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Empleabilidad, Cambios Culturales y Reforma Laboral

4 comentarios
Empleabilidad, Cambios Culturales y Reforma Laboral

Las cifras de desempleo señaladas por la EPA después del verano y sobre todo las nulas esperanzas de mejora en las perspectivas a corto plazo resultan francamente alarmantes. No soy el primero ni el único de los que seguimos extrañados con el hecho de que con la situación que estamos viviendo (a pesar de la influencia real de la cada vez más importante cuota de economía sumergida) no se hayan producido ya estallidos sociales realmente graves.

Resulta perfectamente constatable que el alto volumen de desempleo de nuestro país (y el hecho de que seamos los primeros en el ranking de destrucción de empleo en la UE) se debe a la suma de diferentes factores: de una parte factores estructurales como la pérdida de peso del sector de la construcción, de otra al descenso del consumo y la tercera –la que nos diferencia del resto de países de nuestro entorno-, la que nos hace ocupar esta posición de liderazgo es la tipología y estructura de nuestro mercado de trabajo.

 Sin embargo, de acuerdo con lo comentado y señalado entre otros por Alfredo Pastor, la reforma laboral necesaria de la que habla Joaquín Trigo (y me refiero a la que queda por hacer, no la que hemos hecho hasta este momento) “tendrá un alcance muy limitado porque se fundamenta en la creencia, probablemente ingenua, de que la desaparición y reducción de procesos administrativos y burocráticos liberarán unas fuerzas del mercado, reprimidas hasta este momento, que por sí mismas resolverán todos los problemas”.

Lamentablemente no creo que sólo con un mercado laboral más flexible y eficiente y con unas relaciones laborales en la empresa menos encorsetadas por normas y regulaciones, muchas veces tendentes solamente a potenciar una dualidad perversa en el status contractual, podamos realmente resolver nuestro problema de empleo. Tenemos claramente un problema de empleabilidad y éste, lamentablemente sólo se resolverá a largo plazo y como consecuencia de un cambio cultural.

Siguiendo a los comentarios publicados por Rafael Pampillon recientemente en EL PAIS. “en los libros de economía se enseña que los objetivos de toda política económica son cuatro: crecimiento económico, pleno empleo de la mano de obra, estabilidad de precios y equilibrio exterior” Estoy plenamente de acuerdo con él en el sentido de que no parece ser que seamos capaces de cumplir ninguno de los fundamentos descritos. Es evidente que no vamos a tener un crecimiento económico en 2011 o que éste, si se produce, sea mínimamente perfectible, no vamos a ser capaces de crear un volumen de empleo que permita reducir significativamente el número de desempleados hasta el segundo semestre del 2013 como muy pronto. Igualmente parece bastante complicado que no vayamos a tener una  tendencia claramente inflacionista en los precios al consumo (de hecho ya la estamos constatando en los últimos meses), y no parece que seamos capaces de establecer líneas de equilibrio en nuestras cuentas con el exterior.

Soy de los que me inclino por la idea de que las reformas hay que hacerlas en el momento en que ellas son constatables y necesarias y por tanto creo que el hecho de que seamos los primeros en el ranking de destrucción de empleo de las economías de la UE, a alguna reflexión nos debería de llevar. No tiene, en estos momentos, ningún sentido seguir pensando que hemos perdido una excelente oportunidad (en los años anteriores de bonanza) para enfocar reformas que hoy hubiesen reducido el volumen de pérdidas de empleo que hemos vivido y que favorecerían la contratación en el momento en que se inicie el cambio de ciclo. Es indudable que el espíritu mental del concepto, al que estamos tan lamentablemente abocados, que se resume en la frase tan nuestra de “vuelva Vd. mañana” o  en su versión “mañana será otro día” no resulta la mejor receta para el enfoque de la situación del mercado de trabajo.

 Ah…..y cuando hablo de reforma, no me refiero simplemente que también al debate sobre las fórmulas técnicas y jurídicas que deberían dotar de mayores niveles reales de flexibilidad a nuestro mercado de trabajo. Me refiero a reformas de calado que consigan modificar nuestra “cultura social” lamentablemente integrada en nuestro ADN que no potencia ni el esfuerzo ni prima el talento y que permite, por ejemplo, a un reconocido diputado socialista referirse a las prestaciones por desempleo como “un derecho” al que todos tenemos la opción de acceder.

Es evidente que, al margen de algunas reformas que son estrictamente necesarias para afrontar los retos que nos depara el futuro, debemos también hacer cambios sustanciales sobre nuestra “cultura social sobre el trabajo” si de verdad queremos enfrentarnos con éxito a los retos que nos depara el próximo futuro. Cambios culturales que pasan necesariamente por desarrollar el concepto de empleabilidad.

Cuando la confianza en el futuro se ha convertido en un bien escaso, cuando muchos de nosotros huimos de inculcar a nuestros jóvenes el valor del esfuerzo es bueno recordar de nuevo el mensaje de Albert Eisntein. “Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia”.

Y prosigo parafraseando a este genio “El problema de las personas y de los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos todo es rutina. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Ante la crisis la única receta es el trabajo duro. Acabemos con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla”.

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  1. Hola Pau,

    Permiteme decirte un “chapeau” porque en este post te has lucido, y también ¡que frases tan bien escogidas! para “poner la guinda”, esta vez has sido excelente.
    Esta claro que la reforma laboral no va a ser “la gran solución” al problema del empleo, nunca hay una “gran solución”, el problema es lo suficientemebte grave y consolidado como para que se necesite atajarlo desde diferentes frentes. Yo soy de la opinión que el cambio de Gobierno que practicamente es seguro que va a ocurrir, y no entro en discusiones de ideologías políticas, hablo sólo del cambio, va a proporcionar sabia nueva en nuestros dirigentes que va a ser muy positiva en este asunto, también en otros, pero el problema del desempleo es acuciante y va a ponerse sobre la mesa de inmediato; pienso que de la renovación, de las nuevas mentes, surgirán nuevas ideas, nuevas alternativas, pienso que puede haber nuevas proyectos que dialogar con sindicatos y patronales…, pero bueno, reconozco que yo soy muy optimista.
    Otra punto muy interesante del que hablas es el referente a las prestanciones de desempleo, para mí debería haber un seguimiento más estricto del desempleado para saber si este está realmente haciendo busqueda activa de empleo o está “agustito”, pienso que si alguien ni se presenta a cursos, ni a pruebas de seleccion, ni da infomación de lo que hace…, ¿no merece al menos una sanción?, pero esto es mi opinión.
    Ay Pau, y es que metes el dedo de lleno en la llaga, hablas de”reformas de calado que consigan modificar nuestra cultura social”, y esto es lo más complicado, no imposible, pero es lo que más va a costar, pero para eso estamos los que tenemos la mente abierta, los que sí queremos cambios, los que si queremos reformar la dura piedra de lo establecido durante años…, esta es nuestra oportunidad ¡Momentos difíciles, oportunidades inigualables!

  2. Pau Hortal dice:

    Gracias por tu comentario y por el seguimiento que creo que haces de mi blog.

  3. José Vera dice:

    Hola Pau,
    Como verás, te sigo muy de cerca. Estoy totalmente de acuerdo con lo que escribes (como no podía ser de otro modo). La verdadera reforma tiene que partir de todos y cada uno de nosotros, como individuos, para que se pueda integrar en niveles superiores (familia, municipio, autonomía, estado.
    La falta de empleabilidad la he sufrido en todos mis años pasados en la responsabilidad sobre la función de RR.HH. (hoy eufemísticamente llamada “talento”); sin darnos cuenta de que uno de los enunciados de la “Ley de Murphy” dice que la cantidad de talento (inteligencia), es constante en el Universo… la población crece indefinidamente. :-)
    Bromas aparte. En el entorno económico, también a nivel individual, deberíamos hacer nuestro deberes particulares para que, en la ya mencionada integración, obtuviéramos resultados más globales.
    En lo laboral tú sabes mejor que yo que, lo que se ha hecho hasta ahora, como reforma, no ha sido más que un maquillaje que casi no ha modificado el Estuto de los Trabajadors, ni la Ley del Contrato de Trabajo. Las reglas de juego, cuanto más sancillas mejor. ¡No como las de es endiablado juego inglés, llamado “Criquet”.
    Haciendo una integración, de lo simple a lo complejo, en estos dos ámbitos primordiales (formación y economía), puede que seamos capaces de salir del pozo en el que estamos sumidos.
    Saludos.
    José Vera.

  4. Excelente artículo con el que estoy de acuerdo en casi todo.

    Hay, no obstante, una frase que me ha llamado la atención
    “…la que nos hace ocupar esta posición de liderazgo es la tipología y estructura de nuestro mercado de trabajo.”

    Quisiera no discutirla, pero si relativizarla.

    En general, nuestros profesionales ni trabajan menos, ni son menos innovadores, ni cobran mayores salarios que en otros paises europeos de mayor competitividad que sí son capaces de esquivar los vientos de la crisis (ej. Alemania). Tal vez por ello muchos jóvenes licenciados logran mejores salarios, condiciones y respeto en otros paises y a pesar de ello, las empresas en que trabajan son más competitivas.

    Luego la falta de competitividad hay que buscarla en otro sitio y no sólo en las políticas de empleo, que también.

    La solución a nuestra pérdida de competitividad tampoco la encontraremos en la reducción de costes que el “pensamiento lineal” de los mismos dirigentes que nos han conducido a la crisis proponen,y son una de las causas de desempleo, solo los costes de la no-calidad son eliminables y deben eliminarse. Lo demás es matar el futuro, aunque a corto plazo pueda aliviar.

    Una de las causas del desempleo es la búsqueda de este alivio, sacrificando eficiencia por una temporal reducción de coste.

    Durante los últimos años, antes de la crisis, ha primado la cultura del beneficio rápido, de la reducción de cualquier “coste”, del enriquecimiento personal, de escalar a cualquier precio altas posiciones corporativas, no exentas por otra parte de nominaciones a dedo. La cultura del pelotazo.

    Obtener dividentos rápidos sin mejorar las propias empresas, sin crear cultura de empresa, ha ocasionado el desperdicio del talento, de la mano de obra, de materiales y recursos. En definitiva, el incremento de los costes de la ineficiencia con pérdida de nuestra competitividad.

    Como ocurre con tantas cosas, para mejorar la empleabilidad, hay que mirar a otro sitio, no sea que cuando nos demos cuenta el país esté vacío de jóvenes prometedores y otros se beneficien de su verdadera empleabilidad.

    La historia se repite.
    Un abrazo

    Jordi

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