

Resulta perfectamente constatable que el alto volumen de desempleo de nuestro país (y el hecho de que seamos los primeros en el ranking de destrucción de empleo en la UE) se debe a la suma de diferentes factores: de una parte factores estructurales como la pérdida de peso del sector de la construcción, de otra al descenso del consumo y la tercera –la que nos diferencia del resto de países de nuestro entorno-, la que nos hace ocupar esta posición de liderazgo es la tipología y estructura de nuestro mercado de trabajo.

 Sin embargo, de acuerdo con lo comentado y señalado entre otros por Alfredo Pastor, la reforma laboral necesaria de la que habla Joaquín Trigo (y me refiero a la que queda por hacer, no la que hemos hecho hasta este momento) “tendrá un alcance muy limitado porque se fundamenta en la creencia, probablemente ingenua, de que la desaparición y reducción de procesos administrativos y burocráticos liberarán unas fuerzas del mercado, reprimidas hasta este momento, que por sí mismas resolverán todos los problemas”.

Lamentablemente no creo que sólo con un mercado laboral más flexible y eficiente y con unas relaciones laborales en la empresa menos encorsetadas por normas y regulaciones, muchas veces tendentes solamente a potenciar una dualidad perversa en el status contractual, podamos realmente resolver nuestro problema de empleo. Tenemos claramente un problema de empleabilidad y éste, lamentablemente sólo se resolverá a largo plazo y como consecuencia de un cambio cultural.

Siguiendo a los comentarios publicados por Rafael Pampillon recientemente en EL PAIS. “en los libros de economía se enseña que los objetivos de toda política económica son cuatro: crecimiento económico, pleno empleo de la mano de obra, estabilidad de precios y equilibrio exterior” Estoy plenamente de acuerdo con él en el sentido de que no parece ser que seamos capaces de cumplir ninguno de los fundamentos descritos. Es evidente que no vamos a tener un crecimiento económico en 2011 o que éste, si se produce, sea mínimamente perfectible, no vamos a ser capaces de crear un volumen de empleo que permita reducir significativamente el número de desempleados hasta el segundo semestre del 2013 como muy pronto. Igualmente parece bastante complicado que no vayamos a tener una  tendencia claramente inflacionista en los precios al consumo (de hecho ya la estamos constatando en los últimos meses), y no parece que seamos capaces de establecer líneas de equilibrio en nuestras cuentas con el exterior.

Soy de los que me inclino por la idea de que las reformas hay que hacerlas en el momento en que ellas son constatables y necesarias y por tanto creo que el hecho de que seamos los primeros en el ranking de destrucción de empleo de las economías de la UE, a alguna reflexión nos debería de llevar. No tiene, en estos momentos, ningún sentido seguir pensando que hemos perdido una excelente oportunidad (en los años anteriores de bonanza) para enfocar reformas que hoy hubiesen reducido el volumen de pérdidas de empleo que hemos vivido y que favorecerían la contratación en el momento en que se inicie el cambio de ciclo. Es indudable que el espíritu mental del concepto, al que estamos tan lamentablemente abocados, que se resume en la frase tan nuestra de “vuelva Vd. mañana” o  en su versión “mañana será otro día” no resulta la mejor receta para el enfoque de la situación del mercado de trabajo.

 Ah…..y cuando hablo de reforma, no me refiero simplemente que también al debate sobre las fórmulas técnicas y jurídicas que deberían dotar de mayores niveles reales de flexibilidad a nuestro mercado de trabajo. Me refiero a reformas de calado que consigan modificar nuestra “cultura social” lamentablemente integrada en nuestro ADN que no potencia ni el esfuerzo ni prima el talento y que permite, por ejemplo, a un reconocido diputado socialista referirse a las prestaciones por desempleo como “un derecho” al que todos tenemos la opción de acceder.

Es evidente que, al margen de algunas reformas que son estrictamente necesarias para afrontar los retos que nos depara el futuro, debemos también hacer cambios sustanciales sobre nuestra “cultura social sobre el trabajo” si de verdad queremos enfrentarnos con éxito a los retos que nos depara el próximo futuro. Cambios culturales que pasan necesariamente por desarrollar el concepto de empleabilidad.

Cuando la confianza en el futuro se ha convertido en un bien escaso, cuando muchos de nosotros huimos de inculcar a nuestros jóvenes el valor del esfuerzo es bueno recordar de nuevo el mensaje de Albert Eisntein. “Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia”.

Y prosigo parafraseando a este genio “El problema de las personas y de los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos todo es rutina. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Ante la crisis la única receta es el trabajo duro. Acabemos con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla”.


Crisis, Responsabilidad y Resultados

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Crisis, Responsabilidad y Resultados

Somos muchos los que pensamos que en este momento las acciones empresariales en el marco de lo que comúnmente se denomina Responsabilidad Social Empresarial pasan por momentos de replanteamiento y confusión. A salvo de algunas excepciones relevantes, en la mayoría de los casos, las actividades desarrolladas se están centrando estrictamente en cómo cumplir, con los mínimos costes, las normativas legales. En 2011 no hemos conseguido, todavía, consolidar en el ámbito de la RSE un modelo de actuación claro y definido ni implicar a la gran mayoría de empresas y organizaciones.

Digámoslo claramente, muchas actividades de RSE que se habían desarrollado bajo un enfoque estricto de marketing, han sido impactadas directamente por la crisis y las reducciones presupuestarias. Todo ello provoca que hoy en muchas organizaciones, términos como igualdad, derechos humanos, diversidad, conciliación, sostenibilidad, biodiversidad, etc sean tratadas meramente como términos de un decálogo de buenas intenciones sin contenidos concretos.

Lo “responsable” es hoy utilizado para organizar un curso, una publicación, un estudio, resultando difícil en este complejo entramado distinguir y transformar lo relevante de lo que no lo es, lo que se hace por mero voluntarismo, de lo que ya forma parte del ADN empresarial. La RSE sólo va a resultar creíble cuando los procedimientos no suplanten los valores, las apariencias a las conductas, la comunicación a la percepción, la acción a los principios, las memorias a los hechos, las expectativas a las realidades. La responsabilidad ha de convertirse en uno más de los elementos clave de la gestión empresarial.

Lamentablemente nos queda, todavía mucho camino por recorrer. Al mismo tiempo –coincidiendo con el interés demostrado por los medios de comunicación en el concepto- han aparecido en este entorno un gran número de consultores, cátedras, observatorios, clubs, masters, agencias, índices, laboratorios etc, sin que, por el contrario, los realmente implicados: gobierno, interlocutores sociales y organizaciones sociales se hayan “sentado” a definir cómo articular todo este conjunto de actuaciones en el día a día real de las organizaciones. Aún me resulta increíble la poca sensibilidad que se dispensa, en determinados entornos sindicales, por actividades de RSE bien enfocadas, orientadas y que aportan valor social e indudablemente a la organización que las lleva a cabo.

Y todo esto se produce en un contexto que impone medidas restrictivas en el conjunto de las administraciones públicas, tanto en inversiones, gastos de personal y como no en el gasto social. No se sí deberemos replantearnos el “estado del bienestar” que hemos construido entre todos en los últimos 40 años del siglo XX. En todo caso hemos conseguido crear índices de cobertura sin parangón en la historia y está claro, por lo menos a corto o medio plazo, que tales coberturas no van a poder ser financiadas como hasta este momento.

Resulta imprescindible una implicación del ámbito empresarial en este ámbito. Sin ello muchas de ellas no van a ser sostenibles. No sé si vamos a poder transmitir a las generaciones futuras ámbitos de bienestar que nosotros hemos podido disfrutar. Mientras que el grado de seguridad que hemos sido capaces de ofrecer a las capas sociales menos favorecidas ha sido sin duda muy notable, esta cobertura ha sido el elemento fundamental que ha permitido establecer y consolidar un estado en el que los elementos de cohesión social han sido sin duda muy relevantes. Mantener esto va a resultar difícil. Los hechos ocurridos este verano en Inglaterra son claramente una muestra de las dificultades y de los problemas que están latentes en nuestro entorno.

La financiación de determinados programas sociales sólo va a ser posible con el compromiso y la responsabilidad de la sociedad civil, y como no de la sociedad empresarial. Para ello y el paralelo a la exigencia de una mayor exigencia en la calidad y la productividad de las acciones y un balance adecuado entre derechos y obligaciones, será necesario una mayor implicación de todos. Hasta este momento como ciudadanos y como organizaciones no nos hemos ocupado de “lo social”, que corría a cargo de los ámbitos de la administración. Esto no va a poder ser así en el futuro.

Por todo ello, resulta cada vez más necesario articular elementos de relación entre el mundo empresarial/organizativo y el social. Poca cosa se ha hecho, lamentablemente, para acercar, vincular y unir a dos mundos que se necesitan pero que, lamentablemente hoy siguen campando por sus “anchas”. Me refiero evidentemente a la falta de relación de contacto, de convivencia entre lo que denominaríamos mundo social y mundo organizacional.

No podemos olvidarnos de que las necesidades pueden llegar a ser incluso más elevadas, que en los momentos precedentes, lo que exigirá el compromiso social de los ciudadanos, y de las organizaciones. Sin duda un incentivo para este compromiso consistirá en establecer incentivos fiscales adecuados. La existencia de un compromiso empresarial unido a la exigencia de planteamientos de productividad y eficacia en la gestión de los recursos públicos limitados con los que vamos a contar, son los elementos clave sin nos que será imposible encontrar un balance adecuado que permita hacer responsabilidad sostenible.

En resumen: hemos de gestionar los temas de RSE pensando en que no es tan sólo una moda, una normativa legal que hay que cumplir, un elemento más utilizable para el marketing y tomando en consideración que no puede, por otra parte, dejarse al amparo de la buena voluntad. Para ello es necesario vincular a los dos términos que dan título a este artículo: Responsabilidad y Resultados. Porque resulta evidente que tan sólo conseguiremos implicar de forma proactiva a nuestras organizaciones y empresas en los ámbitos de responsabilidad si somos capaces de mostrarles el impacto que tales acciones pueden llegar a generar en los resultados.


Lealtad y Empleabilidad.

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Lealtad y Empleabilidad.

Somos muchos los que participamos del criterio de que la reducción en las posibilidades de desarrollar carreras a largo plazo en una misma organización (algo por otra parte usual en los años 80/90, y todavía hoy en la administración pública) ha sido acompañada, necesariamente, por un cambio cultural en la posición de los profesionales ante su carrera y su desarrollo profesional. Las posibilidades de crecimiento personal a largo plazo dentro de una organización se han reducido sustancialmente como consecuencia del achatamiento de las estructuras, de los procesos de fusión, de los cambios en los sectores, de la crisis, etc. Por ello muchos profesionales se ven abocados a salir al mercado o inclusive a desarrollar proyectos profesionales o empresariales de forma independiente.

 Por otra parte la crisis que estamos viviendo hace que el volumen de empleos se reduzca con lo que no se hace nada más que reforzar esta tendencia. La movilidad internacional y el desarrollo del autoempleo actúan necesariamente como “válvulas de escape”. Las dos fuerzas básicas que actúan socavando las organizaciones corporativas tradicionales son el cambio continuo y la diversidad.

 Tradicionalmente las organizaciones se han estructurado internamente para la permanencia de un orden o sistema. Las personas cooperan en parte porque saben dónde encajan y en parte porque saben que su relación será duradera y que si el orden es transgredido por ellas, ese recuerdo volverá para atormentarlas. Si no se asume una posición conservadora en el desarrollo de una carrera profesional es muy posible que en base a esta necesaria lealtad consigo mismo muchos empleados “de talento” deseen encontrarse y vivir en otros escenarios en donde exista un mayor espacio de libertad y en donde ellos sean los actores fundamentales de su desarrollo.

La promesa de seguridad en el empleo es algo que hoy ni las organizaciones pueden ofrecer (excepto en el sector público y ya veremos durante cuánto tiempo) y muchos de los profesionales jóvenes ya no demandan. Y sin embargo ambos están, en principio interesados, en que la relación fructifique y se mantenga durante un tiempo dilatado. Esta contradicción parte del criterio de que para las organizaciones el coste del reclutamiento, selección, y formación del talento es muy elevado y de que, al mismo tiempo, las personas precisamos una cierta estabilidad y continuidad para nuestro desarrollo personal.

Soy de los que piensan que la única manera de resolver esta aparente contracción parte del compromiso recíproco en el desarrollo del concepto de Empleabilidad. Un concepto que he definido como que permiten a una persona poseer los conocimientos habilidades, aptitudes y actitudes necesarias para ser capaz de mantener un nivel de atracción en el mercado aún en el supuesto de una posible pérdida de empleo no voluntaria. o en otros términos la capacidad de seguir siendo empleable en todo momento. La empleabilidad se fundamenta en la capacidad, la destreza y la reputación o marca personal. Una buena gestión en este campo hará que se incremente la atracción de una organización que podrá reclutar a contratar a mejores profesionales. Es como siempre, “el gato que se come la cola”.

Sin embargo la empleabilidad es a veces contradictoria con el concepto de lealtad. Para un individuo una comunidad de lealtades proporciona un sentido especial de identidad: uno es un empleado de una compañía, miembro de un partido político, socio de un club deportivo, o de una determinada comunidad, en muchos casos como su padre lo fue antes; esto define con quién se relaciona, cómo vive, qué expectativas tiene. Si esta afiliación desaparece la identidad se pierde. ¿Pueden nuestro jóvenes llegar a tener problemas de identidad?.


Ganar o Perder

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Ganar o Perder

He estado siguiendo desde hace algún tiempo y releyendo estas vacaciones diversos artículos de Joseph E. Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía. Todos sabeis que no soy ni pretendo ser ningún especialista en economía lo que es razón para que me hayan interesado en gran manera sus planteamientos. Normalmente lo que hace es comparar determinados hechos y luego saca conclusiones. Aparte de que las comparaciones que realiza sean más o menos pertinentes lo bueno de Joseph es que sabe compatibilizar el criterio técnico con la sencillez y la capacidad de comunicación. Hasta una persona como yo sin grandes conocimientos en economía le entiende perfectamente.

En el último de sus artículos hace una excelente comparación entre lo ocurrido en el Japón (no en el desastre natural del tsunami, sino en lo ocurrido con la central de Fukushima) con la crisis que nos está tocando vivir. Afirma el autor que las investigaciones económicas y psicológicas nos ayudan a entender porque gestionamos tan mal estas situaciones de riesgo. “cuando los demás cargan con los coste de los errores, los incentivos favorecen el autoengaño. Un sistema que socializa las perdidas y privatiza las ganancias está condenado a gestionar mal el riesgo” y pone el ejemplo de los grandes bancos que tienden claramente a beneficiarse del status quo existente dado que saben que con una alta probabilidad serán rescatados por el sistema si tienen problemas. Por cierto en este sentido la película “Inside Jobs” de Charles Ferguson (que recomiendo encarecidamente aunque hubiese podido ser algo más corta con idénticos resultados), es claramente definitoria.

Y aquí el ejemplo con la situación de las centrales nucleares. A pesar de que se ha puesto un cierto freno y también algo de miedo en nuestros responsables políticos (por ejemplo en Alemania que ha anunciado una revisión de los protocolos de seguridad y el fin de la era nuclear) siguen hoy funcionando con normalidad centrales nucleares con riesgos similares a los de la central japonesa.

Quienes apuestan en cualquier lotería y sobre todo en los casinos pierden más que ganan. Como sociedad estamos apostando muchas veces sin saberlo y sin disponer de suficiente información y claridad en los mensajes de nuestra clase política en muchas cosas. Es evidente que en el tema de la salida a la crisis estamos apostando con demasiados riesgos ocultos. Releamos a Stiglitz “al igual que en las Vegas unos poco afortunados como los banqueros que ponen en peligro nuestra economía y los propietarios de las empresas de energía que ponen en riesgo nuestro planeta, pueden ganar mucho dinero. Pero en promedio, y casi con total seguridad, nosotros como sociedad, al igual que todos los jugadores, vamos a perder”.

Y claro lo que no dice, aunque evidentemente lo sabe, es que la mayoría de las veces propietarios de los bancos y de las centrales de energía somos nosotros mismos a través de los fondos de inversión, pensiones etc. Entiendo que es sobradamente conocida la historia aquella del cierre de una compañía por iniciativa del fondo de inversión y de pensiones en el que la mayoría de los empleados habían depositado sus ahorros.

Ganar o Perder……. Pero creo que en todo caso deberíamos de tener la capacidad de decidir, cosa que ahora no creo que francamente tengamos. Ah y digo esto ahora que todo el país ha visto como nuestra clase política ha hecho de un plumazo un cambio en la constitución del año 1978 (que antes no podía tocarse ni un pelo) para proponer una reforma que no se va a aplicar hasta el 2020. Lo siento, pero sin entrar en otras consideraciones sobre la bondad o no de la medida, no lo entiendo.

Ganar o Perder, significa también tener derecho a decidir.


Cambio, Reforma y Gestión. Lo que nos queda por hacer.

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Cambio, Reforma y Gestión. Lo que nos queda por hacer.

Retomo mi trabajo en el blog después de unas semanas de descanso mental y también de reflexión y replanteamiento de muchos temas (entre ellos sobre la estructura del propio blog) sorprendiéndome por la facilidad con que las dos grandes fuerzas políticas se han puesto de acuerdo (en este mes de agosto) sobre la necesidad de articular una reforma constitucional respecto a establecer un tope al déficit público. Aunque la medida probablemente sea bienvenida y absolutamente imprescindible resulta cuanto menos extraño la forma en que se ha alcanzado un acuerdo. Creo que no deja de ser una muestra más de que nuestra clase política actúa claramente a impulsos y no con planes más o menos organizados y estructurados. No parece que sea la mejor manera de afrontar los cambios y las reformas que ineludiblemente vamos a tener que hacer.

Y mientras tanto la crisis sigue y la sensación de muchas personas de mi entorno es que probablemente hayamos tocado fondo pero que vamos a seguir durante mucho tiempo en una situación “japonesa” si no somos capaces de realizar los cambios, reformas y establecer nuevas herramientas de gestión. Nos queda mucho por hacer.

También me he sentido “sorprendido” por los datos aparecidos sobre el proceso de privatización de los aeropuertos. Supongo que a nadie puede sorprender el dato de que nuestro país es el único en el que la gestión de los aeropuertos y la del control aéreo esta centralizada en un único ente. Otra de mis sorpresas ha sido la de descubrir que el incremento de personal en el conjunto de las administraciones públicas de este país (generado en los últimos meses) ha dejado en un 0,9% el efecto real de la reducción de salarios aplicada al sector público (del 5%) y tan bien “vendida” como una muestra de nuestra “brillante capacidad de reacción” a la crisis.

Todos sabemos que los procesos de cambio, de reestructuración, son complejos. Nada es permanente, nada es irreversible, lo que hoy parece clave no lo es mañana, el éxito hoy no augura el éxito futuro etc. Los entornos cambian y a veces las organizaciones son incapaces de visualizar y adaptarse a estos cambios. El mayor freno a los cambios son los intereses, probablemente legítimos, pero también cuestionables de determinadas estructuras humanas, sean equipos directivos, funcionariales, etc. Algo así ocurre también con la estructura de nuestra función pública formalmente muy descentralizada –como consecuencia del desarrollo autonómico- pero en la base controlada por unos “cuerpos funcionariales de carácter estatal” que son muchas veces uno de los frenos más importantes a cualquier tipo de reforma.

Como Germá Bel afirmaba en un reciente articulo en La Vanguardia refiriéndose a los llamados cuerpos nacionales de funcionarios, estos entes corporativos son los que “han sido los transmisores intergeneracionales del ADN programático de un determinado modelo de gestión” en un intento de construir en nuestro país un modelo lo más parecido posible al francés. Este es un modelo que se autoalimenta por sí mismo, que es perfectamente resistente a los cambios políticos y que “tiende a interpretar el interés general según sus intereses particulares”.

Para enfrentarse a un proceso de cambio como el que estamos viviendo es absolutamente imprescindible una voluntad de realizar el cambio, un análisis objetivo de la situación y ser conscientes de que el cambio exige reformas a corto plazo (las más fáciles de implementar) y cambios a medio/largo plazo (entre otras las de tipo cultural) que son, sin duda, las más difíciles de implementar. Muchas veces resulta más fácil cambiar a las personas que cambiar la cultura.

Saldremos de la crisis si somos capaces de hacer que las personas actuemos en nuestra vida diaria, en nuestro entorno profesional, en las relaciones con nuestras organizaciones como si fuéramos empresarios. Y esto a veces resulta muy difícil hacerlo cuando en las organizaciones se han instalado vicios, comportamientos etc….. es duro pero es así. El cambio será mucho más posible si disponemos de personas motivadas, atentas y creativas y si éstas tienen directrices claras y un sentido de hacia dónde hay que ir.

Como país hemos de ser conscientes de que no podemos dar lecciones de modernidad (ave por ejemplo) y en paralelo mostrar signos de una gestión ineficiente siendo además poco capaces de enfrentarnos con valentía y rigor a los retos que nos impone el entorno.

Resulta imprescindible, en este como en otros muchos temas, “coger el toro por los cuernos” si no queremos estar abocados a formar parte de una “tercera división” en el reparto de la nueva liga mundial. No se trata tan solo de estar como invitado en el G20 se trata de hacer las cosas bien, de corregir lo que no funciona, y de tomar decisiones. En definitiva de implantar medidas e instrumentos que favorezcan el cambio, introduzcan nuevos elementos de gestión, reduzcan las ineficiencias y debilidades y nos posicionen a todos en una mejor posición en esta nueva liga mundial en la que nos toca vivir. Probablemente se ha hecho ya mucho en el sector privado pero lamentablemente nos queda mucho en el ámbito de la gestión pública.


Donde estamos y donde estaremos en Septiembre.

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Donde estamos y donde estaremos en Septiembre.

Hace algunas semanas tenía en mis manos un informe del FMI que aseguraba que la competitividad española estaba cayendo en picado y que, salvo circunstancias excepcionales, seguirá cayendo en los próximos años.

En estas fechas en las que casi todo se paraliza, en la que la mayoría estamos ya empezando unos días de descanso, en la que muchos vamos a buscar algunos momentos de relax y de replanteamiento de temas y proyectos, es conveniente, sin embargo, que no nos olvidemos de que a la vuelta (al margen del proceso electoral en el que nos veremos inmersos) deberemos seguir enfrentarnos ante una situación compleja y difícil y en la que vamos a seguir teniendo la necesidad de seguir ajustándonos sin que, por otra parte, parace que sepamos aprovechar tales ajustes para mejorar la plataforma sobre la que sustentar el necesario cambio de modelo económico.

Un nuevo modelo del que lamentablemente ya nadie casi habla. Un ejemplo: ¿Alguien es capaz de recordar algo sustantivo sobre el famoso concepto de economía sostenible, lanzada por nuestro ejecutivo hace algún tiempo?. No tengo ninguna duda y si todas las certezas, de que o no tenemos modelo alternativo o hemos hecho muy poco para dar con él. Parece que todas la soluciones pasan por el turismo, los servicios y las inversiones en el extranjero. Francamente no creo que sea suficiente.

A excepción de la profundización del peso internacional de nuestra economía (lo que evidentemente es muy favorable a medio y largo plazo) no percibo por ninguna parte que hayamos sabido crear “un modelo alternativo” al industrial/construcción/turismo en el que fundamentamos el crecimiento de nuestra economía en los años anteriores al 2008. A pesar de que mucha gente se refuerza en la frase de que “las crisis son buenas para ofrecer nuevas oportunidades y con el optimismo y la confianza saldremos de esta”, reiteradamente usada por nuestro actual presidente, no parece que tampoco los términos utilizados por el actual líder de la oposición “con el gobierno actual no saldremos, hacen falta ideas nuevas que traeremos gente que ya gobernamos hace un montón de años”, nos anuncien la buena nueva que nos permitirá, quizás un tanto milagrosamente, salir del marasmo en el que nos encontramos.

En términos reales los datos macroeconómicos no pueden ser más negativos: Seguimos sin crecimiento económico, no existe el crédito para las pymes, mantenemos niveles de desempleo cercanos al 20%, y el consumo está en situación agonizante. Por ello es evidentemente claro que necesitamos de un nuevo impulso para gestionar los cambios que precisábamos para abandonar un modelo que se ha mostrado claramente obsoleto, y que ha hecho que nuestra economía destaque por ser la que muestra peores ratios en crecimiento económico y se mantenga en las primeras posiciones en el volumen de desempleo.

Recordemos los datos recientemente confirmados por la EPA. Hemos pasado de 1,7M de desempleados (junio del 2008) a 4,8M tres años después. Constatamos que a pesar de que fuimos capaces de crear 8M de empleos en los años de bonanza muchos de ellos se han perdido con la crisis y no parece que puedan recuperarse a corto plazo. Destaquemos que la contratación fija sólo se ha reducido en estos tres años en 46.000 personas. Recordemos, por último, que el volumen de desempleo entre los trabajadores inmigrantes (a pesar de que más de 300.000 de ellos han abandonado nuestro mercado de trabajo) sigue situado en niveles superiores al 30%

Es evidente que todos estos datos ponen de manifiesto con claridad la dualidad de nuestro mercado de trabajo, una circunstancia a la que me he referido en reiteradas ocasiones en mi blog y uno de los elementos de “perversidad” de nuestro marco de relaciones laborales.

Aquí es donde estamos y donde vamos a estar en Septiembre.

Mientras tanto no sé qué nos espera al inicio del curso. En todo caso reafirmar que siguen siendo necesarias medidas creíbles y urgentes que de verdad incentiven el mantenimiento del empleo y que protejan a los que lo pierden. No tengo claro que no sea necesaria una profundización de la reforma laboral desarrollada por el ejecutivo actual. Es duro reconocer que las víctimas colaterales son casi siempre las mismas y que jóvenes, inmigrantes y los peor formados son los que integran la gran masa de nuestros desempleados y a los que lamentablemente estamos abandonando. Todavía sigo sorprendiéndome por la falta de mayor conflictividad social.

Ahora bien, como hay que ser positivos, esperamos que algo ocurra en los próximos meses para que (con el apoyo o a pesar del nuevo gobierno) podamos iniciar un nuevo camino que nos lleve a corregir los desequilibrios que entre todos hemos creado. Siempre nos quedará la esperanza y el deseo de que lo que venga a partir de Septiembre sea sin duda mejor de lo que estamos viviendo en estos momentos.

Feliz verano a todos.


La carrera directiva. De Especialista a Generalista.

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La carrera directiva. De Especialista a Generalista.

Después de algunas semanas dedicado a reflexionar sobre temas “generales” (el momento político, la situación de crisis, el movimiento de los indignados) en esta nota vuelvo a los temas que me han ocupado durante la parte más relevante de mi carrera profesional. Hace algunos días un profesional joven (con talento y con proyección) me preguntaba sobre como pasar de “especialista a generalista”.

He aquí las recomendaciones que le formulé. En la carrera profesional de un directivo hay tres grandes pasos. El inicio es una etapa de aprendizaje en la que la mayoría queremos llegar a ser (director general), tener mucho éxito y ganar mucho dinero. A pesar de las dificultades de este momento y de la necesidad de ofrecer nuevas respuestas para reducir el desempleo de nuestros jóvenes titulados, éste es todavía un momento de oportunidades, es conveniente recordar que no todos podemos serlo y además son muchos los profesionales que, en un segundo análisis más profundo se cuestionan si tienen las capacidades y sobre todo las actitudes para serlo.

En estas primeras fases el profesional tiene que ir sembrando, aprovechar las oportunidades, equivocarse, etc. Conviene experimentar y aprender ocupando distintas área de la empresa, es bueno compaginar los procesos formativos con las experiencias profesionales. Esto permite coger experiencia, conocer el entorno empresarial, saber lo que a uno le motiva o no.

Hay una segunda fase en la que es bueno especializarse en lo que sea. Ahora estamos más o menos entre los años 5 y 10 de nuestra trayectoria profesional después de haber pasado por 2 o 3 empresas/puestos. Es el momento de tomar decisiones, en la vida personal, en el entorno profesional. También es el momento de adquirir la base fundamental del área en la que uno desea especializarse, (marketing, ventas, producción, etc). Es el momento también de decidir si queremos llegar a ser, aquello que queríamos ser. Es el momento clave para decidir si uno quiere ser un especialista (un buen técnico) o pasar a ser generalista (un buen gestor).

Una vez tomada una decisión (aproximadamente a los 10 años de trayectoria profesional) es el momento de pensar en realizar un master generalista. La formación es importante pero jamás recomendaríamos hacer un master de gestión al inicio de la carrera profesional, cuando se es un recién titulado.

Los masters se están convirtiendo en un segundo ciclo de la formación universitaria. Esto conviene a las universidades pero no se si conviene a los profesionales ni al conjunto de la sociedad. Los jóvenes profesionales donde deben curtirse son en las empresas. Lo que se debe exigir a las universidades es un sistema educativo que complemente la formación/teórica en el aula con la formación/práctica en la empresa. La formación especializada puede hacerse al terminar los estudios básicos pero la formación de gestión debe de hacerse cuando el joven profesional ha desarrollado los primeros años de su trayectoria profesional y desea especializarse en alguna de las áreas funcionales de la empresa.

Recordemos que un master generalista no debería de hacerse nunca antes de los 40 años. Hacerlo antes probablemente es conveniente para las universidades y/o escuelas de negocio pero no sé si aporta lo mismo al profesional o directivo que lo realiza. Tengo la sensación que puede producirse, se está produciendo ya, una inflación de Masters de la misma manera que, reconozcámoslo, tenemos muchos más titulados universitarios que los que necesitamos.


La profundidad del cambio.

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La profundidad del cambio.

Es evidente que los cambios estructurales que necesita España se deberían instrumentar a través de un fuerte liderazgo político. Sin embargo, como he escrito recientemente no veo que nuestros políticos tengan el mínimo interés en plantearnos ni proponerlos. Siguen más preocupados por defender su parcela, por su posición electoral, por el corto plazo que en tomar el “toro por los cuernos” y asumir el rol de liderazgo que les sería exigible.

Desconozco en este momento cuál es el futuro que espera al movimiento del 15 de Mayo, (ahora que han abandonado las acampadas permanentes y que se acaba de iniciar una larga marcha hacia Madrid) y aunque tenga dudas sobre las formas que están utilizando y algunos de sus planteamientos, resulta evidente que lo más importante y significativo de este movimiento no está en los problemas de orden público que pueden haber planteado (algunos inclusive provocados o mal resueltos por las autoridades de orden público) sino en el hecho de que se ha convertido en el referente público de un descontento social y de la demanda de reformas en nuestro sistema político que considero, consideramos muchos, es necesario plantearse de verdad y que, lamentablemente, ningún partido político parece capaz de proponer.

Repasemos alguna de ellas: Cambios de la Ley Electoral con listas abiertas y nuevo sistema de reparto de escaños que facilite una mejor relación entre número de votos y participación política. Revisión del modelo autonómico evitando la redundancia de instituciones para los mismos servicios públicos con una profunda modificación de su sistema de atribuciones o competencias. Una nueva normativa laboral que permita de verdad la flexibilidad la movilidad y facilite la contratación. Reforma de la Administración Pública con reducción relevante de su estructura y reducción de organismos, instituciones, etc. Reforma del sistema financiero (especialmente en lo que se refiere a la regulación de las cajas de ahorros) y que permita el acceso al crédito a las pymes. Una ley de Apoyo al Emprendedor, que permita la creación de nuevas unidades empresariales y elimine barreras absurdas. Un nuevo plan de Educación centrado en la relación entre el mundo educativo y el laboral potenciando la formación profesional e incrementando el nivel de exigencia en los niveles formativos. Modificación sustancial del sistema judicial, etc.

Aunque evidentemente puede discutirse “la letra pequeña” de alguna de estas medidas creo sinceramente que existe un amplio consenso social sobre la necesidad de estas reformas. De hecho lo ocurrido con CIU en las elecciones municipales donde no sólo han visto reducida su presencia electoral sino incluso han salido reforzados a pesar de la política de recortes impulsada desde la Generalitat es claramente una muestra de que estamos claramente concienciados de la necesidad de las reformas aunque inclusive alguna de ellas nos pueda afectar directamente. En este sentido me atrevo a formular la predicción de que estos planteamientos podrían ser claves para una presencia electoral relevante de una nueva formación política a corto o medio plazo.

Sin embargo dudo de que nuestra clase política este en este momento por la labor de proponer y probablemente embarcarse en hacer los cambios estructurales que necesitamos y opino, como otros muchos, que lo que se está haciendo hasta este momento son cambios puramente estéticos con un interés básicamente publicitario (contentar a los mercados) y que no nos va a quedar otro remedio que dar una vuelta de tuerca más a corto plazo.

En este sentido me permito señalar lo que hemos leído recientemente en la prensa respecto al proceso que se ha llevado por delante a parte del sistema financiero (cajas de ahorros), a pesar de las inspecciones tanto españolas como internacionales y de los famosos “test de stress” que se habían realizado con éxito y recuerdo lo que me manifestaba hace ya un año alguien con bastante información sobre el sector. ¿Porqué estamos retrasando una vez más las reformas que son claramente imprescindibles?. ¿Porqué se han escondido los datos objetivos que mostraban claramente la enfermedad que padecían varías de estas instituciones financieras?. ¿Qué esperamos ganar defendiendo lo indefendible y retrasando lo inevitable?.

Lo de la falta de liderazgo en nuestra clase políticae es preocupante. Está claro que debemos realizar todos estos cambios de carácter estructural y no parece que ni el PSOE ni el PP estén claramente por ello.

Y mientras tanto el grifo del crédito para las pymes sigue cerrado y todos esperando que una buena temporada turística nos salve el verano y nos permita dar un “patada para adelante”.


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