¿Dónde vamos a trabajar?

Todos hablamos (y yo el primero) sobre transformación digital. Pero pocos somos conscientes, todavía, de los efectos que este proceso generará sobre el empleo.

De ahí la pregunta que titula este post. Dado que, tan sólo estamos en los inicios de un proceso que cambiará radicalmente nuestras vidas, nuestra estructura social y que ya está produciendo modificaciones relevantes en las organizaciones de las que formamos parte.


Estamos en el preámbulo de la cuarta revolución industrial, con todo lo que implicará a nivel personal, profesional y sociológico.


No estamos hablando únicamente de tecnología, sino de cómo vamos vivir en un mundo más conectado, más global y donde las únicas barreras serán las de carácter cultural y las derivadas de las políticas proteccionistas y regulatorias que quieran poner en marcha los Gobiernos. Un proceso al que me he referido de forma reiterada en mi blog. Por ejemplo en http://pauhortal.net/blog/la-4a-industrial/ y http://pauhortal.net/blog/tecnologia-y-empleo-donde-vamos/

Vamos a asistir a la destrucción de muchos empleos aunque también se crearán de nuevos. Algunos predicen que la transformación digital creará más de 1M de empleos en España en los próximos 5 años. Empleos que se desarrollarán en actividades hoy inexistentes y para los que muchos de los “trabajadores” no están suficiente preparados. Un ejemplo: ¿Alguien pensaba en 2007 (hace tan sólo 10 años) que la formación en matemáticas iba a tener muchas salidas profesionales? Hoy como consecuencia de la demanda de gestores de datos vinculados a la implantación del bigdata es uno de los perfiles académicos más demandados.

Estamos asistiendo a una situación dicotómica. Por una parte muchas organizaciones tienen graves problemas para encontrar el talento que necesitan para ocupar nuevas posiciones profesionales, y, paralelamente, otros muchas simplemente desaparecen como consecuencia de los procesos de robotización. Y mientras tanto y al margen de situaciones coyunturales, seguimos manteniendo niveles de desempleo del 18% con carácter global y del 40% en desempleo juvenil.

Hemos de ser conscientes que la inteligencia artificial sustituirá muchos de los empleos que hoy ocupan a grandes volúmenes de la población activa. Uno de los estudios más citados para apoyar esta teoría (realizado por la Universidad de Oxford) sostiene que más del 40% de los empleos actuales están bajo  “alto riesgo de automatización” durante los próximos 20 años. En el mismo sentido la consultora Forrester formula la predicción de que en los próximos 10 años, sólo en EEUU, se perderán 10M de empleos por este proceso.

Debemos de tomar consciencia de la gravedad de esta situación, de los cambios que nos va a suponer, de que difícilmente podremos seguir hablando de “pleno empleo”, de que vamos a tener que implantar –más pronto que tarde- la llamada “renta mínima universal” y que la posibilidad de implantar la jornada de trabajo de 20 horas semanales es una opción que se están formulando muchos especialistas.


Ocurra o no lo que anticipo en la párrafo anterior las previsiones de las que disponemos (por otra parte razonadas y razonables) cambiarán radicalmente nuestras formas de vida y de relacionarnos con los demás.


Una situación que demanda de nuestro Gobierno y de nuestros líderes la visión, la estrategia y la capacidad de ejecución para no quedarnos atrás. Una situación que exigirá la capacidad para implantar nuevas medidas, de desarrollar la imaginación, de tener la capacidad y la voluntad para probar y para cambiar lo que no funcione. Una situación que en todo caso exige nuevas respuestas y grandes cambios en los procesos de gestión y que exigirá la puesta en marcha de nuevas estrategias tanto en materia educativa como de empleo.

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