¿En que trabajaremos cuando ya no haya trabajo?

Una pregunta recurrente que hoy muchos nos formulamos aunque limitados por la perspectiva de entender el concepto de “trabajo” en los términos hoy conocidos.

A veces recordamos cuál era nuestro sueño profesional en nuestra adolescencia. Probablemente muchos de nosotros soñabamos con desarrollar actividades profesionales futuras a través de actividades (trabajo) como como profesor, médido, bombero o astronauta.

Luego la vida, nuestras capacidades y talentos, las circunstancias, nos llevaron hacia….. y lo cierto es que muchos de nosotros hemos dedicado nuestras vidas profesionales a actividades que seguramente no entraban en nuestros escenarios vitales de futuro en nuestra juventud. Sin embargo habia un camino, una perspectiva, un futuro y un entorno social favorable a nuestro desarrollo profesional.

El trabajo en forma de empleo, ha formado parte de la cultura humana desde el inicio de la revolución industrial, aunque no estemos seguros si lo será siendo en los próximos años. Parece razonable pensar que como consecuencia de la digitalización y la inteligencia artificial muchas de las actividades, hoy desarrolladas por humanos, sean llevadas a cabo, incluso de una forma más eficiente por máquinas. Y ello en un plazo muy, muy corto. Y no sabemos cuáles seran los empleos (trabajo) del futuro y mucho menos si lo habrá para todos.


Podemos encontrar decenas y decenas de análisis que advierten del impacto de la digitalización en el empleo. Y mucho de ellos, predicen que el proceso, de no tomar medidas drásticas, ocasionará la pérdida de un gran volumen de empleos y un incremento tremendo de la desigualdad social.


La perdida de empleos supondrá (por los menos en el corto plazo) que exista un colectivo social que tendrá problemas para subsistir mientras que un porcentaje cada vez más pequeño de la población acumulará cada vez más riqueza y poder. Un proceso que podemos aprovechar para generar un mayor nivel de desigualdad social (y consecuentemente de conflicto) o para redifinir completamente el concepto y significado de la actividad que denominamos trabajo y, al hacerlo, establecer nuevos criterios para la vida humana. Uno de los informes más interesantes en esta materia lo podéis encontrar en https://es.weforum.org/agenda/2019/01/esta-es-nuestra-oportunidad-de-redefinir-completamente-el-significado-del-trabajo/

El periodista e historiador holandés Rutger Bergman define el trabajo como “hacer algo que agrega valor a la sociedad”. Sin duda muchas de las actividades humanas se centran  exactamente en ello pero al mismo tiempo hemos de reconocer que en muchos casos la utilidad social de muchos de los empleos hoy ya presentes en nuestro entorno es claramente cuestionable. Es lo que el propio Bregman señala cuando se refiere a los llamados “bullshit jobs” (trabajos ‘absurdos’, ‘mentira’ o ‘inútiles’). Unas reflexiones que formula en el libro “Utopía para realistas” del que podéis encontrar una referencia en https://www.amazon.es/Utop%C3%ADa-realistas-Ensayo-Rutger-Bregman/dp/849838799X

Distingue entre el trabajo socialmente relevante que hoy se desarrolla en el sector financiero de otras muchas ocupaciones y actividades, dentro de este mismo sector  y cuya utilidad social evidentemente discute y las actividades (trabajo) que hoy se desarrollan dentro del concepto de voluntariado. “Piense en todo el trabajo que hacen los voluntarios. No perciben (ingresos) y no pagan impuestos, pero obviamente sería un desastre si hicieran una huelga”, (además de la gran) cantidad de trabajo no remunerado y valioso que se realiza todos los días: el cuidado de los niños, la atención de los ancianos, lavar los platos; sin este trabajo, la sociedad tal como la conocemos se vendría abajo”.


La redefinición del concepto de trabajo se inicia en el momento del reconocimiento de la existencia de empleos socialmente inútiles, que no sabemos si debemos mantener o simplemente “eliminar”. Un proceso que no hará más que consolidarse y profundizarse en los próximos años.


Mientras tanto es perfectamente constatable que las personas preferimos desarrollar actividades (trabajo) y ocupar entornos laborales (empleos) socialmente útiles y que sufrimos cuando considera que ellos son inútiles o que no aportan ningún valor aunque, a menudo, la capacidad de autoengaño pueda llegar a ser muy elevada. Todo ello nos llevará a que nos planteemos o bien el reparto del “trabajo” existente mediante sistemas de reducción de horarios, creación o mantenimiento de trabajos inútiles u otros sistemas similares o que paliaremos con la la introducción de la denomina renta básica o mínima universal (RBU o RMU), como única forma de mitigar el impacto de la cuarta revolución industrial en los volumenes de empleo disponible.

Bregman considera que deberemos establecer miles de trabajos cuya utilidad sea claramente discutible. Y se basa en el hecho de que las evidencias históricas respecto a revoluciones pasadas muestran que a largo plazo se han generado nuevas actividades que han venido a sustituir las desarrolladas con anterioridad al proceso. Lo que le lleva a afirmar que “la automatización a lo largo de la historia nunca ha significado un desempleo masivo. No debemos subestimar el poder del capitalismo para inventar más empleos socialmente inútiles. En teoría, es posible que todos estemos fingiendo que trabajamos”.

Otra constatación real del cambio en los formatos de trabajo y de empleo procede de la presencia de entornos laborales que más parecen del siglo XIX que del siglo XXI como acertadamente destaca Daniel Innerarity en el articulo publicado en La Vanguardia el pasado dia 2 y accesible en https://www.lavanguardia.com/opinion/20191102/471316506901/el-final-del-trabajo.html?utm_term=botones_sociales_app&utm_source=social-otros&utm_medium=social

Y la pregunta es ¿En qué trabajaremos cuando no haya trabajo?.

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