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Una receta para levantar el ánimo
Hace pocos días una amiga antropóloga me explicó como en la antigüedad los “xamanes” curaban la depresión.
Cuando alguien se les acercaba para que le curaran y tenía los síntomas de lo que hoy denominamos depresión le hacían estas cuatro preguntas:
1.- ¿Cúanto tiempo hace que no bailas?.
2.- ¿Cúanto tiempo llevas sin cantar?.
3.- ¿Cúanto tiempo hace que no escuchas a tu silencio interior?.
4.- ¿Cúanto tiempo hace que no oyes contar un cuento?.
No se si a todos los que podemos estar más o menos deprimidos por la situación nos resultará aplicable esta cura… pero, ¿Qué cuesta intentarlo?
¿Hasta cuando?
Tras las recientes medidas de reforma laboral impulsadas por el ejecutivo, la huelga general y los presupuestos se ha producido un incremento del pesimismo en nuestro país sobre la salida de la crisis y sobre si tales medidas conseguirán favorecer el cambio de ciclo en las perspectivas económicas.
Sigue existiendo, mientras tanto, un amplio consenso en que más allá de la necesidad de un crecimiento relevante en términos de PIB para que se produzca un cambio de tendencia en la destrucción de empleo. Paralelamente, al margen del crecimiento de la actividad económica, no podemos olvidarnos que vamos a tener que enfrentarnos a un segundo problema como es el de encontrar una alternativa razonable para este 10% (de nuestro PIB) que representaba, de más, el sector “del ladrillo” frente a su peso en el resto del mundo más desarrollado.
Este diferencia, que por otra parte explica el crecimiento del empleo en nuestro país vivido en el periodo 2000-2006, se fundó básicamente en la atracción de personas inmigrantes que se instalaron entre nosotros, y que son ahora, los que viven con más dureza la situación de desempleo. Unas personas que están instaladas entre nosotros, y a las que de forma masiva nos va a resultar muy complicado, lo está resultando ya, incentivar el retorno a sus países de origen.
Si a todo ello le unimos la propia dinámica de restricciones presupuestarias en la mayoría de nuestras administraciones, empezando por las del ámbito local, que hace que determinadas coberturas o determinados servicios sean muy difíciles de mantener y claro está de impulsar, el panorama resulta claramente desalentador.
Como ya he mencionado en mensajes anteriores en este mismo blog no soy, ni quiero ser pesimista. De hecho creo que el pesimismo no forma parte de mi ADN y formar parte del conjunto de personas que consideramos que eran necesarias reformas legales en el mercado de trabajo, pero que al mismo tiempo estamos convencidos que tales reformas (a corto plazo) no van a cumplir sus objetivos si no desarrollamos e implantamos iniciativas de cambio cultural y educativo (a largo). Sin una revisión de algunos de nuestros parámetros sociales y culturales la salida de la crisis va a resultar mucho más difícil por no decir imposible.
¿Durante cuando tiempo podemos vivir sin conflictos sociales?, ¿Por cuánto tiempo vamos a permitir que en algunas zonas de nuestro país 1 de cada 4 personas en edad de trabajar estén en permanente situación de desempleo? ¿Durante cuanto tiempo vamos a poder mantener el sistema de coberturas sociales que hemos puesto en marcha?, etc, Todas ellas son cuestiones que, necesitamos resolver de forma más o menos inmediata, si no queremos, como afirmaba en una reciente entrada en mi blog, dejar a las generaciones futuras un mundo, un entorno peor al que nosotros hemos vivido.
Son cuestiones a las que es necesario responderse. Porque aunque el mantenimiento de una cobertura social mínima sea importante no estoy convencido ni comparto la idea de que podamos resolver nuestros problemas únicamente con una red de coberturas sociales, si no somos capaces de generar riqueza y por tanto empleo.
De igual forma me resisto a aceptar que el problema del empleo se resuelva con incrementos en el volumen de contrataciones en el conjunto de nuestra administración pública. Probablemente todo lo contrario. Es necesario racionalizar y o reducir la cantidad de recursos que destinamos a la administración común, evitar duplicidades, etc y esto pasa, necesariamente, por reducciones en los volúmenes de empleo.
Más allá de las cuestiones macroeconómicas a medio y largo plazo es necesario actuar desde la perspectiva micro y a corto poniendo nuestro grano de arena para que no se produzca o como mínimo no se consolide una crisis real en el ámbito de las organizaciones sociales no gubernamentales. De hecho todos conocemos organizaciones que ya han desaparecido y sabemos de muchas que están pasando por grandes dificultades. Es en este marco en el que creo que es necesario exigir y demandar el establecimiento de una nueva dinámica de colaboración entre el mundo social y el mundo empresarial y organizativo-
Esta colaboración debe de fundarse en el principio de Responsabilidad vinculada a Resultados que no es más que el modelo o la visión que subyace en el proyecto de empresa de Alius Modus.
Desempleo, Agencias Privadas de Colocación y Gestión Responsable.
Con niveles de desempleo como los que estamos alcanzando y la continuidad de las perspectivas negativas para el transcurso del año no cabe duda que las políticas activas para el empleo tienen que repensarse. Y para ello no se trata de descubrir nada, tan solo introducir ya elementos que ya están siendo utilizados con éxito en entornos europeos y que pasan, fundamentalmente, por introducir elementos de competitividad en la gestión de las mismas. Se trata por tanto, de aplicar medidas que, por otra parte, muchos estábamos reclamando desde hace muchos años.
Por ello saludé muy favorablemente la iniciativa impulsada por Valeriano Gómez que se plasmó en el Real Decreto-ley 3/2011, de 18 de febrero, de medidas urgentes para la mejora de la Empleabilidad y la reforma de las Políticas Activas de Empleo. Era necesario reconocer que, después de muchos años, y de esfuerzos compartidos con otras personas, finalmente se conseguía implantar un modelo que definitivamente proyectaba un marco de claridad, transparencia y eficiencia en el ámbito de la intermediación en el mercado de trabajo y que nos acercaba a modelos de gestión comunes al resto de los países de la UE. Sin embargo, un año más tarde, hemos de lamentar el poco o casi nulo desarrollo de esta normativa más allá de la creación del registro público de Agencias de Colocación.
Espero que más allá de las declaraciones legales (el contenido del Real Decreto Ley 3/2012 conocido como de la Reforma Laboral abunda y profundiza en este proceso) el nuevo ejecutivo potencie y desarrolle, de verdad, este nuevo marco. Creo que existe un amplio consenso social en la introducción de elementos de racionalidad, eficiencia y competencia en la gestión del empleo con objeto de reducir los tiempos en desempleo de nuestros profesionales. Todo ello bajo el esquema de introducir y consolidar un nuevo “status quo”, por ejemplo similar al holandés, en el que el Servicio Público de Empleo se muestra tanto o más eficaz en su labor de inserción cuando más potente es el sector privado y más fuerte es la competitividad entre ambos. A pesar de que las políticas de empleo no crean empleo si que resultan más eficaces cuando se desarrollan en un marco de competencia entre diferentes actores.
Sin embargo este nuevo marco legal no conseguirá los resultados requeridos (y se constituirá en un proceso de financiación indirecta de determinados entes sociales y sindicales) si no supone cambios en los paradigmas que han sustentado la gestión “tradicional” de las políticas activas que han destacado por lo menos por la falta de control y por una correcta y adecuada evaluación de sus resultados. Creo que no es difícil constatar que muchas de las acciones que se han desarrollado en estos ámbitos, en los últimos años, han tenido como destino otras prioridades, probablemente igual de legítimas, pero no aquellas para las que formalmente estaban destinadas. Una situación lamentablemente sustentada y amparada por la falta de criterios claros y definidos de evaluación de tales acciones.
Por tanto espero que las normas de carácter general se concreten con próximos pasos relativos a definir los criterios de evaluación del conjunto de recursos públicos destinados a las “políticas activas” y a los programas de recolocación incorporados en los llamados “planes sociales”.
Debemos exigir mejoras de eficiencia y productividad en la gestión de los recursos. En definitiva, hacer gestión responsable. Nos jugamos mucho en ello. No existe “gestión responsable” sin que en ella se introduzcan criterios de eficacia en términos económicos. Gestión responsable que no tan sólo puede o deber abarcar al mundo empresarial sino que es necesario introducir e incorporar como guía en el ámbito público donde también se hace imprescindible la conjunción de las dos “R”. Responsabilidad y Resultados.
Crisis, Cambio, Nuevas Demandas y Responsabilidad Social
Uno de los efectos de la situación de crisis en la que vivimos es la necesidad de un replanteamiento de los esquemas de funcionamiento en todos los ámbitos de nuestra vida. Probablemente no saldremos de la “crisis” hasta que estos cambios sean lo suficientemente profundos.
Mientras tanto estamos constatando que para muchas personas la inseguridad provoca un aumento del conservadurismo (entendido como la tendencia a conservar lo que tenemos) y una postura defensiva que desemboca en actitudes cerradas, de falta de iniciativa y de nula capacidad de adaptación a los nuevos contextos. Esto hace que, en muchos casos, los efectos sean aún más negativos. Ya se sabe que el “sálvese quien pueda” provoca más víctimas.
Para otros, la misma situación les motiva a la búsqueda de respuestas en campos diversos. Y es significativo que esta “apertura de miras” nos dirija no hacía lo más lejano en un mundo globalizado, sino al contrario, a preocuparnos y valorar la proximidad, la comunicación interpersonal, la participación presencial, es decir la dimensión más social y comunitaria. Un ejemplo es el aumento de la participación ciudadana en acciones solidarias entre las que me permito destacar dos ejemplos recientes entre otros muchos de carácter más anónimo: la “Marató de TV3”, o el éxito sin precedentes de la colecta desarrollada recientemente para el Banco de Alimentos.
Otro indicador es la mayor presencia de la solidaridad y la responsabilidad social en la publicidad de muchas empresas. Por ejemplo algunas organizaciones del sector de las telecomunicaciones han adaptado formas de consulta del 15-M en sus anuncios. Así pues, es muy positivo que “hacer el bien”, la beneficencia, gane espacio público y lo haga a partir de experiencias reales, de la práctica cotidiana y que ello se vea impulsado y gestionado no sólo como una estrategia más de marketing.
Sin embargo me planteo algunas cuestiones que quiero compartir en este mensaje.
ü Este mayor activismo responde a un replanteamiento profundo, o se queda sólo en la inmediatez y la superficialidad. ¿Estas acciones responden a un plan a medio y largo plazo?. Servirán para cambiar el funcionamiento interno de las organizaciones o serán solo “para la galería”?
ü Tenemos urgencias materiales pero también comunitarias. Las consecuencias sociales y económicas que genera la crisis y el desempleo cada vez más importante en determinados sectores incide en el incremento de la violencia de género y familiar, en la discriminación por origen cultural, en el fracaso escolar. ¿Qué se puede hacer en el ámbito de la RSC en estos nuevos ámbitos de conflicto o necesidad social?.
ü Si la reducción de fondos gubernamentales en todos los ámbitos afectan también a los recursos dedicados a la gestión de los problemas sociales. ¿Es necesario también definir planteamientos políticos de RSC por parte de las administraciones públicas?
Creo que las nociones de iniciativa social “pública” o “privada” necesitan un replanteamiento y una redefinición. Las empresas tienen una responsabilidad social y cada vez asumen un papel más relevante en los servicios públicos. Y al mismo tiempo muchas entidades abren su horizonte de colaboración y ven a las empresas no sólo cómo financiadores sino como socios. Ante este escenario se está consolidando el proceso de acercamiento entre entidades y empresas, mientras por el otro lado las administraciones públicas se ven necesariamente obligadas a entenderse con el sector empresarial.
Sin embargo seguimos constatando que existe un déficit de reflexión y de planificación conjunta entre los 3 sectores (asociativo, empresarial y administración). Una reflexión que es necesario impulsar y consolidar en el corto y medio plazo. En este punto queda un largo camino por recorrer.
Recordemos que todos nos necesitamos. Sin cambios reales en nuestros modelos de comportamiento y sin una colaboración real con los otros (personas, organizaciones, empresas y administración) no superaremos la crisis ni seremos capaces de generar las respuestas a las nuevas necesidades que ésta nos impone.
Entorno Sindical: Situación 2.0/Respuestas 1.0
Tengo esta nota más o menos diseñada desde hace algún tiempo. Si he decidido publicarla en este momento es como consecuencia de la campaña mediática que se ha desarrollado en las últimas semanas en relación a las fuentes de financiación sindical. También por la cercanía del anuncio (estoy plenamente convencido de ello) de convocatoria de la próxima huelga general.
Aunque la campaña de los medios se ha centrado en Bankia y entre otros en el líder de UGT-Madrid José Ricardo, es evidente que está dirigida a formular un ataque a la línea de flotación de unas organizaciones que, aunque han tenido un papel central en la consolidación de la democracia y del estado de bienestar que estamos viviendo hoy, en mi opinión, no pueden seguir “como si nada” hubiese cambiado. Las organizaciones sindicales van a tener que adaptarse a las consecuencias de la crisis como el resto de los “mortales”.
Por cierto como una muestra de este cambio quiero hacer notar la noticia, también aparecida recientemente en los medios, sobre la formulación de un ERE de extinción de contratos por parte de CCOO Catalunya que afectaría al 15% de su plantilla. Una muestra más del impacto de la crisis.
Volviendo a los temas de fondo me parece significativo destacar las notas siguientes obtenidas de un artículo publicado por Salvador Sostres en el periódico El Mundo hace algunos días. “Sindicatos y sindicalistas están fuera de la realidad, pertenecen a un mundo que ya no existe, sus planteamientos son anacrónicos e inútiles, y con frecuencia de una demagogia tan bronca como perniciosa. Cada día representan a menos gente y sus escaramuzas callejeras son una burla a la angustia por la que tantas personas están pasado y que no se resuelven con movilizaciones, sino cambiando de paradigma moral, trabajando duro y aprovechando cada oportunidad”.
Aunque no comparto normalmente las opiniones, y el tono de los mensajes de Salvador, tengo que reconocer en este momento mi acuerdo con algunos de sus postulados. De hecho somos muchos (incluidos inclusive personas del entorno sindical) los que compartimos estos planteamientos. También comparto la deducción que se obtiene de sus argumentos en el sentido de que el proceso de “adaptación” y “cambio de paradigma” que debe de realizar el mundo sindical en nuestro país pasa necesariamente por cambios radicales en sus fuentes de financiación.
La crisis, los cambios en las actitudes y posiciones de los profesionales y trabajadores y una nueva legislación laboral obligarán sin duda a las organizaciones sindicales a replantearse muchos de sus comportamientos. Respecto a su rol social es evidente que no comparto la posición de los que piensan que deberían desaparecer, lo que no quita que deberían cambiar.
O se producen estos cambios o el riesgo no es otro que terminar convertidas en unas superestructuras alejadas de la realidad y que, aunque con objetivos probablemente legítimos, sus modos de actuación las conviertan en una rémora más que en actores sociales relevantes y bien interconectados con la realidad social. El riesgo no es otro que se repita la situación que viven actualmente las organizaciones sindicales en Francia, donde, digámoslo claramente, el rol sindical está cada día más claramente limitado en el ámbito laboral a los entornos vinculados a la administración pública.
Tengo previsto escribir sobre la reforma laboral próximamente (a pesar de que no se si aportaré mucho sobre todo lo que ya se ha escrito). Soy plenamente consciente de que lo ocurrido con la nueva regulación laboral choca con la tradición ya que no se ha construido a través del consenso. Habrá que esperar sus resultados porqué es indudable que el mercado de trabajo es un microcosmos demasiado complejo para pensar que con normas más o menos bienintencionadas publicadas en el BOE, se pueden cambiar el estado de las cosas. De todas formar bienvenida la reforma aunque no se haya podido formular por consenso. Llevamos 4 años hablando de reforma y lo que se había hecho hasta este momento probablemente no merecía tal nombre.
Finalmente el ejecutivo se ha decidido por establecer un conjunto de normas que, claramente, es mucho mas dura de la que se hubiese alcanzado si hubiese habido un consenso. Aquí tenemos otro punto en donde muchos líderes sindicales manifiestan su desencuentro con el resultado final alcanzado y que muchos se planteen ¿para qué necesitamos unas estructuras sindicales tan grandes y costosas? si luego resultan incapaces de pactar con el ejecutivo las normas laborales.
Probablemente el consenso, el acuerdo, haya sido finalmente imposible. Esto pone una vez más en evidencia que la crisis ha dejado de ser económica y ahora es institucional, de formato, en definitiva estructural y/o política. Frente a la situación no caben las respuestas (1.0), las tradicionales, las que se fundamentan en lo que ha funcionado en el pasado. Probablemente hubiésemos necesitado un cambio en los paradigmas de funcionamiento sindical para que, a través del consenso y del acuerdo conseguir nuevas respuestas. (2.0).
Pero para alcanzar el consenso es necesario que las partes tengan voluntad de alcanzarlo y no se muy bien si las organizaciones sindicales pueden estar, en estos momentos, por la labor. Lamentablemente creo que nuestras estructuras sindicales están hoy probablemente instaladas en dar respuestas a las situaciones 1.0 y no sé muy bien si están lo suficientemente preparadas para situarse y encontrar nuevas respuestas. Valga como ejemplo la falta de alternativas y estrategias claras y definidas, como es bien sabido y los líderes más abiertos reconocen, sobre temas tan candentes y relevantes como: el impacto de las nuevas tecnologías en el puesto de trabajo etc, los ámbitos de la Responsabilidad Social Corporativa, el rol sindical en las relaciones entre el mundo social y el empresarial, los nuevos comportamientos laborales generados por las redes sociales, los cambios en la dinámica del tiempo de trabajo etc.
Un ejemplo de ello es la propia convocatoria de una huelga general que estoy seguro se va a producir a finales de Marzo. Quizás sería necesario y/o conveniente que las organizaciones sindicales intentasen encontrar otros medios para manifestar su oposición a una normativa que consideran lesiva para los trabajadores. Lo dicho Situación 2.0/Respuestas 1.0.
Crisis económica o crisis de valores.
Analizando la nueva nueva reforma laboral impulsada por el gobierno y a la que me referiré en un próximo comentario con más intensidad, me he encontrado con unas declaraciones de José Maria Aznar, de hace algunos meses, en las que apostaba por la eliminación del subsidio de desempleo. Resulta evidente que una cosa son las declaraciones realizadas desde la “independencia” de alguien que no tiene la responsabilidad de gobernar y otras son las decisiones que toma un gobierno legítimo aunque del mismo perfil político e ideológico. Evidentemente la nueva regulación laboral que tenemos en nuestro país no elimina las prestaciones de desempleo aunque algunos cambios deberían de haberse realizado, aunque fuera en el sentido de vincular todavía más la percepción del subsidio al compromiso de formación, de búsqueda y de trabajos comunitarios. Auguro que algo habrá que hacer en ello y más pronto que tarde.
Lo que verbaliza Aznar es la visión de la sociedad occidental extendida en ciertos sectores conservadores, según la cual nos habríamos malacostumbrado a vivir de un Estado demasiado protector. Así, sus medidas de cobertura social estarían generando ciudadanos indolentes que prefieren “vivir del cuento” antes que buscar trabajo. Y, según esas corrientes de opinión, serían estas personas las que estarían en la génesis de la crisis, en tanto que no harían más que mostrar algunos de los males de una sociedad que se ha acostumbrado a vivir en contextos donde se ha llegado a primar e incentivar: la falta de esfuerzo, la tendencia al hedonismo, el no reconocimiento de la autoridad. Según esta corriente la crisis que estamos viviendo no sería otra cosa que la consecuencia última de una sociedad acostumbrada a las a las satisfacciones inmediatas y a la ausencia de responsabilidad.
El Profesor de la Universidad de La Coruña Ignacio Sánchez Cámara, subrayaba hace algunos meses que vivimos en un contexto en el que “hay un problema profundo, que afecta a la cultura europea y occidental desde hace décadas, y es el de su modelo moral, en el que ahora predominan el relativismo y el hedonismo”. En este análisis coincide con muchos otros entre los que destaca el nuevo Secretario de Estado de Cultura José María Lasalle quién señalaba como un síntoma evidente de ese decaimiento moral el hecho de que la cultura democrática actual “se haga girar exclusivamente sobre la teoría de los derechos”.
De hecho creo que coincido básicamente con las afirmaciones que figuran en el párrafo anterior ya que podríamos denominar a la etapa de gobierno de Zapatero como “la etapa de los derechos” y a la etapa económica que hemos vivido en los últimos años 20 años como “la del todo vale”. Sin embargo en una sociedad equilibrada los ciudadanos, los individuos debemos de vivir también en la perspectiva de nuestras obligaciones. Una sociedad equilibrada necesita también un compromiso en los deberes.
El ejercicio de la responsabilidad exige que cada uno asumamos obligaciones con nosotros mismos, con nuestro entorno más cercano y con la sociedad en su conjunto. Pero lo que resulta válido para los individuos resulta también válido para las organizaciones, las instituciones, la clase política, los cuales también ha hecho dejación de sus responsabilidades. El resultado final de tanta irresponsabilidad, y sigo parafraseando a José María Lasalle, ha sido un entorno en el que “el deber se ha erosionado, el ejercicio de la autoridad se ha vuelto más frágil y en el que se ha debilitado la ejemplaridad” de las conductas de todos pero también de aquellos que bebían de actuar como referente moral.
Lo que me parece de todas formas evidente es que ha sido la reiteración en conductas poco ejemplarizantes por parte de todos las causas que ha devenido en génesis de la situación de crisis en que estamos viviendo. Esta claro por tanto que vivimos una crisis económica que conlleva también la necesidad de modificar los “valores” y/o “paradigmas” sobre las que hemos diseñado nuestro entorno social.
Un contexto en el que es perentoria y urgente la necesidad de modificar los paradigmas que habíamos considerado como “reglas de oro” de nuestra existencia. Nuevos paradigmas y cambios de valores que necesitamos insertar en nuestra existencia si no deseamos seguir en crisis el resto de nuestras vidas y dejar a las generaciones futuras un mundo mucho mejor.
El fin del trabajo.
El pasado viernes nos despertamos con las declaraciones realizadas por el Primer Ministro italiano Mario Monti en las que afirmaba que “los jóvenes se tienen que acostumbrar a la idea de no tener un puesto de trabajo fijo para toda la vida”, a las que posteriormente añadía: “Además, ¡Qué monotonía! Es mucho más bonito cambiar y aceptar nuevos desafíos”.
Aunque la segunda parte de su mensaje puede haber sido considerado improcedente y un tanto frívolo, lo que probablemente pretendía Monti, (que se sintió obligado posteriormente a hacer declaraciones aclaratorias), era expresar lo que muchos pensamos en el sentido de que todos (jóvenes y no tan jóvenes), debemos dejar de soñar con alcanzar un “trabajo de por vida”, y que este sueño esta chocando con la realidad actual y la que podemos visualizar a medio plazo. Todo ello además en un contexto en el que tanto en su país Italia como en el nuestro estamos a la espera de las decisiones gubernamentales sobre la reforma laboral. Es muy probable que este tema fuera uno de los “trending topic” del día en la red.
En este contexto me ha parecido interesante releer algunos capítulos del libro de Jeremy Rifquin titulado “el fin del trabajo”. Escrito en la década de los 90 (la edición española que he ojeado es del año 1996) el libro es muy interesante en la medida en que, hace ya 16 años, el autor anunciaba alguno de los impactos en el empleo que hoy estamos viviendo intensamente. Rifquin afirmaba que en los próximos años (no sé si se refería a los 16 que ya han trascurrido o unos cuantos menos o más) las nuevas y más sofisticadas tecnologías informáticas basadas en la información llevarían a nuestra civilización a situaciones cada vez más próximas a la desaparición del trabajo en la forma que todos hemos conocido desde la revolución industrial. Para Rifquin íbamos a entrar en un nuevo periodo al que denomina “la era de la información”. Esta era, que ya estamos viviendo realmente hoy, “se caracterizaría por el hecho de que la definición de oportunidades y de responsabilidades de millones de personas pertenecientes a una sociedad carente de empleo masivo podría convertirse en el elemento de presión social más importante del próximo siglo”.
Creo que es posible enlazar los comentarios (probablemente poco afortunados de Monti) con las ideas de Rifquin. Estamos iniciando una nueva etapa, que se caracterizará por la desaparición de lo que entendemos por “trabajo” en nuestra actual cultura socio-laboral. Entramos en un nuevo periodo en el que la forma de organización de las tareas y la relación entre empleados, organización del trabajo y empleadores, va a cambiar radicalmente y que supondrá, (lo está suponiendo ya) la desaparición de la mayoría de las tareas que (y sobre todo la forma en que éstas se realizan) que hemos conocido en los últimos 3 siglos.
Estamos viviendo en nuestra propia piel grandes cambios en las relaciones entre empresa-empleado. Cambios de carácter formal pero también psicológico. Simplificando, si hasta la última década del siglo XX, la relación de trabajo se basaba en el supuesto de que la organización cuidaba y era responsable de sus empleados, a los que intentaba garantizar continuidad en el empleo, hoy esta responsabilidad es inasumible. Las nuevas dinámicas organizacionales impuestas por la revolución tecnológica, la globalización, los nuevos paradigmas y la situación de cambio que supone la crisis que estamos viviendo plantean cambios sustanciales a conceptos como: tiempo de trabajo, permanencia y continuidad, compromiso, desarrollo, carrera profesional, etc.
Hoy la responsabilidad de sobre la trayectoria profesional se ha traspasado ya de las organizaciones en las que los profesionales “trabajan” (de forma exclusiva y permanente) a los propios individuos. Cada vez un número mayor de personas vamos a vivir entornos profesionales distintos a los del “trabajo” como tal en el concepto tradicional conocido por las anteriores generaciones. Entramos por tanto en una situación de intercambio donde el individuo es corresponsable de la competitividad de la compañía para la que presta servicios de formas muy diversas y complejas y gestor de su propia empleabilidad.
Todo ello supone evidente un cambio de paradigma. Rifkin nos propone en su libro la necesidad de necesidad de encontrar nuevas alternativas al concepto tradicional de trabajo a través de nuevas formas de generación de ingresos. “Ahora que progresivamente el valor del producto hecho por el hombre tiende a ser más insignificante e irrelevante, se deberán explorar nuevas formas de definir el valor de la persona y de las relaciones humanas”. Si no somos capaces de definir estos nuevos “valores” tenemos el riesgo de dirigirnos a un mundo polarizado en 3 ámbitos. De una parte una élite formada y capacitada que controlará y gestionará la economía, una conjunto de profesionales que tendrán la suerte de pertenecer, aunque siempre de forma temporal, al grupo de privilegiados que se dedicarán a poner en marcha los procesos e instrucciones emanadas de la élite y por último una masa de individuos, puros ejecutores, con pocas expectativas de futuro, y aún menos esperanzas de conseguir una trabajo aceptable en un mundo cada vez más automatizado.
No se si, como ya he indicado, han pasado suficientes años para que las previsiones de Rifkin se cumplan, pero me atrevo a afirmar, que más allá de la crisis puntual en la que actualmente estamos, las tendencias que apuntaba se están consolidando y entre ellas los mecanismos de dualidad del mercado de trabajo entre: trabajos temporales y permanentes, empleos de calidad y subsidiarios, tipologías de trabajadores etc. No estoy convencido de que no tengamos más alternativas que las que hoy nos propone Monti, aunque si que estoy seguro que, si no buscamos nuevos paradigmas este es el mundo que nos tocará vivir el resto de nuestras vidas y el que vamos a transmitir a las nuevas generaciones.
Lo que hacer tras un despido
Me acaban de despedir. Tengo que empezar mi acción de búsqueda. ¿Qué debo hacer? ¿Qué elementos debo de tomar en consideración?
-No se culpe por las razones que lo motivaron. No piense en lo que hizo, o dejo de hacer y cómo su actitud o comportamiento ha influido en la situación. Esta es irreversible por lo que dirija toda su energía hacia el futuro.
-Dirija su ira y fustración por haber perdido su empleo hacia una motivación para encontrar uno nuevo.
-Reconozca su preocupación pero tampoco es necesario que se desmorone. Hable francamente de la situación con su entorno. El hecho de expresar francamente la situación le ayudará a superar el duelo. Haga saber a sus hijos su situación de forma objetiva. No se esconda.
-Haga un autodiagnóstico de su perfil profesional, evalue sus puntos fuertes y débiles y defina cual es su objetivo profesional.
-Desarrolle un plan concreto para posicionarse en el mercado de trabajo. Ojo con los “consejos” o “palmaditas en la espalda” que le darán sus amigos y conocidos. Cuestionelos si no son “profesionales” de la selección, del Outplacement, o de los Recursos Humanos.
-Ponga en marcha este plan. Haga saber a su entorno sus objetivos profesionales. Contacte con sus competidores ya que éstas son lasw personas que probablemente tienen mayor información sobre el mercado al que usted se dirige.
-Contruya un curriculum adecuado y coherente con su objetivo profesional. Después aprenda a usarlo adecuadamente.
-Intente mantener su estructura vital anterior tanto como sea posible. Continue con sus actividades personales y de ocio. Manténgase activo. Busque nuevas actividades que antes no podia desarrollar.
-Encuentre formas positivas de descargar sus sentimientos negativos.
-Asuma un trabajo a tiempo parcial o de asesor no remunerado. Ello le ayudará a mantener cargadas las neuronas y a manejar su autoestima.
-Autoconvenzase de que su periodo de búsqueda va a durar un mínimo de 6/9 meses. Esto le evitará las tensiones sí se da cuenta de que sus primeras acciones no tienen resultado.
El éxito de un proceso de búsqueda consiste hoy en plantearse otras alternativas distintas a las que ha seguido a lo largo de su carrera. Muchos profesionales y directivos fracasan en su búsqueda porque intentan encontrar aquello que perdieron, sin darse cuenta de que probablemente ya no existe.
Los Reyes Magos existen. Los Reyes Magos son de verdad.
Hoy día 6 de Enero voy a publicar esta entrada con el texto que acaba de enviar Soymimarca en su newsletter de hoy. Desconozco quién es el autor, (de hecho mis colegas de Soymimarca tampoco lo citan), a pesar de lo que me parece un mensaje excelente para cerrar estos días de Navidad e inicio del nuevo año y para poner unas dosis de esperanza y de optimismo que nos ayuden a enfrentarnos con mejores ingredientes a lo que nos viene encima en este año que todo el mundo situa como de grandes dificultades.
Por cierto me ha parecido excelente el video insertado por Alfonso Alcantara en su blog en una entrada titulada “los reyes magos no tienen psicología”. Aquí lo teneis:
Sigo con el texto publicado por soymimarca “Hoy es un día mágico en muchos países de raíces católicas, así que nos parece oportuno adjuntar este relato conmovedor que explica la historia de un padre afrontando la pregunta de su hija: ¿Existen los reyes magos?. La solución que brinda el padre roza la genialidad, y sin ninguna duda habla muy bien de la marca personal de este hombre. Os dejo con la historia. Y recordad, no la contéis hasta que os hagan “la pregunta”. Este post lo publicamos hace un año, pero dado su éxito de audiencia nos parece oportuno re-publicarlo”
Los Reyes Magos son verdad
Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papa? – Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero… que me digas la verdad
- Claro hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
- Es que… -titubeó Cristina – Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen
-respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
- Entonces no lo entiendo, papá.
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
-Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes.
- Melchor, dijo: ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito. Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios. Sí, claro, eso es fundamental – asistieron los tres Reyes. Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?.
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres? Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado. Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
-No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero. Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
Reforma de la UE. Románticos o Depredadores.
Como de romántico o depredador podemos analizar y/o calificar el comportamiento de los ciudadanos y el conjunto de las instituciones sociales y económicas ante la actual situación de crisis.
Tengo en mis manos el dominical del periódico EL PAIS del pasado domingo 27 de Noviembre. En el releo dos artículos que me parecen excelentes. El primero es el de Paul Krugman titulado “románticos, crueles y aburridos” y el segundo de Antón Costas en el que reflexiona sobre los que denomina depredadores de la actual situación económica porque actúan como éstos ante una manada a la que desean atacar. Los depredadores, como todos sabemos, dirigen sus esfuerzos a atacar directamente a los miembros más débiles confiando que la manada no se revolverá para defender a uno de sus miembros.
Ambos artículos son excelentes y ayudan a clarificar la situación en la que vivimos. Por otra parte aunque escritos hace algunos días toman su sentido después de las decisiones de cambio o “refundación” (ya veremos) que han tomado los líderes de la UE en estos últimos días. Podríamos decir que la actitud inglesa (probablemente legítima y defendible) de no aceptar el nuevo tratado tiene mucho que ver con la actitud de un depredador. Faltaría saber que opinaríamos todos los españoles si nos encontráramos en la situación del Reino Unido. Dejémonos de romanticismo, las decisiones económicas no se toman, normalmente, por romanticismo.
En el primero de los articulos se plantea una hipótesis en la que estoy totalmente de acuerdo. La marcha de Europa hasta una moneda común fue una decisión romántica y bien intencionada que precisaba o presuponía unas virtudes en el comportamiento colectivo y la existencia de un determinado liderazgo. Ninguna de las dos cosas se ha cumplido como estamos lamentablemente constatando. Respecto a los comportamientos está claro que estos podían haber sido manifiestamente mejorables y que tampoco hemos “gozado” del liderazgo requerido. Para que consigamos funcionar necesitamos homologar las políticas económicas, fiscales y laborales, definir un liderazgo, y crear herramientas y normas que permitan imponer sanciones y castigos a los que no cumplan la normativa ni sean virtuosos.
Algo parece haberse avanzado en este ámbito con los últimos acuerdos. Veremos en la letra pequeña del acuerdo. No sería la primera vez que se toman acuerdos “por romanticismo” o voluntaristas que finalmente se convierten en papel mojado.
Cada vez estoy más convencido de que la única solución pasa por un modelo más integrado, más intervencionista y por trasvasar capacidad política a los órganos europeos (que en todo caso precisarían algún tipo de reforma y de reestructuración que eviten duplicidades y reduzca las ineficiencias) unido a medidas incentivadoras que resuelvan los graves problemas que sufrimos y en particular el gran problema del desempleo.
Sin embargo no podemos olvidarnos de que los depredadores siguen ahí “analizando la manada” (en la excelente visión planteada por Antón Costas) esperando al momento de atacar a los más débiles sí estos no son apoyados o soportados por los líderes y/o más fuertes. Y no nos olvidemos que todos somos también depredadores cuando intervenimos económicamente defiendo nuestros intereses particulares.







